De Milei a Alfonsín: cómo terminaron los 6 presidentes que pidieron «paciencia».
La historia política argentina reciente demuestra que la solicitud de «paciencia» es una herramienta recurrente para gestionar la brecha entre el ajuste y los resultados. Desde el regreso de la democracia en 1983, siete administraciones han fijado plazos simbólicos de alivio que, en la mayoría de los casos, contrastaron drásticamente con el desenlace final de sus gestiones.
Javier Milei y la promesa del «despegue» en 2026
Este jueves, el presidente Javier Milei publicó un extenso mensaje titulado «PRIMERO LOS DATOS», donde admitió que los últimos meses han sido «duros» y solicitó paciencia a la ciudadanía. El mensaje llega tras la confirmación del INDEC de una caída del 8,7% en la actividad industrial de febrero.
Milei atribuyó la recesión al «costo de las bombas que dejaron los irresponsables psicópatas kirchneristas». Aunque el Ejecutivo proyecta que la economía comenzará a «levantar vuelo con fuerza» en abril de 2026, la oposición señala que la pobreza ya registra un piso del 28,2%.
De la «guerra» de Alberto al «segundo semestre» de Macri
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Alberto Fernández: En 2020 pidió paciencia por la pandemia, que derivó en una caída del PBI superior al 9%. En 2022, anunció una «guerra contra la inflación» que nunca llegó; su gestión terminó con una inflación de tres dígitos.
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Mauricio Macri: En 2018 aseguró que «lo peor ya pasó» y prometió crecimiento. Semanas después, una corrida cambiaria lo obligó a recurrir al FMI por 50.000 millones de dólares. Terminó su mandato con una inflación del 47,6%.
Del «infierno» de Kirchner al optimismo fallido de De la Rúa
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Néstor Kirchner: Utilizó la metáfora del «infierno» al asumir en 2003, prometiendo salir para diciembre de 2007. Fue el único caso donde el plazo coincidió con un período de crecimiento sostenido y el traspaso de mando se dio con indicadores en alza.
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Fernando de la Rúa: En diciembre de 2000, tras anunciar el «blindaje», aseguró por cadena nacional que «el 2001 será un gran año». El pedido de confianza terminó en el estallido social de diciembre de ese año y su renuncia anticipada.
Menem y Alfonsín: El origen del «sacrificio compartido»
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Carlos Menem: Inmortalizó el eslogan «estamos mal, pero vamos bien» en 1990. Aunque logró estabilidad con la convertibilidad, su promesa de vencer al desempleo en 1995 fracasó rotundamente: en 1996 la desocupación escaló al 18%.
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Raúl Alfonsín: Fue el primero en pedir un sacrificio extremo en 1985 al anunciar una «economía de guerra». A pesar del éxito inicial del Plan Austral, el modelo se agotó y derivó en la hiperinflación de 1989, obligándolo a entregar el mando meses antes de lo previsto.




