La Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (Capip) salió al cruce de los festejos económicos del Gobierno Nacional y advirtió que las estadísticas oficiales sufren una severa distorsión
El sector fabril expuso la compleja realidad de costos y las asimetrías logísticas que colocan a las terminales terrestres al borde de la inviabilidad operativa.
El espejismo estadístico detrás del auge del calamar
Las recientes mediciones macroeconómicas presentadas por el Poder Ejecutivo central, que daban cuenta de una aparente expansión cercana al 30% en la actividad extractiva del Mar Argentino, provocaron un rechazo inmediato en el entramado productivo de la Patagonia. Los administradores de las plantas de procesamiento locales sostienen que dichos indicadores carecen de un correlato directo con la rentabilidad real de las empresas instaladas en las regiones costeras.
En declaraciones periodísticas, Agustín de la Fuente, titular de la Capip, atribuyó las cifras del Gobierno a un diagnóstico erróneo derivado de un fenómeno netamente estacional y aislado. El dirigente empresarial puntualizó que el crecimiento que celebra la Casa Rosada responde de manera exclusiva a las descargas masivas de una sola especie cíclica: el calamar.
«Ahí uno ve que hay primero un poco de desconocimiento porque tiene que ver con las descargas que se dieron puntualmente con una especie que tiene una vida muy corta, que es el calamar», aclaró De la Fuente.
Esta abundancia biológica transitoria alteró los volúmenes globales de captura, pero no generó un impacto económico estructural sostenible, ni se tradujo en una mayor contratación de mano de obra genuina en las plantas pesqueras de Chubut.
La encerrona de los fletes internos y el centralismo portuario
Más allá de la fluctuación en las capturas, la principal encrucijada que asfixia a las firmas patagónicas radica en los costos desproporcionados del transporte terrestre. El sector empresarial denunció una asimetría logística insostenible: trasladar la producción por carretera desde los playones fabriles del sur hacia las terminales de exportación del Área Metropolitana de Buenos Aires resulta más costoso que el flete marítimo transatlántico hacia los puertos de destino internacionales.
Esta distorsión tarifaria responde a un esquema de centralismo geográfico crónico que penaliza a las economías regionales. Las regulaciones aduaneras vigentes obligan a concentrar la salida de mercaderías en Buenos Aires, encareciendo artificialmente el producto terminado antes de que este cruce la frontera nacional.
«Cuando a veces tenemos que sacar toda nuestra logística para exportar mejor por Buenos Aires, cuando ese costo es altísimo… el flete es más caro de un puerto muy cercano a una planta de lo que significa una logística de Europa», sentenció el presidente de la entidad.
Mercados en riesgo ante la pérdida de competitividad
La acumulación de sobrecostos logísticos merma las ventajas comparativas de la fauna marina argentina mucho antes de que el producto pueda competir por calidad en las góndolas mundiales. En los mostradores de comercialización externa, las empresas locales ya no cuentan con margen financiero para absorber nuevas subas en servicios clave como la estiba o el transporte interno.
La falta de competitividad ha derivado en una progresiva pérdida de presencia en cadenas de supermercados y centros de distribución de primer nivel en el exterior. Al encarecerse el artículo nacional por factores ajenos a la pesca pura, los compradores globales optan por sustituir la oferta patagónica por alternativas más económicas de origen asiático o europeo, marginando al país de los circuitos comerciales más rentables.
Góndolas globales y el peligro del cierre de operaciones
La conducción de la cámara sectorial dejó en claro que la continuidad de las operaciones de procesamiento en tierra dependerá de manera estricta de la adecuación de los valores internos a la capacidad real de absorción del mercado internacional. Se advirtió con firmeza que insistir con pretensiones de incrementos desmedidos en la cadena de servicios locales podría desencadenar el cierre definitivo de las líneas de fresco en la Patagonia.
La ecuación comercial actual está al límite, y el margen de maniobra de la industria pesquera regional se encuentra completamente agotado ante las exigencias de un mercado externo que no perdona sobreprecios artificiales.
«Cuando decimos que no podemos pagar ciertos valores de estiva porque hoy no lo soporta el producto terminado, porque no podemos competir con otro producto que llega mejor a la góndola, el jefe que decide esto termina siendo el consumidor», concluyó el referente gremial empresario.
