Los Sigman: el doble juego de la casta farmacéutica entre el progresismo de aparato y el negocio con Milei.
Mientras en los Goya la familia Sigman posa de «progre» aplaudiendo a Dolores Fonzi contra la ultraderecha, en Manhattan y Buenos Aires blindan sus contratos con el Gobierno de Javier Milei. La trama oculta de un apellido que juega a dos puntas para garantizar que el negocio nunca se detenga.
En la Argentina de los espejismos, donde el relato suele tapar la realidad, la familia Sigman se ha convertido en el máximo exponente de la supervivencia política a cualquier costo. Hugo Sigman, el patriarca y dueño del Grupo Insud, parece haber perfeccionado el arte del «doble comando»: mientras su núcleo familiar cultiva un perfil intelectual y progresista en los ámbitos culturales, su estructura empresarial profundiza sus vínculos con los sectores que, puertas afuera, dicen combatir.

El aplauso de la hipocresía
Durante la última entrega de los premios Goya, la escena fue elocuente. Dolores Fonzi, desde el escenario, lanzó una advertencia sobre el avance de la ultraderecha en Argentina, comparando la gestión de Javier Milei con un modelo de entrega nacional que llegaría hasta el agua.
«Ustedes que tienen tiempo aún, no caigan en la trampa -continuó-. La ultraderecha vino a destruirlo todo, eso es así. Yo vengo del futuro (la interrumpen aplausos), vengo del futuro de un país donde el Presidente incluso puso en venta el agua (en mención a la modificación de la Ley de glaciares), o sea que ya no solo defendemos el cine, estamos teniendo que defender el agua…».
«Que no les pase a ustedes -cerró-. Muchas gracias por el premio, es un honor».
Entre el público, Hugo Sigman aplaudía a rabiar. La imagen recorrió los portales del «progresismo» como un símbolo de resistencia.Pero, a pocos kilómetros de distancia, en la realidad material del poder, el guion era diametralmente opuesto.

El «vocero» en Manhattan y el contratista del PAMI
Mientras el patriarca recibía los aplausos de la intelectualidad en España, su hijo, Leandro Sigman, se encontraba en Manhattan en el marco de la Argentina Week. Allí, el heredero no fue a declamar contra el modelo de Milei; fue a ocupar el rol de vocero oficial de la política sanitaria del Gobierno libertario.
No es casualidad.

Leandro Sigman es un protagonista central en la cadena de suministros que nutre al PAMI, la caja sanitaria más importante del país. El «doble juego» es evidente: mientras desde un costado del mostrador critican las formas de la ultraderecha, desde el otro costado se aseguran de seguir siendo los proveedores de cabecera de ese mismo Estado.
La sombra de Stiuso y el pasado que no pasa
La trayectoria de los Sigman no está exenta de las viejas mañas del poder de inteligencia. El clan, que en su momento supo beneficiarse de los servicios de allegados al exespía Antonio «Jaime» Stiuso, hoy enfrenta el peso de su historia reciente.

El juez Ariel Lijo tiene en su despacho una causa que promete incomodar al poder real: la indagatoria sobre el rol de Sigman como proveedor frustrado de vacunas durante la cuarentena. Una maniobra que, en su momento, fue presentada como un esfuerzo patriótico, pero que la justicia investiga bajo la lupa de los negocios poco claros.
Todo tiene que ver con todo
Como reza la frase de «La Cautiva», en este entramado nada es casual. La estrategia es clara: mantener un pie en la vereda de enfrente para conservar el prestigio cultural y otro pie, el más importante, dentro de la caja del Estado, sin importar si el que gobierna es un «populista» o un «libertario».
La familia Sigman, al igual que gran parte de la verdadera casta empresarial argentina, no necesita ideologías. La única ideología que profesan es la del negocio, y para eso, tanto les sirve el aplauso de Fonzi como el maletín de negocios en Manhattan. Mientras el pueblo sufre el ajuste, los dueños de los medicamentos siguen moviendo sus piezas, demostrando que, más allá de los colores políticos, el poder real siempre termina en la misma mesa.
