La escalada bélica en el Estrecho de Ormuz comenzó a derramar sus efectos sobre la economía global, y el campo argentino no es la excepción
Según un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el conflicto está generando una paradoja para el productor local: mientras los precios internacionales suben por el impulso de los fondos de inversión, los valores internos enfrentan presiones bajistas por una oferta récord y el encarecimiento de los insumos.
El bloqueo logístico en el Golfo amenaza con disparar el costo de los fertilizantes, mientras el maíz local toca mínimos reales de ocho años.
Precios internacionales vs. realidad local
El canal de transmisión más directo ha sido el financiero. En apenas 30 días, los fondos de inversión en Chicago cambiaron su estrategia y compraron más de 540.000 contratos de futuros agrícolas, impulsando las pizarras globales ante el temor de interrupciones logísticas. Sin embargo, en la zona del Gran Rosario, la dinámica es opuesta.
La cosecha temprana de maíz inundó las terminales portuarias con una descarga de 800.000 toneladas en una semana, un volumen 141% superior al periodo anterior. Esta sobreoferta local provocó que el precio del maíz disponible retrocediera unos u$s 10 por tonelada, situándose cerca de los u$s 170. Tal como consignó el medio Ámbito en términos reales, los valores del grano en Argentina alcanzaron mínimos de ocho años pese al contexto bélico externo.
La amenaza de los fertilizantes y los costos de campaña
La mayor preocupación para la campaña 2025/26 radica en los costos de producción. Cerca del 25% del comercio marítimo de petróleo y el 20% del gas natural licuado (GNL) circula por el Estrecho de Ormuz. El gas representa el 80% del costo de producción de la urea, el fertilizante clave para el maíz y el trigo.
Con un tercio del comercio mundial de fertilizantes bajo amenaza logística, los productores argentinos enfrentan un posible encarecimiento de los insumos justo cuando los stocks finales de granos en el país podrían alcanzar un récord de 21 millones de toneladas. La combinación de fletes más caros y energía al alza podría recortar los márgenes de rentabilidad de una cosecha que, en volumen, promete ser histórica para el trigo y el girasol.




