El debate en torno a la matriz energética nacional y la explotación de recursos minerales estratégicos sumó un capítulo técnico de alta relevancia en la Patagonia.
El presidente de la Cámara de Proveedores y Empresarios Mineros de Chubut (CAPEM), Gerardo Cladera, analizó la disponibilidad real de uranio en el subsuelo provincial y precisó que el territorio chubutense alberga un volumen estimado de 30.000 toneladas de este mineral crítico para la industria nuclear.
La precisión técnica del especialista buscó moderar las proyecciones difundidas recientemente por el asesor presidencial Santiago Caputo, quien había estimado públicamente las reservas en unas 300.000 toneladas este martes 26 de mayo de 2026.
A pesar de calificar la cifra del entorno de la Casa Rosada como una exageración conceptual, el geólogo y dirigente empresario enfatizó en diálogo con el programa Actualidad 2.0 que el volumen real de 30.000 toneladas posee una magnitud macroeconómica extraordinaria para la balanza comercial del país.
Si se pondera que la República Argentina demanda un promedio de apenas 200 toneladas anuales de uranio para garantizar el funcionamiento operativo de su parque de centrales nucleares, los yacimientos locales no solo blindarían la soberanía energética interna por décadas, sino que abrirían una agresiva plataforma de exportación de alto valor agregado hacia los mercados globales.
El nuevo escenario internacional y los proyectos de la meseta central
El renovado interés por el uranio responde a un drástico cambio de tendencia en el mercado de commodities energéticos a escala global. Tras el accidente de la central de Fukushima en Japón en 2011, las inversiones en exploración minera e ingeniería nuclear ingresaron en un extenso período de parálisis y depreciación internacional, donde la libra de uranio cotizaba en rangos mínimos de entre 30 y 50 dólares.
No obstante, el actual proceso de transición hacia energías limpias y libres de emisiones de carbono impulsó a las principales potencias occidentales a reactivar sus programas nucleares de generación eléctrica, provocando un estrangulamiento de los stocks globales que elevó la cotización del mineral a valores récord de entre 85 y 90 dólares la libra.
En el mapa geológico de Chubut, los dos activos más avanzados y con mayor nivel de factibilidad técnica son Cerro Solo y Laguna Salada, ambos emplazados en la región de la meseta central. De acuerdo con las estimaciones de la CAPEM, entre ambas cuencas concentran una base de recursos identificados de entre 10.000 y 15.000 toneladas listas para su cubicación comercial.
El bloque de Laguna Salada es controlado operativamente por la corporación canadiense Jaguar Uranium a través de su firma subsidiaria de razón social Ontario, cuyos equipos técnicos avanzan en la reevaluación económica y el rediseño de costos de los antiguos informes metalúrgicos confeccionados originalmente entre los años 2008 y 2010.
El debate técnico en torno a la Ley 5001 y el descarte del cianuro
El principal condicionante para la viabilidad de las inversiones radica en el andamiaje normativo vigente en la jurisdicción patagónica. La Ley Provincial 5001 prohíbe de forma taxativa la actividad minera metalífera bajo la modalidad a cielo abierto y veda la utilización de cianuro en los procesos de lixiviación de minerales. El titular de la CAPEM introdujo una salvedad técnica sustancial al respecto:
“El uranio no utiliza cianuro. Para nosotros la ley podría interpretarse de otra manera, porque prohíbe minería a cielo abierto y con cianuro. Sin cianuro debería poder discutirse”, argumentó Cladera, diferenciando los protocolos metalúrgicos del uranio de aquellos aplicados tradicionalmente en la minería aurífera y argéntífera.
Para el caso específico de Laguna Salada, el geólogo describió que la arquitectura del yacimiento presenta una fisonomía superficial, donde el mineral se encuentra disperso a escasos metros de la superficie entre formaciones de arenas y rodados patagónicos.
El método de extracción proyectado se asimilaría operativamente al funcionamiento de una cantera de áridos tradicional: se remueve mecánicamente el sustrato, se realiza la separación granulométrica del uranio y el material remanente se reubica de forma inmediata en la misma fosa, contemplando un plan de cierre con revegetación del suelo.
No obstante, el carácter a cielo abierto de este método mantiene el diferendo interpretativo con la legislación provincial, reconociéndose desde el sector empresarial que hoy no existen canales de concertación política o judicial activos para destrabar la normativa.
Dependencia externa y vulnerabilidad del abastecimiento atómico
El debate sobre los recursos de la meseta central recobra urgencia institucional debido a que la Argentina carece en la actualidad de yacimientos de uranio en fase de producción activa. La parálisis de la actividad extractiva local obligó al Estado nacional a depender de forma exclusiva de la importación del insumo, canalizando históricamente sus compras logísticas desde Kazajistán.
La estabilidad de este esquema de abastecimiento externo ingresó en una fase de vulnerabilidad operativa luego de que el país de Asia Central, uno de los mayores proveedores globales, resolviera restringir sus flujos de exportación hacia los mercados occidentales en el marco de las tensiones geopolíticas globales.
Ante este escenario de desabastecimiento latente, los operadores de la industria nuclear advierten que la necesidad de garantizar el suministro para el sistema eléctrico nacional forzará una inevitable reinstalación del debate minero en la agenda pública y legislativa de la provincia del Chubut.
