La guerra que se desató a partir de los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán y la respuesta del régimen islámico, que extendió la crisis a todo Medio Oriente, volvió a mover una de las variables más sensibles de la economía global: el precio del petróleo.
Para la Argentina, que en los últimos años pasó de importador estructural de energía a exportador creciente gracias al desarrollo de Vaca Muerta y su infraestructura, el shock tiene un efecto ambiguo: puede repercutir en el ingreso de más dólares por exportaciones de crudo, pero también en presión sobre los precios de los combustibles y la inflación, en medio de un rebrote que ya lleva 9 meses.
El país ya tiene una producción récord de petróleo crudo, que a principios de 2026 pasó los 880.000 barriles por día. Con el consumo del mercado interno largamente satisfecho, cada nuevo barril que se produce va a la exportación, ya consolidada por encima de los 300.000 barriles diarios.
Producción récord y exportaciones crecientes
Con ese nivel de ventas al exterior, cada variación en el precio internacional se traduce rápidamente en divisas adicionales para la economía argentina, que, a su vez, vuelve como reinversión para acelerar la evacuación del shale oil.
Un alza de los precios del petróleo le da liquidez a las productoras y permite financiar los planes de inversiones con su propia caja, sin tener que recurrir al endeudamiento (cuyo costo para el país viene bajando).
De acuerdo con Clarín, el ex secretario de Energía Daniel Montamat, titular de la consultora Montamat & Asociados, contextualizó: «La guerra reafirmó la preeminencia de la geopolítica. Hay una reconfiguración del orden mundial, con dos prioridades: la seguridad alimentaria y la seguridad energética. Argentina y la región del Mercosur pueden ofrecer ambas cosas».
Como ejemplo, citó el contrato que firmó esta semana el consorcio Southern Energy -integrado por Pan American Energy (PAE), YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG- con la empresa estatal alemana SEFE por 8 años.
Después de la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, Europa cortó progresivamente sus importaciones de gas natural muy baratas y se volcó a las compras de gas licuado desde Estados Unidos y Qatar, que acaba de cortar el suministro por el bloqueo al Estrecho de Ormuz.
«Europa tiene que revalorizar el acuerdo con el Mercosur, no solo por los alimentos sudamericanos que compiten con los productos franceses, sino que la región pasa a ser importante para su seguridad energética. Esto es importante para avanzar con acuerdos y convertir a la Argentina en un nuevo actor en el mercado mundial de GNL», agregó Montamat.
Y concluyó: «Por supuesto que si los precios del petróleo se sostienen altos repercuten en la inflación mundial y es una mala noticia para Argentina. Pero si el conflicto desescala y el mercado deja de regirse por la geopolítica, hay una sobreoferta. Y entonces las productoras locales tendrán que seguir trabajando en la eficiencia de costos para ser competitivas».
Apenas iniciada la guerra el fin de semana pasado, Daniel Dreizzen, ex secretario de Planeamiento Energético y actual titular de la consultora Aleph Energy, calculó que la Argentina podría ver hasta 1.300 millones de dólares más de impacto comercial positivo.
El potencial petrolero del país se va a consolidar a fines de este año, con la inauguración de la primera etapa del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que ampliará la capacidad de evacuación de crudo de la cuenca neuquina y destrabará los cuellos de botella de infraestructura hacia Río Negro, donde se instalará una terminal de exportación.
Pero, con todo, el efecto económico de la guerra no es lineal. Una suba del petróleo también suele trasladarse, con distintas urgencias a los precios internos de la nafta, el gasoil y a otros costos asociados de la economía, como el transporte y los alimentos.
Como las refinadoras locales no trasladaron inmediatamente esta volatilidad global a los precios internos de los combustibles (nafta y gasoil), el atraso acumuló alrededor de 15% en lo que va de la semana, explicó a Clarín un alto ejecutivo del sector.
El impacto en Vaca Muerta
Para Martín Polo, estratega jefe de Cohen Aliados Financieros, el mercado petrolero podría absorber el shock relativamente rápido. “Creemos que la tensión sobre los mercados es transitoria. Ya ocurrió en otros episodios, como la invasión rusa a Ucrania y la guerra contra Irán el año pasado: hay una reacción inicial y luego los precios se acomodan”, explicó.
Según su escenario base, el conflicto no cambia las tendencias estructurales del mercado. “No vemos que ésto modifique el escenario del petróleo para este año. La visión de fondo era de un barril incluso más barato que en 2025, en torno a 55 o 60 dólares, por exceso de oferta”, señaló.
