El presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Daniel Salamone, rechazó enérgicamente los reclamos de la comunidad técnico-científica y calificó de «falsa» la existencia de una «fuga de cerebros» en la Argentina.
Sin embargo, investigadores y directores de unidades ejecutoras salieron al cruce para refutar sus dichos, advirtiendo sobre salarios por debajo de la canasta básica, el congelamiento de subsidios y la parálisis de proyectos.
En diversas declaraciones a la prensa, el funcionario libertario sostuvo que su visión sobre el sistema científico «está muy lejos de esta idea mal expresada del cientificidio» y desmintió el desfinanciamiento. Salamone afirmó que la cantidad de becas otorgadas actualmente «supera a la de años previos» y argumentó que las emigraciones de investigadores respondieron a la gestión anterior, remarcando que el objetivo oficial es «conservar la excelencia e incrementar el impacto productivo».
Por su parte, la comunidad científica se movilizó al Obelisco para exigir inversión estatal, alertando que los recursos destinados al área cayeron a mínimos históricos cercanos al 0,14% del PBI, en comparación con el 0,32% registrado en períodos anteriores.
Para los investigadores, las declaraciones son «desafortunadas»
Las respuestas desde el interior del organismo no se hicieron esperar. Daniel Feierstein, docente e investigador principal del CONICET por el Centro de Estudios sobre el Genocidio de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), tildó las afirmaciones del titular del organismo como «muy desafortunadas».
«El salario de docentes e investigadores es históricamente, no solo el más bajo, sino casi absurdo. Quizá la crisis del 2001, o en el 2002, sería un punto más o menos comparable. Creo que, incluso, hemos llegado a niveles equivalentes o más bajos que ese momento», señaló Feierstein.
El investigador agregó que la falta de financiamiento destruye la operatividad diaria de los laboratorios y frena proyectos ya vigentes:
«Este Gobierno ha destruido la posibilidad de investigar e incluso ha aplicado un criterio arbitrario en algunos de los proyectos que han estado en pie. Tener los informes aprobados y no poder continuar es una situación legalmente escandalosa», advirtió, remarcando que la precariedad impulsa la salida de profesionales hacia el exterior o el sector privado.
Pérdida de recursos humanos y parálisis de proyectos
Desde las unidades ejecutoras también se expresaron críticas hacia la falta de un plan estructurado para el sector. Juan Esteban Ugalde, director del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), remarcó la parálisis organizativa:
«Ingresos hay menos. Puede ser que las becas tomadas de un año a otro sea igual o mayor, pero me parece que no es el foco de la discusión. Lo que no hay es una política científica. Desde hace dos años no hay ninguna política propuesta», aseveró Ugalde, añadiendo que en los laboratorios se percibe con claridad que «el sistema se está enflaqueciendo».
En una línea similar, Juan Manuel Carballeda, doctor en Ciencias Biológicas (UBA) e investigador especializado en virología, dirigió sus cuestionamientos directamente a la máxima autoridad de la institución:
«Es una lástima que se haya expresado de esa forma porque él es científico del CONICET y conoce bien lo que está pasando. Creo que va a quedar en la historia como uno de los grandes destructores del sistema científico nacional», lamentó Carballeda.
El virólogo concluyó advirtiendo sobre el deterioro acelerado de la estructura científica nacional:
«Vemos cómo el sistema científico se está destruyendo, probablemente, como nunca en la historia argentina. Estamos sobreviviendo como podemos, viendo cómo todos los días compañeros y compañeras abandonan un sistema que le costó al país décadas de inversión».
