La CGT reúne a su mesa chica en alerta por la reforma laboral.
La cúpula de la Confederación General del Trabajo (CGT) se prepara para una semana de definiciones políticas y gremiales de alto impacto. Este miércoles, la «mesa chica» de la central obrera mantendrá un encuentro clave con el objetivo de analizar el escenario legislativo en el Senado, donde el próximo viernes se debatirá el proyecto de reforma laboral. El clima en la calle se tensa mientras los sectores dialoguistas y los perfiles más combativos del sindicalismo intentan unificar criterios ante una ley que parece tener el camino allanado para su sanción definitiva.
Estrategia judicial y el costo político para el Senado
El encuentro del miércoles se encuentra en plena fase de organización, con lugar y hora aún por definirse, pero con una agenda clara: definir la respuesta ante la inminente aprobación de la reforma. Según Noticias Argentinas, la estrategia de la conducción cegetista no se centrará en un paro general inmediato, sino en trasladar la presión hacia el ámbito legislativo y judicial. Los dirigentes buscan hacerle pagar el “costo político” a aquellos senadores que levanten la mano a favor de la normativa el viernes.
En la mesa de conducción prima la idea de que «no hay contexto para una nueva medida de fuerza» masiva en este momento. Fuentes de la mesa de conducción señalaron ante la agencia citada: “Veremos qué se puede interpretar del malestar en la calle, pero no vamos a gastar recursos en medidas de acción directa”. En su lugar, se ratificará la postura de “accionar en tribunales” contra los capítulos que la central considera inconstitucionales, especialmente aquellos que limitan o impiden el derecho a huelga.
La presión de los sectores duros y el plan de lucha
Pese a la cautela de la cúpula central, la fractura interna es evidente. Sectores de postura más “dura”, nucleados en el Frente de Sindicatos Unidos (FreSu) —donde participan la UOM, Aceiteros, APLA y ATE—, definirán este martes un plan de lucha mucho más agresivo. Se espera el anuncio de un paro de 24 horas para el viernes, acompañado de “12 horas de movilización” frente al Congreso. Incluso, gremios como la UOM y aliados analizan extender la medida de fuerza hasta las 36 horas, lanzando un desafío abierto a la CGT para que se sume a la protesta.
Estos gremios «rebeldes» ya marcaron su distancia la semana pasada al movilizarse durante el paro general, desoyendo la directiva de la cúpula de realizar una jornada sin presencia en las calles. La tensión interna crece a medida que los sindicatos de base exigen una respuesta más contundente ante lo que consideran un retroceso histórico en los derechos adquiridos.
Voces en contra de la precarización laboral
El malestar sindical se fundamenta en los cambios introducidos al marco regulatorio. Tras la media sanción en Diputados del pasado jueves, diversos dirigentes expresaron su rechazo absoluto. Mariano Moreno, secretario general del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, fue uno de los más críticos al afirmar que: «El Congreso votó en contra de los trabajadores, de sus derechos y de sus familias. Han convertido a la clase trabajadora en futuros pobres y precarizados que, lejos de tener libertad, solo podrán elegir entre trabajar a destajo por nada o no comer».
Moreno también advirtió sobre la situación específica de su sector: “Este mismo Congreso sentenció a los trabajadores marítimos y fluviales excluyéndolos de la ley de Contrato de Trabajo (LCT), cercenando los derechos mínimos y despojándolos de una instancia de resolución judicial laboral, nos han desconocido y menospreciado”. El dirigente aseguró que, junto al FreSu, continuarán la discusión “en la calle y en la Justicia por injusta, inconstitucional y prepotente”.
La reforma laboral regresa al Senado tras un paso polémico por la Cámara baja, donde el oficialismo debió eliminar el artículo 44 que establecía bajas salariales para empleados con licencia por enfermedad, con el fin de asegurar los votos necesarios. El viernes, la Cámara alta tendrá la última palabra, bajo la atenta mirada de un sindicalismo que, aunque dividido en las formas, coincide en la peligrosidad del proyecto.




