Leopoldo Luque movió este jueves el tablero del juicio por la muerte de Diego Maradona antes de que hablaran Gianinna Maradona, un policía y el médico que certificó el fallecimiento.
El neurocirujano pidió declarar de manera sorpresiva, obligó a reordenar la audiencia en San Isidro y convirtió una jornada pensada para testimonios en una exposición temprana de su propia estrategia defensiva. Ese giro cambió el pulso del debate apenas en la segunda audiencia del nuevo proceso.
La primera definición de Luque fue política y judicial antes que médica. Apenas tomó la palabra, dijo «soy inocente» y agregó que «lamento mucho» la muerte de Maradona, una combinación que buscó fijar desde el arranque una posición de distancia respecto de la acusación por homicidio simple con dolo eventual.
La estrategia: centrarse en la autopsia y la causa de muerte
La defensa eligió un camino muy específico para esa irrupción. En lugar de abrirse a un interrogatorio amplio, Luque concentró su exposición en la autopsia, en la interpretación médica de los hallazgos y en la discusión sobre la causa de muerte. Su abogado, Julio Rivas, explicó después que el imputado «hoy no iba a responder preguntas» y que sólo había querido «referirse a la autopsia», además de anticipar que «va a declarar en otras audiencias».
Luque aprovechó su intervención para disputar uno de los núcleos del caso: la lectura clínica del cuadro final de Maradona. Allí sostuvo que «la insuficiencia cardíaca es un diagnóstico clínico médico» y planteó que «no se puede determinar en una autopsia», en una línea que apunta directamente contra la interpretación acusatoria de las pericias.
La frase que sacudió la audiencia: «Reanimaron un cadáver»
El otro punto fuerte de su testimonio apareció cuando se metió de lleno con el edema agudo de pulmón y con las maniobras posteriores al hallazgo del cuerpo. En ese tramo lanzó una de las frases más duras de la jornada: «Reanimaron un cadáver». La expresión no quedó suelta; fue parte de un razonamiento con el que intentó sostener que el edema podía formarse en minutos durante una reanimación prolongada y no necesariamente como producto de una agonía extensa previa.
También discutió uno de los argumentos que la querella y la fiscalía habían puesto en circulación sobre las horas finales del exfutbolista. Luque afirmó que está «seguro» de que Maradona «no agonizó» y sostuvo que «no existe forma de determinar el tiempo de agonía».
La historia clínica: «A partir de 2007 dejó de recibir medicación cardíaca»
La declaración también intentó reconstruir una historia clínica anterior a su vínculo con Diego. En ese punto, Luque aseguró que «a partir de 2007» Maradona «dejó de recibir medicación cardíaca» y remarcó que en aquel momento el paciente estaba bajo la atención de Alfredo Cahe, no de él. Esa parte de su exposición buscó correr hacia atrás la discusión sobre el seguimiento cardiológico.
Otro eje de su defensa fue el intento de despegarse del rol que le atribuyen sobre la organización cotidiana de la internación. Luque negó haber aislado a Maradona y dijo: «Nunca aislé a Maradona; eso es falso». Remarcó que él es neurocirujano, que todos lo sabían y que no se comunicaba con los enfermeros durante la internación domiciliaria.
Los testigos suspendidos: Gianinna, un policía y el médico de +Vida
La jugada tuvo además un efecto procesal inmediato: los testigos previstos para hoy no declararon. Quedaron suspendidos los testimonios de Gianinna Maradona, del policía bonaerense que intervino ese día y de Juan Carlos Pinto, el médico de la empresa +Vida que certificó la muerte. A la salida del tribunal, el propio Pinto habló con la prensa y dijo que le había llamado la atención que en la casa «no tenían los equipos médicos necesarios» para un paciente como Maradona.
Luque logró adelantarse a los testigos, instalar su lectura médica antes de que ingresen otras voces sensibles del expediente y mostrar que su defensa no va a esperar pasivamente la acusación. El juicio recién empezó de nuevo, pero la declaración de hoy dejó una señal clara sobre lo que viene: una batalla técnica, áspera y cada vez más centrada en quién consigue imponer una explicación clínica creíble de la muerte de Maradona.




