Los cimientos del poder político en la Argentina sufren un drástico reordenamiento de cara al futuro legislativo y la gobernabilidad.
En un giro inesperado que sacude los pasillos de Balcarce 50, el expresidente de la Nación y actual líder del PRO, Mauricio Macri, destrabó los teléfonos e inició un acercamiento directo con la secretaria general de la Presidencia. El objetivo final de la jugada es sepultar los feroces cortocircuitos recientes y edificar, bajo condiciones estrictas, una mesa formal de negociación que permita reordenar el rumbo de la convivencia institucional con las fuerzas libertarias.
Cónclave de urgencia en Casa Rosada para reconstruir el vínculo
La sorpresiva tregua política se materializará de inmediato. Tras el contacto directo entre los dirigentes, se selló la convocatoria para una reunión cumbre que tendrá lugar este jueves a las 11:00 horas en la Casa de Gobierno. Para esta misión de altísima sensibilidad, el exmandatario envió a sus espadas de máxima confianza: el jefe de la bancada de diputados nacionales del PRO, Cristian Ritondo, y el secretario general del partido, Fernando de Andreis.
Del otro lado de la mesa de negociaciones, el oficialismo desplegará a sus hombres de mayor peso estratégico. Los delegados macristas serán recibidos de primera mano por el jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien estará escoltado por el subsecretario de Gestión Institucional y mano derecha de la hermana del Presidente, Eduardo “Lule” Menem. La meta central de este primer careo de equipos es «reconstruir la confianza» mutua, robustecer la coordinación técnica en el Congreso y blindar de forma definitiva el proceso de reformas estructurales impulsado por la administración de Javier Milei, reconociendo el rol histórico del PRO como sostén de los proyectos libertarios.
El chat privado y el profundo escepticismo que oculta el expresidente
La bomba política estalló internamente cuando el propio exjefe de Estado transmitió los pormenores de su pacto con la funcionaria a través del chat cerrado de la mesa ejecutiva de su espacio. No obstante, las sonrisas hacia afuera esconden una profunda tensión interna. Macri admitió ante sus íntimos continuar sumamente «escéptico» respecto a las posibilidades reales de sellar un acuerdo duradero en el tiempo con los libertarios, aunque ordenó taxativamente «agotar todo intento de que a este gobierno le vaya bien» a lo largo de este año.
Desde la trinchera amarilla aclararon con firmeza que este operativo de contención bajo ningún concepto contempla, en esta etapa prematura, el diseño de una alianza electoral con vistas a los comicios de 2027 ni el desembarco masivo de dirigentes del PRO en ministerios nacionales. La prioridad absoluta pasa por aceitar los canales de diálogo parlamentario, destrabar leyes clave y pacificar la violenta convivencia territorial que mantienen ambos partidos en distritos calientes como la provincia de Buenos Aires. Por su parte, voceros directos de la Casa Rosada evitaron confirmar la charla telefónica entre los líderes, limitándose a catalogar el encuentro con Santilli como una «reunión técnica de equipos» donde hablar de candidaturas es algo totalmente apresurado.
