Trump busca influir en la elección del nuevo líder supremo de Irán.
En el sexto día de un conflicto bélico que mantiene en vilo al mundo, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una fuerte repercusión diplomática al declarar su intención de «participar» en la designación del sucesor del ayatolá Ali Khamenei. El líder iraní fue asesinado el pasado sábado en una operación conjunta entre fuerzas estadounidenses e israelíes, abriendo un vacío de poder en Teherán que Washington pretende moldear para evitar una futura guerra.
La postura de la Casa Blanca marca una intervención directa en la soberanía de la república islámica. Según La Nación, Trump trazó un paralelismo con la situación de Venezuela tras el derrocamiento de Nicolás Maduro, mencionando que su rol en el nombramiento del nuevo liderazgo iraní será similar al tenido con figuras como Delcy Rodríguez. El mandatario estadounidense fue tajante al rechazar una sucesión dinástica, calificando a Mojtaba Khamenei, hijo del ayatolá fallecido, como un «peso ligero» e inaceptable para los intereses de paz y armonía que busca imponer.
La danza de nombres y el complejo sistema de sucesión
A pesar de las presiones externas, el sistema político iraní establece que el sucesor no es elegido por gobiernos extranjeros, sino por la Asamblea de Expertos. Este órgano, compuesto por clérigos chiitas de alto rango, baraja nombres como Alireza Arafi, Mohsen Araki y Hassan Khomeini (nieto del fundador de la república). El cargo requiere ser un religioso de alto nivel, una traba para Mojtaba Khamenei, quien ostenta el título intermedio de hoyatoleslam.
Sin embargo, Mojtaba, de 56 años, cuenta con un poder fáctico innegable. Aunque carece de cargos oficiales, mantiene vínculos estrechos con la Guardia Revolucionaria desde la guerra contra Irak en los años 80. En 2019, el Departamento del Tesoro de EE.UU. ya lo había sancionado, acusándolo de representar oficialmente a su padre en ambiciones regionales desestabilizadoras. No obstante, el propio Khamenei había rechazado públicamente antes de morir la idea de una sucesión hereditaria para no emular a la monarquía derrocada en 1979.
Un conflicto que escala y suma nuevos aliados
Mientras se define el futuro político en Teherán, la guerra en Medio Oriente se internacionaliza. Trump confirmó que aceptará «la ayuda de cualquier país» para neutralizar los ataques con drones iraníes, destacando el ofrecimiento tecnológico del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky. Además, el presidente estadounidense expresó un apoyo total a una eventual ofensiva de las fuerzas kurdas contra Irán, aunque evitó precisar si brindará cobertura aérea para tales operaciones.
Desde el exilio, figuras opositoras como Reza Pahlavi, hijo del último sha, también han alzado la voz. Pahlavi aseguró que cualquier sucesor designado por el actual régimen carecerá de legitimidad y se posicionó como una figura de transición hacia una democracia laica, afirmando que «la victoria está cerca». El escenario actual refleja una incertidumbre total, donde las decisiones de Washington y la resistencia del clero iraní definirán el nuevo orden en la región.




