La captura de Nicolás Maduro no dio paso a una transición liderada por la oposición democrática, sino que instaló un modelo inédito: el chavismo, sin su líder máximo, gobierna Venezuela bajo un control remoto ejercido desde Washington.
Esta peculiar convivencia, que satisface a ambas partes, está configurando una realidad política híbrida y desconcertante. Según Noticias Argentinas.
Tras la espectacular operación militar que derivó en la captura y traslado de Maduro a Estados Unidos para ser juzgado, la administración del presidente Donald Trump optó por una salida pragmática. En lugar de entregar el poder a la oposición encabezada por la Nobel de la Paz María Corina Machado y el candidato presidencial Edmundo González Urrutia, Washington decidió trabajar con la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien juró como presidenta encargada del país.
Este acuerdo tácito es funcional para los intereses de ambos actores. Para Estados Unidos, representa el control efectivo sobre la política petrolera venezolana –un recurso estratégico– y la posibilidad de gestionar una transición sin una costosa y arriesgada ocupación militar directa. Para la cúpula chavista, liderada ahora por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, significa mantenerse en el poder y evitar el juicio y la prisión que sufrió Maduro, a cambio de acatar las directrices estadounidenses en áreas clave.
La oposición democrática, relegada y dividida frente al nuevo escenario
La Plataforma Unitaria Democrática, que denuncia haber ganado las elecciones de julio de 2024, se encuentra en una posición compleja. Su liderazgo natural, encarnado por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, ha sido abiertamente descartado por Trump, quien ha cuestionado la capacidad de Machado para gobernar. Aunque Machado mantuvo una reunión en Washington con el mandatario estadounidense, su rol en el proceso parece marginal.
Mientras, en el interior de Venezuela, figuras como Henrique Capriles han buscado un espacio de diálogo con el gobierno de Rodríguez, fragmentando aún más el frente opositor. La demanda central de la oposición –el reconocimiento de González Urrutia como presidente legítimo y la convocatoria a elecciones libres– ha sido respaldada por países como Francia, Argentina, Ecuador y Panamá, pero no encuentra eco en la realidad impuesta por Washington y Caracas.




