Un verdadero ícono gastronómico de la Patagonia argentina se encuentra en el centro de una cruzada cultural e institucional para blindar su origen y defender la rica memoria patagónica que guarda cada porción.
La histórica preparación no solo deleita paladares, sino que condensa más de un siglo y medio de adaptación, esfuerzo y orgullo comunitario.
La torta galesa de Chubut vuelve a tomar un protagonismo central cada 28 de julio durante la conmemoración del desembarco del velero Mimosa, copando las mesas familiares y las tradicionales casas de té. Sin embargo, detrás de su inconfundible textura y sabor hay una evolución local: aunque remite a recetas británicas de los siglos XVIII y XIX, el antropólogo y técnico superior en Gastronomía Juan Francisco Olsen sostiene categóricamente que «la torta negra es chubutense» y que la combinación de sabores e historias que abarca es única de la región.
Variantes familiares en cada rincón y el valor de la memoria viva
A lo largo de los años, las familias asentadas en localidades como Trelew, Gaiman, Trevelin, Comodoro Rivadavia y 28 de Julio fueron adaptando los ingredientes según la disponibilidad de productos en las distintas épocas y las situaciones económicas. Olsen explica que, si bien existen decenas de variantes que guardan una esencia común, la habilidad de las cocineras radicó en recrear el sabor añorado con los insumos patagónicos al alcance, convirtiendo a la historia familiar en el corazón del producto.
Esa riqueza identitaria motiva hoy una contundente movilización institucional para resguardar la receta frente a la masificación comercial. Un equipo integrado por el Ministerio de Producción de Chubut, el INTA, la Universidad Nacional de la Patagonia y especialistas gastronómicos trabaja activamente en la obtención de una indicación geográfica para distinguir la elaboración auténtica de otras versiones producidas en el país.
Indicación geográfica: un sello para respaldar un siglo y medio de historia
Las autoridades remarcan que la certificación no busca prohibir que se cocinen recetas similares en otros lugares, sino otorgar un sello distintivo que reconozca el producto patagónico elaborado bajo las costumbres heredadas por generaciones.
De esta manera, se busca garantizar que cada turista o visitante que llegue a la provincia sepa con certeza que está degustando un pedazo vivo de la identidad cultural de Chubut, preservando un patrimonio culinario que continúa uniendo el pasado con el presente en cada invierno.
