La directora de EcoGo alertó que la transición macroeconómica ya muestra costos visibles: caída del consumo, apertura importadora y presión letal sobre las hojas de balance. «El dólar ancla vuelve a atrasarse», disparó.
El ajuste fiscal y la apertura económica impulsados por el Gobierno ya no son una promesa de futuro: son una realidad que golpea puertas adentro de las empresas y en los bolsillos de los trabajadores. La reconocida economista Marina Dal Poggetto encendió todas las alarmas al analizar el impacto concreto del nuevo régimen macroeconómico en la estructura productiva y laboral argentina.
En diálogo con Splendid AM 990, la directora ejecutiva de la consultora EcoGo fue contundente: «Estás viendo destrucción de empleo formal y creación de empleo semiformal, fundamentalmente monotributo» . Según Noticias Argentinas , llega en un momento clave, cuando el debate por la reforma laboral acaba de convertirse en ley y la economía real comienza a mostrar sus fisuras.
El cambio de régimen: del «arbitraje» a la «normalización» que duele
Dal Poggetto describió con precisión quirúrgica el pasaje de un modelo a otro. «Estás transitando de un régimen a otro», explicó, comparando el esquema anterior (alta brecha cambiaria, tasas reales negativas, fuerte protección comercial) con el actual (menor distorsión cambiaria, tasas positivas, apertura de importaciones).
En el pasado, resumió con ironía, la lógica era simple: «Tomabas todos los pesos baratos que había en el sistema, comprabas todos los dólares baratos que te daba el Banco Central y si podías fijar precio eras Gardel» .
Hoy, el escenario es radicalmente distinto. «Normalizar la macro» implica que la brecha cambiaria «tendió a desaparecer» y las tasas de interés ya no son negativas. La consecuencia directa: «Hoy sí importa la demanda y parte de esa demanda es abastecida con un aumento en las importaciones» , especialmente en bienes de consumo y autos.
El empleo bajo la lupa: formal que se destruye, monotributo que crece
Uno de los puntos más críticos del análisis de Dal Poggetto es el comportamiento del mercado laboral. Si bien la tasa de desempleo mostró una suba moderada (del 5,7% al 6,6% en los últimos datos), el fenómeno central es otro: la composición del empleo está mutando peligrosamente.
«Lo que sí estás viendo es destrucción de empleo formal y creación de empleo semiformal, fundamentalmente monotributo», afirmó. Es decir, puestos registrados que desaparecen son reemplazados por figuras precarias, con menos derechos y menor protección social.
Esta tendencia, advirtió, se da en un contexto donde la reforma laboral recientemente aprobada apunta a actualizar una legislación «muy rezagada», pero se aplica sobre una economía que está perdiendo empleo registrado. «Le estás bajando alícuotas o el costo de las contribuciones patronales a lo nuevo en una economía que está perdiendo empleo», señaló, exponiendo una paradoja fiscal peligrosa.
Hojas de balance que crujen: la presión sobre las empresas
El cambio de precios relativos y la apertura comercial no son fenómenos abstractos. Dal Poggetto describió cómo impactan en la salud financiera de las compañías.
«Empezás a ver una distorsión en la hoja de balance», explicó. Muchos sectores enfrentan precios que evolucionan por debajo del promedio mientras sus costos avanzan por encima. Algunas empresas lograron recapitalizarse en el ciclo anterior, pero otras operan ahora con márgenes estrechos en un contexto recesivo.
«El cambio de los precios relativos tiene implicancias sobre las hojas de balance, sobre todo en un contexto recesivo», subrayó, anticipando un escenario de mayor estrés financiero para el entramado productivo.
El dólar ancla y el riesgo del atraso cambiario
La economista fue clara al señalar el uso del tipo de cambio como herramienta antiinflacionaria y sus consecuencias. «Hay una discusión detrás que tiene que ver con el uso del dólar como ancla y un tipo de cambio que lo estás volviendo a atrasar», indicó.
Tras la devaluación inicial que llevó el dólar oficial de 360 a 800 pesos, el tipo de cambio real alcanzó niveles elevados, pero luego comenzó a descender. «Si lo dejás clavado en estos niveles con una inflación en torno al 2,9% mensual, en dos meses volvés a bajarlo», advirtió, proyectando una pérdida acelerada de competitividad.
Inflación que no cede: febrero y marzo, dos meses calientes
En materia de precios, Dal Poggetto anticipó que los próximos registros serán elevados. «Febrero va a ser alta y marzo probablemente siga estando en esos niveles», dijo, atribuyendo la presión a subas en carne, combustibles, colegios y tarifas.
Recién en abril, estimó, el índice podría ubicarse más cerca del 2% mensual, siempre que el esquema cambiario se sostenga. Sin embargo, el daño sobre el poder adquisitivo ya está en marcha.
La clase media, en la mira: servicios indexados que asfixian
Dal Poggetto puso el foco en el deterioro del poder adquisitivo de los hogares, especialmente de la clase media. Explicó que el índice de precios refleja una canasta promedio, pero cada hogar enfrenta una estructura distinta.
«Hay una parte de los servicios, sobre todo de la clase media, que son bastante inelásticos», señaló, mencionando prepagas, colegios, expensas y tarifas. Estos rubros subieron por encima de la inflación desde el inicio de la gestión y «están indexados a una inflación donde los ingresos no están yendo con la inflación».
El cóctel explosivo: ajuste fiscal + recaudación en caída
Detrás de toda esta dinámica, Dal Poggetto identificó un problema fiscal de fondo. La recaudación «está cayendo y probablemente siga cayendo», mientras el ajuste se sostiene exclusivamente con contención del gasto.
La combinación de menor actividad, caída del empleo formal y presión sobre las empresas erosiona la base tributaria, poniendo en duda la sostenibilidad del ajuste en el mediano plazo.
El mensaje final: la estabilización tiene costos que ya se ven
«El proceso de estabilización y apertura tiene costos sociales y productivos que todavía se están desplegando», concluyó Dal Poggetto, en una advertencia que resume los riesgos del camino elegido.
Con una economía que transita de un régimen a otro, los síntomas de la transición ya están a la vista: empleo que se precariza, empresas que se descapitalizan y una clase media que ve cómo sus ingresos no alcanzan para cubrir servicios indexados. La pregunta que flota en el aire es cuánto más podrá soportar la estructura productiva antes de que el ajuste muestre su cara más cruda.




