El cine argentino despide a una de sus figuras más trascendentales.
Luis Puenzo, director, guionista y productor, falleció este martes en Buenos Aires a los 80 años. La noticia fue confirmada por Argentores, entidad que destacó su legado como un pilar fundamental de la cultura nacional. Puenzo, quien se encontraba retirado de la actividad pública por problemas de salud, será recordado eternamente por haber llevado al cine argentino a la cima de Hollywood con una obra que puso voz al dolor de la dictadura.
El hito de «La historia oficial» y la memoria colectiva
En 1986, apenas unos años después del regreso de la democracia, Puenzo conmovió al mundo con «La historia oficial». Protagonizada por Norma Aleandro y Héctor Alterio, la película narra el despertar de una mujer frente a la sospecha de que su hija adoptiva podría ser hija de desaparecidos. La cinta no solo obtuvo el Oscar a la Mejor Película Extranjera —el primero para el país—, sino que se convirtió en una herramienta de denuncia internacional sobre la apropiación de bebés y la lucha incansable de las Madres de Plaza de Mayo.
Carrera internacional y grandes producciones
Tras el éxito de su obra cumbre, Puenzo consolidó una carrera de proyección internacional única para su época. Dirigió «Gringo viejo» (1989), basada en la novela de Carlos Fuentes y protagonizada por leyendas como Jane Fonda y Gregory Peck. En 1992, se puso al frente de «La peste», una adaptación de la obra de Albert Camus que contó con un elenco estelar integrado por William Hurt, Robert Duvall y Sandrine Bonnaire, reafirmando su capacidad para liderar proyectos de gran escala técnica y narrativa.
Un arquitecto de la industria audiovisual
Más allá de su rol detrás de cámara, Luis Puenzo fue un gestor clave para el crecimiento del cine nacional. Fue uno de los principales impulsores de la Ley de Cine de 1994, normativa que permitió el fomento y la profesionalización del sector audiovisual en las décadas posteriores. Además, su compromiso institucional lo llevó a presidir el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), donde trabajó por la protección de la cuota de pantalla y el desarrollo de nuevas pantallas para la producción local.
Su partida marca el fin de una era para el cine de la memoria, dejando un vacío inmenso pero un legado de excelencia que seguirá inspirando a las futuras generaciones de cineastas argentinos.




