En las entrañas del sector norte de la ciudad costera, donde las realidades sociales suelen golpear con crudeza, los fines de semana y las horas a contraturno de las aulas tradicionales no se inundan de silencio ni de ruidos peligrosos.
Desde hace dos décadas, ese espacio marginal es conquistado por una banda sonora maravillosa y única: acordes apasionados de violines, violonchelos y potentes vientos que ensayan sin descanso. Se trata del fenómeno de inclusión cultural más impactante de la región, una iniciativa que nació como un sueño utópico y hoy cumple dos décadas transformando vidas a través del arte.
El proyecto comunitario está de festejo absoluto por sostener su labor social a lo largo del tiempo. La Orquesta Infanto Juvenil del Barrio Pujol, en Puerto Madryn, cumple veinte años de trayectoria ininterrumpida funcionando dentro de las instalaciones de la Escuela Nº 219. Para festejar este acontecimiento histórico y recaudar los fondos necesarios para costearse un a
nsiado viaje de conmemoración, el ensamble organizó este domingo un multitudinario «Mate Bingo» familiar, mientras sus integrantes ya se preparan con todo para encarar la agenda del segundo semestre del año.
Mucho más que aprender a tocar un instrumento: Inclusión sin billetera
El éxito de este proyecto radica en que el modelo pedagógico de «Orquesta Escuela» rompió por completo, desde su primer día de vida, con los esquemas elitistas y tradicionales de la enseñanza de música académica. Para ingresar a esta gran familia musical, los niños, niñas y adolescentes del populoso barrio Pujol y de todas las zonas aledañas no necesitan tener ningún tipo de conocimiento teórico previo. Tampoco precisan contar con recursos económicos para adquirir costosos equipamientos musicales: la propia institución les facilita los instrumentos en comodato, permitiendo que se los lleven a sus hogares para practicar diariamente.
Las vías de comunicación de la agrupación musical siguen sumamente activas, informando de manera constante que mantienen abiertas las inscripciones para participar de ella durante todo el año, difundiendo los requisitos e instancias a través de las redes sociales del conjunto. Cabe destacar que este ensamble viene de desplegar una intensa actividad cultural en la comunidad, habiendo participado a principios de este mes en una emotiva velada en la iglesia «Cristo Resucitado», además de brillar como uno de los números artísticos centrales el pasado 25 de mayo en el Gimnasio Municipal.
Un semillero de historias crudas que terminaron en éxito profesional
Veinte años de permanencia en el territorio han dejado huellas completamente imborrables y transformadoras. Por las aulas de la Escuela 219 han pasado cientos de chicos madrynenses que encontraron en este espacio un refugio frente a la calle, una vocación profesional o, simplemente, un lugar vital de pertenencia grupal. El impacto real del proyecto socio-educativo se evidencia al mirar el presente de sus exalumnos.
Muchos de aquellos nenes que sostenían con timidez y temor un violín por primera vez hace quince o veinte años en el barrio, hoy se han convertido en experimentados profesores de música, integran ensambles profesionales de renombre o continúan carreras en estudios superiores. Otros egresados han tomado rumbos laborales totalmente distintos, pero llevan grabada a fuego la disciplina, la sensibilidad humana y el orgullo eterno de haber formado parte de una de las instituciones comunitarias más consolidadas y queridas de la Patagonia.
