El neurocirujano Pablo Rubino reveló en el juicio detalles inéditos sobre la operación de cabeza de Diego Maradona y aclaró qué hizo Leopoldo Luque en el quirófano.
El neurocirujano Pablo Rubino, de la Clínica Olivos, declaró en el juicio por la muerte del «Diez» y brindó precisiones técnicas sobre la intervención craneal de noviembre de 2020. Explicó por qué era urgente operar y aclaró quién empuñó el bisturí.
El juicio oral por la muerte de Diego Armando Maradona sumó un nuevo capítulo cargado de revelaciones técnicas y médicas. Durante la decimotercera audiencia del debate, el foco principal se posó sobre la recordada operación de cabeza a la que fue sometido el astro futbolístico a principios de noviembre de 2020, apenas unos 20 días antes de su fallecimiento.
El testimonio excluyente de la jornada de este martes 26 de mayo de 2026 fue el de Pablo Rubino, reconocido neurocirujano de la Clínica Olivos. Su declaración no solo aportó claridad sobre el cuadro clínico del exentrenador de Gimnasia, sino que desmitificó una de las controversias más grandes del caso: el verdadero nivel de participación del médico imputado Leopoldo Luque durante la intervención del hematoma subdural.
El diagnóstico: un cerebro desplazado por la presión
Rubino relató ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°7 de San Isidro cómo fue convocado de urgencia por la subdirección médica de la Clínica Olivos para brindar apoyo logístico al equipo de Luque. Antes de ingresar al quirófano, el especialista solicitó evaluar una tomografía actualizada para determinar la viabilidad y urgencia de la cirugía.
Las imágenes fueron contundentes. Según el testimonio del neurocirujano, la intervención era impostergable debido a la magnitud de la lesión y la compresión intracraneal que estaba sufriendo el paciente.
“El espesor máximo del hematoma, según nuestros cálculos, era de 14 milímetros. A partir de los 10 milímetros, la recomendación formal es evacuar un hematoma subdural crónico porque puede evolucionar y generar un cuadro más grave. Diego tenía un desplazamiento de cerebro de 6 milímetros y, a partir de los 5 milímetros, ya es recomendable operar”, detalló Rubino.
El especialista explicó de manera didáctica que el cráneo es una estructura ósea inextensible. Al generarse una acumulación de sangre anormal de ese volumen, se produce de manera directa una disminución del flujo sanguíneo y del oxígeno, lo que fuerza el desplazamiento del tejido cerebral y pone en riesgo inminente la vida del paciente.
¿Quién operó realmente a Diego? El reparto de roles
La foto de Leopoldo Luque posando victorioso junto a un Maradona vendado dio la vuelta al mundo en 2020, instalando la narrativa de que él había sido el cirujano salvador. Durante instancias previas de la investigación, se había llegado a afirmar que la familia del «Diez» le había prohibido intervenir y que Rubino había hecho todo el trabajo. Sin embargo, el testimonio de este martes arrojó una versión intermedia y pormenorizada de los hechos.
En el quirófano, la tarea se dividió entre dos equipos. La cronología quirúrgica fue la siguiente:
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Fase preparatoria (no estéril): Leopoldo Luque y su equipo se encargaron exclusivamente del posicionamiento del paciente en la camilla y de la marcación de la incisión en el cráneo.
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Fase estéril (inicio de la cirugía): El encargado de empuñar el instrumental e iniciar las perforaciones fue el doctor Ariel Sainz, socio directo de Luque.
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La intervención de apoyo: Dado que Sainz experimentó dificultades logísticas por falta de comodidad espacial al momento de realizar el segundo orificio craneal, el equipo de Rubino tomó el control para completar esa maniobra.
“Es una cirugía sencilla, de 40 minutos. Son dos agujeros. Nosotros completamos esa parte. Un detalle es que el hematoma salió a una presión mayor a la habitual, lo que hablaba de que estaba haciendo compresión», graficó Rubino, confirmando que la operación transcurrió sin inconvenientes técnicos y culminó con la colocación de un drenaje por 12 horas.
El corazón “de un chico de 20 años”
Otro de los momentos destacados de la audiencia se produjo cuando los abogados defensores y querellantes indagaron sobre la evaluación de los riesgos preoperatorios, específicamente en relación con la histórica insuficiencia cardíaca de Maradona.
Rubino admitió no haber revisado físicamente la historia clínica completa argumentando que, dada la urgencia del hematoma, «no era estrictamente necesario» para el procedimiento neuroquirúrgico. No obstante, reveló un dato que generó impacto en la sala: aseguró haberle consultado verbalmente al cardiólogo del sanatorio sobre los estudios prequirúrgicos del paciente. La respuesta que recibió del especialista antes de entrar a operar fue tajante: “Tiene el corazón de un chico de 20 años”.
Las audiencias continuarán en los próximos días con la comparecencia de nuevos testigos médicos que intentarán reconstruir el laberinto clínico de las últimas semanas de vida del ídolo.
