El exembajador analizó los 204 años de relaciones con EE. UU. y advirtió por el abandono regional.
En un exhaustivo análisis sobre la política exterior argentina, el exgobernador de Mendoza, exembajador en Estados Unidos y Chile, y expresidente del CARI, José Octavio Bordón, repasó la trayectoria bicentenaria del vínculo diplomático entre Argentina y Estados Unidos iniciado en 1823.
Claves históricas, vigencia diplomática y las etapas de mayor acercamiento
A pesar de los momentos de alta tensión registrados a lo largo de 204 años ininterrumpidos —cuyo episodio más severo fue el respaldo militar estadounidense al Reino Unido durante la Guerra de Malvinas tras el fracaso de la mediación del secretario del Departamento de Estado, Alexander Haig, y las gestiones de Perú y la ONU—, la preservación de los canales oficiales se mantiene como un activo estratégico fundamental.
La historia diplomática del Cono Sur estuvo moldeada primeramente por las tensiones coloniales europeas, sucedida por la disputa entre el imperio británico y la potencia emergente norteamericana, para luego consolidar la preponderancia estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial.
En ese devenir, el diplomático identificó tres momentos de estrecha cercanía bilateral: la Dictadura Militar de 1976 en el marco de la Guerra Fría; la gestión de Carlos Menem en la década de 1990 bajo la hegemonía posterior a la caída del Muro de Berlín en 1988; y el proceso actual encabezado por el presidente Javier Milei en el contexto de un bipolarismo conflictivo no hegemónico entre Estados Unidos y China.
Críticas a la política exterior libertaria, alineamiento y el factor China
Bordón marcó contundentes diferencias entre el modelo de los años noventa y la estrategia del Poder Ejecutivo actual.Durante el menemismo se desplegó una política de Estado coordinada tanto con administraciones republicanas (George Bush) como demócratas (Bill Clinton), preservando la integración de paz con Brasil y Chile iniciada por Raúl Alfonsín en 1983.
En contraste, cuestionó que la gestión de Milei aplique un alineamiento automático y personal con Donald Trump,relegando la prioridad hacia los vecinos del Cono Sur y guiándose por simpatías ideológicas con los mandatarios de turno.Si bien el oficialismo apela al «Realismo Periférico» formulado por Carlos Escudé cuatro décadas atrás, se advierte que descuidar la diversidad regional limita la autonomía nacional en un escenario multipolar.
El tablero mundial actual muestra que la competencia entre Washington y Beijing —iniciada en 1972 con el histórico encuentro entre Richard Nixon y Mao Tse Tung y afianzada desde la presidencia de Barack Obama— convive con una profunda interdependencia: el intercambio entre ambas potencias alcanzó los US$ 485.000 millones en 2025 tras caer un 25%. Ante este escenario y la iniciativa del «Escudo de las Américas» —que cuenta con la adhesión argentina pero sufre las notables ausencias de Canadá, México y el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva—, analistas como Patricio Carmody, Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlian coinciden en que la Argentina debe apuntar a un «Multipolarismo Vinculante».
Esta estrategia busca potenciar una matriz de inversiones liderada por EE. UU., España y Holanda (seguida por Francia, Alemania, Brasil, China, Canadá e Italia) y proteger la diversificación del comercio exterior, donde Brasil representa el 15% de los envíos, India y ASEAN superan el 10% con superávit, y China, la Unión Europea y EE. UU. absorben cada uno cerca del 10% de los embarques nacionales.