En ese marco, el economista estimó que el precio del crudo podría volver a niveles previos al bombardeo en cuestión de semanas. “La semana que viene o, a más tardar, el próximo mes, el petróleo debería estar volviendo a los niveles previos al conflicto”, afirmó.
El impacto sobre la inflación argentina también sería limitado, según Polo. “Puede haber un aumento puntual en los combustibles, pero no creo que el petróleo sea un factor inflacionario estructural. En todo caso le pone una pequeña trabita al proceso de desinflación”, dijo.
El riesgo mayor, de acuerdo a la visión del analista de Cohen, podría venir por el lado financiero. En contextos de tensión internacional los inversores suelen refugiarse en activos considerados seguros, como el dólar o los bonos del Tesoro de Estados Unidos. “Si el dólar se fortalece, es una mala noticia para las monedas emergentes, incluida la Argentina”, explicó.
En cambio, para las petroleras locales el escenario podría ser más favorable si el conflicto se prolonga.
Matías Cattaruzzi, analista del sector energético en AdCap, sostuvo que un precio del crudo más alto durante varios meses beneficiaría sobre todo a las compañías con mayor perfil exportador.
“La más favorecida sería Vista Energy, que exporta más de 40% de su producción. Después aparece YPF y luego Pampa Energía”, explicó.
El impacto en los balances, sin embargo, no sería inmediato. Muchas petroleras venden parte de su producción con contratos a precio fijado o coberturas financieras para estabilizar su flujo de caja. “La mayor parte de las compañías tienen hedgeada su producción a un mes o un trimestre”, señaló Cattaruzzi.
Aun así, un escenario de petróleo sostenidamente más alto podría mejorar de forma significativa la rentabilidad del sector. Según sus cálculos, si el precio del crudo se ubicara US$10 por encima del nivel actual durante todo el año, Vista podría sumar alrededor de US$ 300 millones adicionales de EBITDA (rentabilidad bruta), sobre una proyección anual cercana a US$ 1.800 o 1.900 millones.
El efecto sobre YPF sería más moderado en el corto plazo porque una parte relevante de su producción se destina a abastecer sus propias refinerías, que perderían márgenes si no trasladan al mercado interno esta volatilidad actual. El beneficio para YPF podría crecer a medida que la compañía aumente el peso del shale dentro de su portafolio y eleve su capacidad exportadora.
Por ahora, el mercado apuesta a que el shock sea transitorio. Pero si la tensión se prolonga, Vaca Muerta podría convertirse en uno de los ganadores inesperados del nuevo mapa energético internacional.
Una guerra en el corazón petrolero mundial
La guerra en Medio Oriente alteró el funcionamiento del corazón petrolero del mundo. Por el Estrecho de Ormuz -ahora bloqueado- transitan unos 20 millones de barriles por día de petróleo crudo y líquidos, aproximadamente un 20% de la producción mundial o más de 1.600 millones de dólares diarios a precios actuales.
En esa región están varios de los principales países productores de petróleo y gas como Arabia Saudita, Qatar, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait, Bahrein y Omán.
El conflicto regional disparó un 20% los precios del petróleo esta semana, y un 60% los valores del gas puesto en Europa, que es el mercado a donde apunta llegar la Argentina inicialmente a partir de 2027 y más profundamente desde 2030.
El comprador que más energía demanda de la zona de conflicto es China, que tendrá que redirigir su consumo, al menos transitoriamente.
La dinámica antes de la guerra ya llevaba a varios organismos a anticipar una oferta global que crecería más rápido que la demanda, generando un excedente de petróleo en 2026. La Agencia Internacional de Energía (IEA) llegó a estimar un exceso de hasta 4 millones de barriles por día sobre la demanda en ese año si se mantenían las tendencias de producción y consumo previas al conflicto.
En paralelo, la Administración de Información Energética de Estados Unidos proyectaba que el precio promedio del Brent caería a cerca de US$ 58 por barril.
Un documento de Rystad Energy que circula en la industria subraya que ante incertidumbres logísticas como el cierre de Ormuz, los mercados premian el suministro físico inmediato, como el que puede ofrecer la Argentina.
La amenaza logística y geopolítica se vuelve a incorporar al precio internacional, no porque vaya a faltar petróleo en el futuro, sino porque hay incertidumbre sobre las rutas de evacuación, la infraestructura y la seguridad de suministro a largo plazo.




