El panorama del empleo y la juventud en la Argentina atraviesa un cimbronazo profundo y multifacético.
Un contundente estudio desarrollado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió las alarmas de la sociología y la economía al exponer el fenómeno de los «triple ni»: jóvenes de 18 a 29 años que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo. Este grupo, que abarca a 1 de cada 3 jóvenes fuera del sistema educativo y productivo, refleja un peligroso desenganche de las instituciones tradicionales de integración social, agravado por una crisis económica donde el primer empleo resulta inaccesible y la automatización elimina puestos iniciales.
Vulnerabilidad extrema, tareas invisibilizadas y la ruptura con la rutina
Los datos elaborados por el Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA en el marco del proyecto PIDAE revelan que el 48,9% de estos jóvenes habita en condiciones de vulnerabilidad social, residiendo mayoritariamente en hogares numerosos (46,2% vive en casas con 5 o más integrantes) y con una ínfima presencia de hogares monoparentales (2,9%). Dentro del universo «ni-ni» —que abarca a 2 de cada 10 jóvenes en el país— coexisten realidades complejas: mientras muchos asumen tareas de cuidado familiar que quedan ocultas en los registros oficiales, una franja en constante aumento ha abandonado definitivamente la búsqueda tras reiteradas frustraciones o ha quedado atrapada en la informalidad.
Paralelamente, quienes sí logran insertarse profesionalmente están redefiniendo el significado del éxito. La especialista en Recursos Humanos Patricia Jebsen detalla que cerca del 70% de la Generación Z rechaza el modelo corporativo clásico de «hacer carrera» o ascender a cargos jerárquicos. Priorizando la flexibilidad, la salud mental y el tiempo libre, estos trabajadores prefieren cambiar de empresa cada uno o dos años e incluso renunciar sin tener otra propuesta asegurada para alejarse de ambientes desgastantes.
Un mercado disconforme y la encrucijada de los mayores de 50 años
Esta transformación cultural impone un reto inédito para los líderes empresariales, obligados a gestionar plantillas donde conviven hasta cuatro generaciones distintas. Un sondeo regional de Jebsen arrojó un dato revelador: el 96% de los trabajadores activos busca empleo o está dispuesto a escuchar ofertas, dejando apenas a un 4% plenamente satisfecho con su puesto actual. La retención de talento ya no pasa por el salario, sino por ofrecer proyectos personalizados, flexibilidad y una experiencia laboral saludable.
El escenario se vuelve aún más complejo en el extremo opuesto de la pirámide poblacional. Mientras la juventud enfrenta barreras de acceso, los trabajadores mayores de 50 años sufren severas dificultades para reinsertarse al quedar desempleados. Ante la extensión de la expectativa de vida y jubilaciones insuficientes, la reinvención mediante consultorías, emprendimientos o plataformas digitales dejó de ser una alternativa opcional para convertirse en una necesidad imperiosa antes de quedar fuera del sistema.
