Cholila bajo fuego: el desgarrador testimonio de Florencia Gorch.
La localidad cordillerana de Cholila atraviesa jornadas de profunda angustia debido al avance descontrolado de los incendios forestales. Florencia «Flopy» Gorch, reconocida deportista barilochense que reside en la zona desde hace dos años, relató la odisea de convivir con las llamas acechando su hogar.
Acostumbrada a los desafíos físicos extremos, Gorch describió esta experiencia no como una competencia, sino como una lucha desigual contra la naturaleza y la soledad institucional. El avance del fuego desde múltiples frentes generó durante días la percepción de un pueblo sitiado, donde la humareda y el calor sofocante transformaron el paisaje en un escenario dantesco.
Una semana de terror y la huida en la madrugada
El relato de Florencia pone de manifiesto la velocidad con la que el fuego puede cambiar el destino de una comunidad. “Fue una semana de terror”, sintetizó la deportista en diálogo con la radio. Durante los momentos más álgidos, el termómetro marcó entre 35 y 37 grados, acompañados por ráfagas constantes que alimentaron la propagación.
Según El Cordillerano, la situación alcanzó su punto máximo de tensión cuando recibió una alerta satelital de madrugada mientras se encontraba sola en su vivienda, obligándola a una evacuación de emergencia.
La deportista detalló la crudeza de ese instante con palabras contundentes: “A las dos de la mañana me llama mi pareja y me dice que salga de ahí ya. Lo hice y nunca vi nada así. Era como estar en el infierno”. A pesar de que la intensidad del fuego en las zonas altas disminuyó parcialmente, la desconfianza persiste.
“Nunca podés decir ‘ya está’”, advirtió Gorch, quien remarcó que, aunque bajó la temperatura, el peligro latente de reactivación por troncos encendidos o cambios de viento sigue siendo una amenaza real para las propiedades cercanas al bosque.
Críticas a la gestión estatal y la red de hermandad vecinal
Uno de los puntos más críticos del testimonio de Gorch se centró en la ausencia de acompañamiento por parte de las autoridades municipales y provinciales. La deportista denunció que, a pesar de vivir en un área vulnerable como el barrio Gendarmería, nunca recibió asistencia ni información oficial.
“Un desastre. Estoy en mi lugar y nadie vino a verme. Estoy preparada, tengo motobomba, pileta conectada, pero no esperaba que llegue nadie. La desinformación es total. Nadie te dice nada, nadie se preocupa”, sentenció, dejando en evidencia el sentimiento de abandono que prima entre los habitantes de la zona.
Frente a la inacción del Estado, surgió la solidaridad comunitaria como el único motor de defensa. Florencia relató cómo personas desconocidas se acercaron para ayudarla a poner a salvo a sus animales: “Tengo dos caballos y enseguida apareció Karina, un ángel de la guarda, que le dijo a su pareja: ‘tráiganlos a casa’. Yo no la conocía. Y así es acá, la hermandad que se arma es muy fuerte”. Esta red de protección vecinal permitió que muchos «defendieran su rancho» de forma colectiva, compartiendo recursos y manteniendo guardias de cenizas ante la falta de un plan de contingencia gubernamental.
El impacto emocional y la espera de la lluvia
Para Florencia Gorch, el dolor trasciende lo material. La tristeza por la pérdida del ecosistema que eligió para vivir es el sentimiento que hoy predomina tras el paso del frente ígneo. “Había elegido este lugar para desconectar, para estar tranquila. Empezar a pensar que vas a perder el bosque… eso duele mucho”, confesó conmovida. Aunque hoy el clima otorga un respiro con la baja de la temperatura y la ausencia de viento, el paisaje continúa dominado por una densa capa de humo que recuerda la fragilidad de la situación.
La comunidad de Cholila se mantiene en estado de vigilia, con la mirada puesta en el cielo a la espera de precipitaciones que ayuden a los brigadistas a liquidar los focos que aún permanecen activos en las profundidades de la cordillera. El testimonio de Gorch no es solo un relato de supervivencia personal, sino un llamado de atención sobre la necesidad de políticas de prevención más robustas y una comunicación más transparente hacia los ciudadanos que, año tras año, ven cómo el fuego amenaza su forma de vida y el patrimonio natural de la provincia.




