La irregularidad en el sistema financiero argentino profundizó su deterioro durante el mes de mayo, alcanzando registros de deudas impagas que no se observaban desde la salida de la Convertibilidad.
Según los últimos datos de la Central de Deudores del Banco Central (Cendeu), las carteras de préstamos se volvieron más inestables y la morosidad general del sector privado escaló del 7,3% al 7,7% en apenas treinta días.
Este incremento representa la decimonovena suba consecutiva del indicador. En un período menor a los dos años, la deuda atrasada de los hogares se multiplicó por cinco, un salto drástico que expone las severas dificultades de las familias para cumplir con sus compromisos financieros.
Radiografía del impago: empresas, familias y el sector no bancario
El fenómeno del atraso en los pagos afectó de manera transversal a los diferentes actores del mercado formal, obligando a las entidades bancarias privadas a frenar de forma casi total el otorgamiento de nuevas líneas de financiación:
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Hogares y familias: La tasa de morosidad subió del 12,1% medido en abril al 12,7% en mayo.
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Empresas y corporaciones: El nivel de irregularidad se incrementó del 3,3% al 3,5%.
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Entidades no financieras: Este segmento, compuesto por tarjetas no bancarias y financieras de consumo, sufrió el peor impacto al trepar al 32,2% de morosidad, cuando hace un año y medio se ubicaba por debajo del 10%.
El informe advierte que en 26 de las 30 entidades bancarias más grandes del país la mora de mayo fue superior a la de abril, una tendencia que la banca pública apenas logró amortiguar para evitar una contracción crediticia aún más severa.
Los jóvenes menores de 35 años, el eslabón más afectado
El segmento sociodemográfico que enfrenta la mayor presión crediticia y vulnerabilidad laboral es el de los jóvenes. De acuerdo al documento, 4 de cada 10 menores de 35 años con préstamos activos ya registran al menos una deuda atrasada, una cifra que supera ampliamente las medias de otros rangos etarios. En contraste, entre los adultos de 36 a 45 años la proporción de mora baja al 31%, y se reduce al 23,5% en el grupo de 46 a 55 años.
Como consecuencia directa de esta acumulación de saldos impagos, más del 27% de las personas que solicitaron financiamiento dejaron de ser consideradas sujetos de crédito por el sistema. Esta exclusión bloquea su acceso a nuevas herramientas formales y limita severamente su capacidad de consumo.
El crédito deja de ser el motor del consumo
De cara a los próximos meses, las consultoras privadas advierten que la alta cantidad de personas con deudas atrasadas y la pérdida de acceso al mercado formal hacen difícil que los préstamos vuelvan a impulsar el consumo, incluso en un año electoral. Si bien el crédito pesa poco en relación con el Producto Bruto Interno (PBI) total de Argentina y la economía podría encontrar otras vías de crecimiento, el estancamiento del financiamiento familiar restará dinamismo al comercio interno.
Las mediciones correspondientes a los meses de junio y julio serán determinantes para evaluar la evolución del sistema. Los analistas esperan registrar si la tendencia alcista continúa o si el impacto del cobro del medio aguinaldo ayuda a aliviar las finanzas familiares y reducir la mora. Desde el Banco Central estiman que el problema de la irregularidad tocó un techo en el segundo trimestre del año, aunque reconocieron que la estabilización definitiva dependerá de la recuperación del salario y de la capacidad de pago real de los hogares.
