La firma del tratado comercial entre el Mercosur y la Unión Europea no despeja todas las dudas. La inclusión de cláusulas que permiten a Europa aplicar salvaguardias a 24 productos agropecuarios clave mantiene en alerta a los exportadores argentinos.
La rúbrica del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, celebrada el pasado fin de semana en Asunción, dejó un sabor agridulce en el sector agroindustrial argentino. Más allá de la apertura de un mercado de 450 millones de consumidores, persiste una gran preocupación por un mecanismo incluido en la «letra chica» del tratado: las salvaguardas agrícolas.
Según Noticias Argentinas, la Comisión Europea habría cedido a las presiones de países como Italia e incluyó una lista de 24 productos que podrían ser protegidos si un aumento repentino de las importaciones afectara a sus productores locales.
La lista es extensa y abarca bienes fundamentales para la cadena de exportación argentina: carnes bovinas, porcinas y de ave, lácteos, maíz, arroz, azúcar, miel, cítricos, huevos y hasta etanol y biodiesel. Para el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, esta medida introduce un alto grado de incertidumbre. «La razón de ser de un acuerdo es la creación de comercio, pero lo podés matar con las salvaguardias», afirmó.
Los mecanismos de activación: un aumento del 5% que preocupa
El riesgo no es abstracto. Las salvaguardias se podrían activar bajo dos condiciones principales, cuyos parámetros exactos aún deben definirse. La primera sería un «aumento considerable» en el volumen de importaciones de un producto específico en un corto lapso, superior al 5%comparado con el promedio de los últimos tres años. La segunda condición sería que el incremento de las exportaciones desde el Mercosur provoque una caída del 5% o más en el precio interno del producto dentro de la Unión Europea.
Estos umbrales, considerados bajos por los exportadores, otorgan a los países europeos una herramienta discrecional para frenar importaciones con el argumento de proteger a sus sectores internos. «Es una situación bastante preocupante, porque esto lo establece la UE unilateralmente», criticó Idígoras, quien además cuestionó la necesidad real de estas medidas. Según su análisis, las exportaciones del Mercosur hacia Europa representarían apenas el 1% del consumo aparente del bloque, por lo que considera que el riesgo de daño al agro europeo es mínimo y que la medida responde más a una cuestión de «política pura» interna.
El desafío pendiente: la ratificación y el fantasma del proteccionismo
El acuerdo, aunque firmado, aún debe ser ratificado por los parlamentos de todos los países miembros de ambos bloques, un proceso que puede demorar años. Este período será clave para que las partes negocien y clarifiquen los alcances y los procedimientos exactos de aplicación de estas salvaguardas.
La controversia por las cláusulas agrícolas pone de relieve una tensión de fondo: la contradicción entre el discurso liberal a ultranza del presidente Javier Milei y la aceptación de mecanismos proteccionistas que su gobierno calificaría como «mala palabra» en otro contexto. Mientras el gobierno nacional celebra el acuerdo como un hito histórico, los actores directos del sector exportador miran con cautela un instrumento que, en caso de ser aplicado de manera «irrestricta e imprudente», podría convertirse en una barrera encubierta y desvirtuar el espíritu de libre comercio que promueve el tratado. El éxito final del acuerdo dependerá no solo de su ratificación, sino también de que estas salvaguardas se utilicen como una verdadera excepción y no como la regla.




