«Chiqui» Tapia contactó al gendarme Nahuel Gallo antes de su regreso.
El regreso de Nahuel Gallo a suelo argentino, tras permanecer 448 días detenido en la cárcel de El Rodeo, en Venezuela, ha desatado una fuerte controversia en las esferas del poder nacional. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, detalló las circunstancias del operativo de repatriación y reveló un dato hasta ahora desconocido: una comunicación directa entre el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y el gendarme minutos antes de despegar.
La funcionaria se mostró crítica ante lo que calificó como una «necesidad de protagonismo» por parte de la entidad deportiva en un asunto de Estado. Según Radio Mitre, el rol de la AFA no se limitó únicamente al traslado logístico, sino que actuó como un canal de interlocución directa. En declaraciones televisivas, Monteoliva fue tajante al afirmar que la organización «no solo hizo de taxi, fue negociador y taxi», dejando entrever una competencia de influencias con los esfuerzos diplomáticos del Gobierno.
El operativo de extracción y la videollamada de Tapia
Los detalles sobre las últimas horas de Gallo en territorio venezolano describen una situación de extrema tensión e incertidumbre para el gendarme. Según relató la ministra Monteoliva, Gallo fue trasladado hacia un aeródromo completamente encapuchado y sin conocimiento previo de quiénes lo rescatarían. En ese estado de aislamiento, incluso se negó a ingerir alimentos y se dedicó a realizar actividad física para mantener la calma.
Al llegar al pie de la aeronave rentada por la institución futbolística, fue recibido por personas identificadas con logos de la entidad. Fue en ese preciso instante, antes de abordar, cuando se produjo el contacto clave. «Recibe una llamada de Chiqui Tapia y ahí es cuando él confirma que eran de la AFA», reveló la funcionaria. En dicha comunicación, el dirigente le dio la bienvenida al país: «Bueno, volvés a la Argentina», a lo que el gendarme respondió con un escueto «gracias», cerrando una conversación marcada por el agotamiento del liberado.
El estado de salud: señales del síndrome de cautiverio
Más allá de la disputa política por la autoría del rescate, la salud de Nahuel Gallo es el foco de preocupación médica tras casi 450 días de encierro. Especialistas en salud mental y física, como el doctor Jorge Tartaglione, han señalado que el comportamiento del gendarme tras su llegada coincide con el denominado síndrome de cautiverio.
Este cuadro clínico es una respuesta psicológica que se manifiesta tras periodos prolongados de aislamiento y violencia. Se caracteriza por una contención emocional extrema y una dificultad manifiesta para expresar o verbalizar el trauma vivido. Según los especialistas, es frecuente que el cuerpo se recupere más rápido que la psiquis, presentándose síntomas persistentes como insomnio, pesadillas recurrentes, cuadros de ansiedad y una incapacidad severa para alcanzar estados de relajación, incluso encontrándose ya en un entorno seguro y familiar.
Un regreso marcado por la tensión institucional
El caso de Nahuel Gallo deja abierta una herida en la relación entre el Ministerio de Seguridad y la conducción de la AFA. Mientras el Gobierno insiste en que las gestiones oficiales fueron las que posibilitaron la liberación, la aparición de aviones privados y negociadores de la federación de fútbol ha desplazado, al menos mediáticamente, el rol de la cancillería.
Gallo, quien se mostró emocionado durante su primer izamiento de bandera en la sede de Gendarmería, deberá ahora enfrentar un largo proceso de rehabilitación psicológica para procesar los 448 días que pasó en una de las cárceles más complejas del continente. El debate sobre quién «negoció» realmente su salida parece estar lejos de terminar, sumando un nuevo capítulo a la tensa relación entre el fútbol y la política nacional.




