Mientras los incendios en la cordillera de Chubut son finalmente contenidos tras devastar más de 22 mil hectáreas, surge una pregunta inevitable: ¿se pudo evitar esta tragedia? La respuesta, según expertos, es sí. En un mundo donde la Inteligencia Artificial (IA) y el Internet de las Cosas (IoT) son herramientas operativas, Argentina sigue combatiendo el fuego con métodos del siglo pasado.
La tecnología para una detección temprana y una prevención eficaz existe en el país, pero su implementación a gran escala choca con un obstáculo persistente: la falta de decisión política y una planificación estratégica de largo plazo. Según RN.
La información, analizada a partir de columnas de opinión especializada, señala que un sistema integral de prevención tecnológica para una provincia como Chubut tendría un costo estimado entre US$2 y US$5 millones. Esta cifra palidece ante las pérdidas económicas del último incendio, superiores a los US$100 millones, sin contar el daño ambiental irreparable. El debate ya no es técnico ni presupuestario, sino de voluntad para cambiar un paradigma obsoleto.
Un arsenal tecnológico listo para desplegarse: de la predicción a la extinción
La revolución en la lucha contra el fuego no comienza cuando las llamas son visibles, sino mucho antes. Los modelos predictivos basados en machine learning pueden anticipar con días de antelación las zonas de máximo riesgo. Estos sistemas procesan en tiempo real variables como velocidad del viento, humedad del suelo, tipo de vegetación e historial de incendios para generar mapas de riesgo dinámicos. Países como Canadá ya utilizan esta tecnología con éxito, permitiendo desplegar recursos de manera preventiva y no reactiva.
Cuando el riesgo se materializa, la detección debe ser inmediata. Aquí entran en juego redes de sensores IoT distribuidos en el bosque, que monitorean las 24 horas variables como temperatura y humedad, y envían alertas automáticas ante cualquier anomalía. Estas «guardianes electrónicos» se complementan con drones autónomos equipados con cámaras térmicas, capaces de patrullar por la noche vastas extensiones de terreno accidentado y detectar columnas de humo incipientes mucho antes de que el ojo humano pueda percibirlas.
Incluso durante la emergencia, la tecnología ofrece ventajas decisivas. Los gemelos digitales —réplicas virtuales en 3D del territorio— permiten simular en tiempo real la propagación del fuego según las condiciones climáticas. Esto no es ciencia ficción, sino una herramienta operativa que ayuda a los comandantes a tomar decisiones informadas sobre evacuaciones, ubicación de brigadas y estrategias de combate, pasando de la intuición a la planificación basada en datos.
El verdadero desafío: superar la inercia y planificar a futuro
La barrera principal no es la tecnología, sino la gestión del cambio. Implementar estas soluciones requiere más que comprar equipos; exige un plan estratégico integral que muchos actores políticos parecen rehuir. Este plan debe incluir un diagnóstico específico para el territorio patagónico, la integración del nuevo sistema con el conocimiento local de brigadistas y guardaparques, y un programa de capacitación continua para el personal.
Además, se necesita una arquitectura de datos escalable y un plan de mantenimiento y actualización constante, pues la tecnología se deprecia rápidamente. Esto implica correrse de los ciclos electorales cortos para apostar por una política de Estado cuyos resultados más contundentes podrían verse en cinco o diez años. Mientras se siga priorizando el gasto multimillonario en apagar incendios sobre una inversión moderada en prevención, la historia de tragedias y pérdidas en Chubut y el resto del país estará condenada a repetirse.
La tragedia de Chubut deja una lección clara: Argentina tiene al alcance de la mano las herramientas para liderar una gestión moderna de sus recursos naturales y proteger a sus comunidades. El conocimiento técnico y los casos de éxito internacionales sobran. Lo que falta es la voluntad política para dejar atrás la lógica reactiva y adoptar, de una vez por todas, un enfoque proactivo, inteligente y sostenible en la lucha contra los incendios forestales. La pregunta que queda flotando en el aire, entre el humo y las cenizas, es cuántos desastres más serán necesarios para que esa decisión se tome.




