En un mundo donde los algoritmos generan textos, voces y videos hiperrealistas, el rol de padres y docentes es más crítico que nunca
Expertos advierten sobre la necesidad de fomentar el pensamiento crítico para que los menores no acepten contenidos digitales como verdades absolutas.
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa del futuro para convertirse en un compañero de banco en la escuela y un animador en el hogar. Sin embargo, su capacidad para crear contenidos desde cero plantea un dilema inédito: la delgada línea entre la realidad y la ficción. Hoy, el desafío para los adultos no es prohibir el acceso a estas herramientas, sino transformar la interacción con la tecnología en una experiencia de aprendizaje activo y consciente.
El peligro de las «Fake News» y el contenido sintético
Uno de los mayores riesgos actuales es la proliferación de noticias falsas y deepfakes. La tecnología ha alcanzado un nivel de perfeccionamiento tal que puede recrear con exactitud la voz de una persona o generar videos de situaciones que nunca ocurrieron. Para un niño o adolescente, distinguir si una imagen fue capturada por una cámara o fabricada por un código de programación es una tarea casi imposible sin la guía adecuada.
La clave reside en no dar por sentado lo que la pantalla devuelve. Los especialistas señalan que los chicos suelen enfrentarse a información errónea sin los filtros necesarios para cuestionarla. Por ello, el acompañamiento docente y familiar debe enfocarse en enseñar a discernir, analizando no solo el mensaje, sino también el origen y la intención de lo que se consume en internet.
La técnica de la «doble fuente» como hábito preventivo
Una de las estrategias más efectivas para combatir el sesgo de la IA es el método de la «doble fuente». Esta técnica consiste en inculcar el hábito de comparar cualquier dato obtenido a través de un chat de inteligencia artificial con otros soportes tradicionales o digitales.
Si un niño recibe una respuesta de un bot, el ejercicio propuesto es buscar confirmación en un libro, una página web institucional o consultando a un adulto referente. El objetivo pedagógico es que el menor comprenda que una única fuente —especialmente si es algorítmica— nunca es suficiente para dar un tema por cerrado. Esta práctica ayuda a construir una mirada investigativa y menos dependiente de las respuestas automáticas.
Riesgos éticos y la importancia de preguntar
Más allá de los errores técnicos, la IA conlleva riesgos éticos vinculados a la mirada sesgada o incompleta de sus bases de datos. Existe el peligro de que los más jóvenes se acostumbren a la inmediatez de la respuesta generada por una máquina, atrofiando su capacidad de razonamiento propio y autonomía.
Para evitar que los contenidos generados se vuelvan verdades incuestionables, los adultos deben fomentar la duda metódica. Transformar cada consulta en una oportunidad de reflexión —preguntando «¿podría haber otra respuesta?» o «¿por qué creés que la máquina dice esto?»— es el primer paso para formar ciudadanos digitales responsables, capaces de usar la tecnología a su favor sin ser manipulados por ella.




