El peronismo de Chubut atraviesa un proceso de reconfiguración donde las cartas empiezan a echarse sobre la mesa.
Pero en este juego, mientras algunos apuestan con capital propio, otros —los de siempre— intentan «colgarse» de los que todavía tienen resto.
En el reciente Congreso del PJ en Esquel, quedó en evidencia la desesperación de La Cámpora por mimetizarse con la figura de Juan Pablo Luque, un cuadro político formado y con proyección que hoy corre el riesgo de ser asfixiado por este «abrazo del oso».

Infiltración y desesperación
No es una alianza de iguales, es una infiltración. Personajes como el diputado provincial Emanuel Coliñir, el Intendente de Dolavon Dante Bowen, el vacunado vip, compañero de Play de Máximo Kirchner, el exsenador nacional Santiago Igón saben perfectamente que sus nombres generan un rechazo visceral en gran parte del Peronismo Chubutense.

El «cristinismo» cerril que representan ha chocado una y otra vez contra la realidad de una provincia que no quiere recibir órdenes de San José 1111 Buenos Aires.
Ante el vacío de ideas propias, la estrategia es clara: pegarse a Luque como garrapatas. Tan es así la «chupada de medias» que Dante y Emanuel se peleaban por cebarle mates.
Intentan mostrarse como «parte de», cuando en realidad son el lastre que impide que el peronismo de Chubut termine de renovarse con una identidad federal y productiva.

Los «Copiadores» de proyectos y la falta de gestión
La falta de vuelo político de estos dirigentes es alarmante. El caso del «Proyecto Guanaco» es vergonzoso: una idea que le sustrajeron al exdiputado Tirso Chiquichano y que, tras el robo intelectual, Coliñir y Bowen fueron incapaces de hacer avanzar un solo centímetro en la legislatura provincial. Esa es la radiografía de La Cámpora en Chubut: mucha retórica, mucha selfie con la militancia rentada, pero gestión cero y creatividad inexistente.

Luque ante un dilema vital: ¿Líder o rehén?
Juan Pablo Luque representa una alternativa peronista con trayectoria y una gestión en Comodoro Rivadavia que lo avala. Tiene el perfil de un dirigente capaz de dialogar con todos los sectores y proyectar un Chubut diferente. Sin embargo, su mayor enemigo hoy no es la oposición, sino la «infiltración camporista».

Permitir que estos personajes —repudiados por el ciudadano común que asocia a La Cámpora con la vagancia, la soberbia y el vivir de la teta del Estado— lo rodeen en los actos y se cuelen en su armado político es un error estratégico que Luque podría pagar muy caro. El electorado no quiere «más de lo mismo» disfrazado de renovación.
»El peronismo de Chubut necesita un conductor, no un vehículo para que los sobrevivientes de La Cámpora mantengan sus privilegios. Luque debe elegir: o se rodea de cuadros productivos, de gente trabajadora o se convierte en el salvavidas de quienes ya naufragaron políticamente.»
La hora de la purga necesaria
El peronista de pura cepa ve con preocupación cómo estos «Cristinistas» intentan copar la parada. La renovación del PJ no vendrá de la mano de «La Campora».

Si Luque quiere consolidarse como la opción real para los chubutenses, debe marcar una línea de cal infranqueable. Separarse de la sombra de Cristina y, fundamentalmente, de los delegados locales que solo buscan «colgarse» de su saco para no terminar en el olvido político. En el peronismo que viene, sobran oportunistas y falta audacia para decirles «basta».





