CHOLILA – Entre el humo denso y el silencio desolador que dejan los incendios forestales, una mirada felina devolvió la esperanza a los brigadistas.
En un contexto de destrucción, el rescate de un gato por parte de la bombero voluntaria Ailén Phillips se convirtió en el símbolo de la lucha por la vida animal en las zonas más castigadas de la región.
Milagro a 750 metros de altura
El incendio, que se desató inicialmente en el Parque Nacional Los Alerces y se extendió con ferocidad hacia Villa Lago Rivadavia, encontró un punto crítico en el Cerro La Momia. Allí, a unos 750 metros de altura, las llamas alcanzaron la propiedad de la familia de Fernando Rosales, destruyendo gran parte de lo que encontraban a su paso.
Fue en ese escenario de cenizas calientes y estructuras debilitadas donde Ailén Phillips, integrante de los Bomberos Voluntarios de Cholila, divisó al gatito. Con el pelaje tiznado y el miedo lógico de quien ha escapado del infierno, el gato fue puesto a salvo en los brazos de la joven, quien no dudó en protegerlo contra su uniforme de servicio.
Un respiro ante la emergencia
El avance del fuego sobre el Cerro La Momia ha sido uno de los desafíos más grandes para los combatientes locales. La labor de Ailén no solo destaca por el profesionalismo técnico, sino por la sensibilidad humana en medio de una emergencia que ha puesto en vilo a toda la comunidad de Cholila.
»A veces, salvar una pequeña vida es lo que nos mantiene en pie cuando el bosque se nos va», expresaron compañeros de la dotación ante el emotivo hallazgo.
Situación actual en la zona
Mientras los equipos de emergencia continúan trabajando en el control de focos y guardias de ceniza, la familia Rosales recibió la noticia del rescate como un pequeño milagro entre tanta pérdida material. La imagen de Phillips y el felino ya circula entre los vecinos de la Villa Lago Rivadavia como un recordatorio de la entrega de los voluntarios que arriesgan todo en cada temporada de incendios.




