Detrás de la inusual y sospechosa calma que reina en los pasillos de la Casa Rosada se esconde una fría estrategia geopolítica.
El mandatario libertario, conocido por su temperamento explosivo en las redes sociales, ha decidido morderse la lengua y congelar por completo sus feroces críticas hacia la cúpula eclesiástica, un giro de 180 grados motivado por un acontecimiento histórico inminente que no puede permitirse arruinar bajo ningún concepto.
El furioso reproche de Milei al clero y el histórico derrumbe de la pobreza
El presidente de la Nación, Javier Milei, tomó la firme determinación en las últimas semanas de guardar bajo siete llaves sus críticas más mordaces y ácidas contra la Iglesia Católica. En el plano ideológico y doctrinario, el jefe de Estado no cree en absoluto en los postulados de la entidad religiosa ni comulga con las actitudes públicas que exhiben sus máximas autoridades.
En la intimidad de su círculo de confianza, el mandatario asevera de forma tajante que los representantes eclesiásticos juegan políticamente de manera abierta por y para el peronismo, acusándolos incluso de estar a favor del crecimiento de la pobreza. Sin embargo, el estratega libertario es plenamente consciente de que no puede arremeter de frente contra la institución a solo meses de concretarse la casi segura e histórica visita del Papa León XIV a la República Argentina.
Al economista le desagradan profundamente los cuestionamientos sistemáticos que sostienen distintos sectores del clero local. Siente que su gestión económica no es valorada por las autoridades católicas, especialmente tras haber logrado un brutal descenso de la pobreza, la cual se derrumbó del 52% al 28% de acuerdo con las estadísticas oficiales del Gobierno.
Milei también le fastidian las críticas hacia sus modos. Esto quedó en evidencia durante el Tedeum del 25 de mayo, cuando el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lanzó un misil directo contra el proceder presidencial en X al cuestionar «el terrorismo de las redes sociales». Al día siguiente, lejos de su habitual furia, el líder de La Libertad Avanza eligió un tono amable y constructivo, asegurando que no se sintió atacado y que el mensaje abría un debate «súper valioso».
El bozal a La Libertad Avanza, el escándalo Adorni y los gestos con el Vaticano
La tregua forzada volvió a ponerse a prueba en el reciente Tedeum del pasado 9 de julio. En su alocución, el líder del arzobispado porteño volvió a apuntar a la cuestión social, exigiendo terminar con «los agravios, las descalificaciones al otro y la mezquindad política».
Además, García Cuerva hizo una ferviente defensa de la honestidad en la función pública —un dardo directo tras el escándalo que salpicó el caso Manuel Adorni— y llamó a atender de manera prioritaria a pobres, enfermos y discapacitados porque «nadie es descartable». A pesar del impacto de estos dardos, el jefe de Estado eludió por completo el contragolpe, mostrándose sumamente cálido con los prelados durante el saludo oficial del miércoles y prohibiendo cualquier tipo de respuesta por lo bajo por parte de su equipo.
Desde el Gobierno nacional se empeñan en subrayar que la relación actual es estrictamente «cordial e institucional». Milei se ve obligado a hacer un silencio estratégico en medio de los preparativos para el arribo del Sumo Pontífice, programado tentativamente para el mes de noviembre, y por ello ordenó un bozal absoluto para los miembros del oficialismo.
La directiva fue acatada por casi todo el espacio, con la única excepción de la diputada nacional Lilia Lemoine, quien desplegó una batería de críticas en sus perfiles digitales. Este disciplinamiento presidencial se suma a otros gestos significativos hacia Roma, como la visita del pasado 1 de junio de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, quien fue recibida en audiencia privada por el Papa León XIV y mantuvo contactos clave con el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y una de las figuras más influyentes del Vaticano.
El objetivo es claro: congelar el conflicto interno porque, de cara a la opinión pública, el jefe de Estado lanza gestos a los representantes eclesiásticos antes de la visita papal.
