El gobierno de la India, uno de los mayores consumidores mundiales de crudo, busca activamente un camino para reducir su dependencia del petróleo ruso y evitar las sanciones comerciales de Washington.
Según DW, Nueva Delhi negocia con Estados Unidos la creación de un «corredor seguro» libre de sanciones que le permita reanudar las importaciones de petróleo de Venezuela. La información, que sigue a un reporte inicial de Reuters.
El objetivo estratégico es claro: sustituir el crudo ruso, por el que ya recibe aranceles punitivos de EE.UU., por el petróleo pesado venezolano, que es el tipo de hidrocarburo que mejor procesan las refinerías indias. Esta necesidad se agudiza con la caída de las importaciones rusas, que en enero cayeron a 1,1 millones de barriles diarios, lejos del pico de 2 millones registrado en 2025, según datos de la consultora Kpler.
Acuerdos políticos y un obstáculo clave: la velocidad de pago
Las gestiones políticas ya están en marcha. Este viernes, el primer ministro indio, Narendra Modi, mantuvo una llamada con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en la que acordaron «profundizar la cooperación energética» entre ambos países, según el ministerio de exteriores indio. Nueva Delhi también tiene un interés financiero directo: busca recuperar más de 1.000 millones de dólares en dividendos congelados de sus empresas estatales que operaban en Venezuela antes de las sanciones.
Sin embargo, el mayor obstáculo no es político, sino comercial. A pesar de los avances diplomáticos, los intermediarios y la petrolera estatal venezolana PDVSA están priorizando actualmente los envíos de crudo a Estados Unidos por una razón de liquidez: el trayecto a Texas garantiza pagos en 5 días, mientras que el viaje a la India toma unos 45 días. Para una Caracas urgida de divisas en efectivo, la diferencia es decisiva.
La tutela de EE.UU. y el fantasma de los embargos
La situación actual del petróleo venezolano está completamente bajo la tutela de Estados Unidos, que controla el sector tras la intervención del país. Este control otorga un marco de seguridad a los envíos directos a territorio estadounidense, mientras que los cargamentos con destino a Asia que navegan por aguas internacionales aún enfrentan el riesgo de embargo por parte de acreedoresde la deuda venezolana.
Además, la India enfrenta otro desafío interno: una de sus refinerías clave para procesar crudo pesado, Nayara Energy, es propiedad en un 49.13% de la rusa Rosneft. Esta participación podría complicar la obtención de una autorización expresa de Washington para importar petróleo venezolano, ya que implicaría un beneficio indirecto para una empresa sancionada.
La negociación por el «corredor seguro» revela la compleja red de interdependencias energéticas y geopolíticas globales. Mientras India busca diversificar su abastecimiento para mantener su crecimiento, y Venezuela ansía nuevos mercados de divisas, la llave final la tiene Washington, que debe decidir si flexibiliza su política para permitir este flujo, o si mantiene la presión máxima sobre Caracas, incluso a costa de las necesidades de un aliado estratégico como la India.




