Llegó con los primeros colonos galeses a bordo del Mimosa en 1865 y, más de un siglo y medio después, se consolida como uno de los rituales culturales y gastronómicos más representativos de Chubut.
Hablar del té galés en la Patagonia es adentrarse en una costumbre viva que sobrevivió al paso del tiempo y define la identidad de la provincia.
Cada 28 de julio, en el marco del aniversario del desembarco en Puerto Madryn, miles de residentes y turistas se reúnen para compartir una ceremonia que entrelaza historia, repostería y encuentro.
Lejos de nacer como un atractivo comercial, la costumbre surgió como un hábito cotidiano traído desde el Reino Unido durante el siglo XIX.
De las minas de carbón a las cocinas patagónicas
Según explica el antropólogo Juan Francisco Olsen, el consumo de té constituía una práctica fuertemente arraigada entre los trabajadores durante la Revolución Industrial. La bebida endulzada permitía racionar alimentos y sostener extenuantes jornadas laborales, en especial entre los mineros del carbón.
Al cruzar el océano a bordo del velero Mimosa, la costumbre echó raíces de inmediato en el territorio chubutense:
«Cuando revisamos los registros de las primeras viviendas de la colonia encontramos que el té ya estaba presente en las cocinas. Incluso existe una fotografía recuperada por el historiador Leonardo De Bella que muestra una ceremonia de té en una casa de Rawson, cuando todavía ni siquiera existía la provincia de Chubut», destaca Olsen.
Del ámbito familiar al símbolo de identidad provincial
Durante décadas, la cultura galesa se conservó de forma íntima en los hogares. No obstante, la celebración del centenario del arribo de la colonia en 1965 marcó un hito histórico. A partir de ese momento se impulsaron los concursos de torta galesa, se revalorizó el legado pionero y las casas de té se multiplicaron en localidades como Gaiman y Trevelin.
Olsen sostiene que dicha transformación consolidó el patrimonio regional a mediados del siglo XX:
«El gran cambio llegó con el centenario de la llegada del Mimosa y con los primeros años de la provincia. Allí la cultura galesa pasó a ocupar un lugar central dentro de la construcción de la identidad chubutense», explica el especialista.
El impacto global tras la visita de Lady Di
Un hito clave en la proyección internacional de esta costumbre ocurrió en 1995, cuando la princesa Diana de Gales visitó una tradicional casa de té en Gaiman. El acontecimiento captó la atención de la prensa global y posicionó al ritual patagónico en el mapa turístico mundial.

Para el investigador, el paso de Lady Di dejó una huella profunda que trascendió la promoción turística:
«Puso al té galés y a la tradición galesa de la Patagonia en los medios internacionales, pero también hizo que muchas personas descubrieran que en Chubut todavía se habla galés y que esa cultura seguía viva», analiza Olsen.
Una costumbre viva y en constante evolución
Al evaluar la autenticidad del servicio, el antropólogo remarca que no existe un método único para preparar o servir la mesa:
«Es como preguntar si existe un único asado o una única pizza. Cada familia tiene su manera de prepararlo, pero eso no significa que deje de existir una comunidad o una tradición compartida», sostiene Olsen.
En ese sentido, el especialista resalta la capacidad de adaptación de la propuesta gastronómica sin perder sus orígenes:
«Las tradiciones están vivas. Justamente por eso el té puede incorporar nuevos productos o nuevas costumbres sin perder su esencia, porque sigue siendo una práctica social que reúne a las personas», agrega.
Finalmente, Olsen enfatiza la importancia de preservar el sentido comunitario por encima del aspecto comercial:
«Lo importante es que quienes visiten Chubut puedan conocer cómo realmente vive esta comunidad, compartir un té con quienes mantienen viva la tradición y entender que detrás de cada mesa hay una historia», concluye el antropólogo.
A casi 161 años de su llegada, las recetas, los panes y las tortas pueden presentar variantes según cada hogar, pero el espíritu se mantiene inalterable: sentarse a la mesa, conversar y transmitir una historia viva que une a generaciones en el corazón de la Patagonia.
