El presidente del Consejo Europeo, António Costa, convocó una reunión extraordinaria de líderes de la UE para responder ante las amenazas de Donald Trump de imponer aranceles a ocho aliados de la OTAN si no logra la «compra completa» de Groenlandia.
La crisis por Groenlandia escaló a un nivel sin precedentes en las relaciones transatlánticas. Ante la amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles del 10% desde el 1 de febrero a los bienes de ocho países europeos, y elevarlos al 25% en junio, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, anunció este domingo la convocatoria a una cumbre extraordinaria de líderes de la Unión Europea.
Según Deutsche Welle, destaca que la reunión busca coordinar una respuesta unificada frente a lo que la UE considera un acto de «coerción» incompatible con los acuerdos comerciales vigentes.
Una respuesta europea unificada frente a la «coerción»
En un comunicado publicado en sus redes sociales, António Costa fue claro al señalar que las consultas con los Estados miembros «dejaron claro que los aranceles socavarían las relaciones transatlánticas». Sin embargo, el dirigente portugués también afirmó que «la UE está preparada para defenderse frente a cualquier forma de coerción», marcando una línea firme frente a las presiones de Washington.
La postura europea busca un equilibrio delicado: por un lado, defender su soberanía y los principios del comercio internacional; por el otro, mantener abierta la puerta al diálogo. Costa subrayó que el bloque desea «seguir trabajando de manera constructiva con Washington», reconociendo que existe un «interés transatlántico común en la paz y la seguridad en el Ártico». La cumbre tendrá lugar en los próximos días y contará con la participación de todos los jefes de Estado y de gobierno de la UE.
La OTAN, en el centro de una crisis geopolítica inédita
La tensión no solo afecta a la esfera comercial, sino que se introduce en el corazón de la alianza militar occidental. Los ocho países amenazados con aranceles —Alemania, Francia, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Reino Unido y Noruega— son todos miembros de la OTAN. Este hecho convierte la disputa por Groenlandia en una crisis geopolítica de primer orden, que pone a prueba la cohesión de la alianza atlántica.
En un movimiento paralelo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se reunirá este lunes con ministros de Groenlandia y Dinamarca para abordar la disputa. La situación es paradójica: aliados militares estratégicos se encuentran al borde de una guerra comercial desatada por las ambiciones territoriales de un presidente estadounidense sobre un territorio autónomo danés que ha rechazado reiteradamente cualquier posibilidad de venta.
La convocatoria urgente de la UE marca un punto de inflexión. Demuestra que Europa no está dispuesta a ceder ante las tácticas de presión comercial, incluso cuando provienen de su aliado más poderoso. La cumbre definirá si el bloque responde con contramedidas arancelarias simétricas, busca una salida diplomática o una combinación de ambas. Lo que está en juego va más allá de Groenlandia; es la propia arquitectura de las relaciones entre Europa y Estados Unidos la que se encuentra bajo una tensión extrema, con la OTAN como testigo incómodo de una fractura que nadie había previsto.




