Régimen Penal Juvenil: penas y presupuesto del proyecto para menores.
El debate legislativo sobre la seguridad y la minoridad ha alcanzado un punto de inflexión en la agenda nacional. Con la media sanción de la Cámara de Diputados ya obtenida, el proyecto que busca reducir la edad de imputabilidad en Argentina se encamina hacia una definición histórica en el Senado. Esta iniciativa no solo plantea un cambio en la edad de punibilidad, bajándola de los 16 a los 14 años, sino que establece un sistema integral de sanciones y centros especializados diseñados para abordar la delincuencia juvenil desde una perspectiva que combina el castigo con la resocialización.
Escala de sanciones y medidas socioeducativas
El sistema propuesto establece una graduación de las penas según la gravedad de los hechos cometidos. Según Chubut Line, para delitos menores se contemplan penas de hasta 3 años, mientras que para hechos graves, como homicidios, abusos y/o secuestros, se establece un tope de 15 años de prisión, con una extensión de hasta 20 años en casos puntuales. Este esquema busca dar una respuesta punitiva proporcional al daño causado, sin perder de vista la condición de menores de los imputados.
Más allá del encierro, la normativa abre un abanico de alternativas dependiendo de la situación particular de cada joven. La iniciativa posibilita la obtención de la libertad asistida y el régimen de amonestaciones, además de tareas comunitarias y programas educativos o de capacitación laboral. Todo esto se desarrolla dentro de un marco socioeducativo con el foco puesto en la reinserción del menor en la sociedad. Asimismo, quedó implícita una posible reparación económica o mediación por parte del menor que haya cometido un delito, siempre que medie el consentimiento de la víctima.
Infraestructura y centros de detención especializados
Un punto crítico del proyecto es el lugar de alojamiento de los jóvenes. El régimen prohíbe taxativamente que los menores convivan con adultos y plantea la creación de centros de detención e institutos especializados. Estos espacios deberán contar con personal capacitado en niñez y adicciones. En casos donde no existan estos centros, los menores deberán permanecer en una unidad separada dentro de un penal convencional, garantizando siempre el aislamiento de la población adulta.
Para los menores de 15 años que cometan delitos de extrema gravedad, se contempla una posible internación bajo control judicial, orientada exclusivamente a lograr su resocialización. El oficialismo sostiene que estos centros estarán enfocados primordialmente en la educación y en la salud de los niños y jóvenes, evitando que el paso por el sistema penal se convierta en una «universidad del delito» y fomentando, en cambio, la reinserción ciudadana.
Financiamiento y construcción de nuevos institutos
La implementación de este nuevo paradigma requiere de una inversión millonaria para no quedar solo en el papel. De acuerdo con lo establecido por el Gobierno Nacional, se ha incorporado un capítulo presupuestario específico que destinará más de $23.700 millones para la realización de nuevos centros de detención y la contratación de personal especializado. Este fondo es el resultado de intensas negociaciones con bloques dialoguistas para asegurar que la ley sea operativa desde su sanción.
Con estos recursos, el Estado se enfocará en la construcción de institutos especializados y en la contratación de personal interdisciplinario para supervisar a los menores detenidos. Desde lo conceptual, se presenta como una ley que combina una mirada punitivista con un enfoque de resocialización, integrando penas graduales, castigos alternativos y medidas complementarias. El Senado tendrá la última palabra este viernes próximo sobre esta reforma que promete cambiar el abordaje de la justicia juvenil en todo el territorio argentino.




