El esquema de comunicación del Poder Ejecutivo quedó sumamente expuesto tras una escandalosa jornada en la sala de conferencias de la Casa de Gobierno.
En un momento de extrema vulnerabilidad política, donde el oficialismo intenta digerir un duro golpe legislativo, la estrategia para controlar el relato público sumó un nuevo y gravísimo dolor de cabeza. Las tensiones acumuladas en los pasillos oficiales terminaron detonando frente a los micrófonos, transformando una rutina informativa en un frente de batalla que expuso de forma cruda las debilidades del equipo presidencial.
«Busquen en redes»: la insólita defensa ante la prensa acreditada
El vocero presidencial, Adrián Ravier, protagonizó un severo traspié este martes al cruzarse de manera directa y tensa con los periodistas acreditados en la Casa Rosada. La polémica se encendió cuando fue consultado sobre las pruebas que sustentan la hipótesis del presidente Javier Milei respecto a una presunta campaña «anti argentina» internacional, una teoría que cobró fuerza luego de que desde Brasil rechazaran categóricamente que sus autoridades estuvieran financiando algún tipo de ataque coordinado. Sin argumentos sólidos, Ravier admitió abiertamente no tener a mano los datos que avalan los dichos del mandatario y ensayó una insólita respuesta al pedir a los cronistas «evaluar» las «fuentes que vienen de redes» sociales.
A través de la cobertura de la periodista Sofía Rojas, el funcionario intentó justificar la teoría conspirativa apuntando a factores ideológicos: «Lo que vemos es un sentimiento, una animosidad contra los argentinos, en el entorno del mundial y de acuerdo a la figura de nuestro Presidente. Por el liberalismo que él expresa, nos permiten observar que ese sentimiento no es solo por el plantel argentino sino que hay algo más que tiene que ver con su figura. Habría que buscar las fuentes que se mencionan, en este momento no las tengo». Esta llamativa falta de precisión no es una novedad en la gestión de Ravier, quien mantiene una dinámica de conferencias sumamente restrictiva, limitando la participación a una sola pregunta por comunicador, apelando a introducciones didácticas pero extremadamente extensas que derivan en respuestas cortas y con escaso nivel de detalle.
Un off revelado por error y la feroz autocrítica comunicacional
La temperatura de la sala se elevó al máximo cuando el vocero presidencial abandonó su habitual perfil técnico para confrontar abiertamente con los trabajadores de prensa debido al uso que estos hacen de sus redes sociales personales y a los contactos que mantienen con la cúpula ministerial. En un arrebato de confrontación que causó estupefacción general, Ravier cometió un error amateur en la disciplina informativa al revelar en plena transmisión en vivo la existencia de un intercambio de información en carácter de off the record que había mantenido horas antes con uno de los integrantes del Gabinete Nacional.
Estos nuevos desaciertos del portavoz se producen en un contexto sumamente enrarecido y crítico para Balcarce 50. El Poder Ejecutivo se encuentra sumido en una profunda autocrítica interna tras el durísimo revés legislativo sufrido en el Senado con la media sanción de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El fracaso obligó al oficialismo a rediscutir de urgencia el modo en que comunican sus proyectos. «No tuvimos buenos interlocutores», admitió con dureza una fuente legislativa pocas horas antes de aquella sesión, diagnóstico que fue ratificado por un alto funcionario del entorno presidencial quien sentenció sin anestesia: «Estamos en un buen momento, pero comunicando mal. Están pasando cosas buenas y no las podemos informar como merecemos». El descontrol del vocero enciende las alarmas en el Gobierno, que busca desesperadamente ajustar la línea discursiva en medio de severas trabas operativas.
