«Frutillas del Viento»: el proyecto productivo que se expande en Chubut.
La producción de alimentos en ambientes extremos continúa ganando terreno en la Patagonia argentina. Durante el último ciclo, el innovador proyecto «Frutillas del Viento» logró un crecimiento significativo al incorporar nuevas unidades productivas en el sur de la provincia de Chubut. Esta iniciativa, que desafía las bajas temperaturas y los vientos característicos de la región, busca no solo abastecer el mercado interno con productos frescos, sino también fortalecer el arraigo de las familias rurales mediante alternativas económicas sustentables.
Expansión en Alto Río Senguer y Río Mayo
El fortalecimiento de esta red productiva se hizo evidente con la suma de tres nuevos emprendimientos estratégicos: dos de ellos radicados en la localidad de Alto Río Senguer y uno en Río Mayo. Según Radio 3, este avance es el resultado de un trabajo articulado que permite adaptar tecnologías de cultivo a zonas donde el clima frío suele ser una barrera para la agricultura tradicional. La llegada de estas inversiones locales marca el inicio de una temporada de cosecha con altas expectativas para los productores que apuestan por la diversificación.
El rol técnico del INTA en la consolidación del proyecto
El acompañamiento del Estado, a través de la agencia de extensión rural del INTA en Río Mayo, ha sido el pilar fundamental para el éxito de la propuesta. Bajo la supervisión técnica de Teresa López Burgos, los productores reciben asistencia en el seguimiento de sistemas productivos y en la adaptación de herramientas tecnológicas específicas para climas patagónicos. El objetivo es claro: transformar la demanda de productos frescos locales en una oportunidad de negocio viable, reduciendo la dependencia de envíos provenientes de otras regiones del país.
Desarrollo local y valor agregado en el territorio
La consolidación de «Frutillas del Viento» no solo implica la venta de fruta fresca, sino que promueve el desarrollo de una red de intercambio de experiencias entre los actores del sector. Este modelo de trabajo en red potencia el valor agregado en origen y fomenta nuevas dinámicas comerciales en el territorio. Con cada nueva hectárea cultivada, la iniciativa reafirma que, con el apoyo técnico adecuado, la estepa y los valles del sur chubutense pueden ser suelos fértiles para la fruticultura de alta calidad.




