La alarmante acumulación de desechos en los más de 1.300 kilómetros de litoral marítimo de la provincia de Chubut encendió las luces de alerta roja en los sectores ambientalistas
Un exhaustivo relevamiento científico sacó a la luz una realidad incómoda para la economía pesquera costera: nueve de cada diez elementos contaminantes hallados en las playas de la región provienen de manera directa de la flota industrial que opera en el Atlántico Sur.
El preocupante hallazgo del Proyecto MaRes en el litoral marítimo
Tras tres intensos años de rastrillajes continuos, un equipo multidisciplinario integrado por organizaciones ambientales e investigadores pertenecientes al Conicet logró cuantificar la magnitud del daño en el ecosistema provincial. El Proyecto MaRes concentró sus labores en sectores críticos del mapa geográfico chubutense, tales como Playa Cormoranes, Isla Leones, Caleta San Roque, Playa Alta, Las Charas y Pico Sayago.
El balance de esta profunda limpieza y monitoreo arrojó un número impactante: se extrajeron más de 20 toneladas de basura plástica acumulada, lo que equivale a rellenar unos 500 bolsones industriales. En lugar de restos orgánicos o basura urbana común, el paisaje costero de estas zonas protegidas estuvo copado por una marea de cajones plásticos rotos, redes en desuso, gruesos cabos de amarre y guantes de trabajo textil o de nitrilo abandonados.
Factores detrás del descarte de materiales en alta mar
La investigación determinó que la preocupante saturación de plásticos costeros responde a un entramado complejo de causales operativas y logísticas. Por un lado, las severas condiciones climáticas y temporales del mar patagónico provocan pérdidas involuntarias de aparejos. Sin embargo, los expertos científicos también señalaron la presencia de conductas negligentes vinculadas al abandono deliberado de equipos rotos, fallas severas en la gestión portuaria y una manipulación descuidada de los elementos de carga a bordo de los buques.
De manera paralela a esta degradación ambiental en Chubut, los monitoreos de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) expusieron que esta problemática corre a la par del fenomenal crecimiento de la actividad pesquera comercial en los últimos años, la cual se expandió de forma masiva desde las 2.090 toneladas extraídas a comienzos de 2020 hasta rozar las 9.500 toneladas registradas para finales de la temporada 2023.
El factor internacional: la preocupante presión de la flota china
El complejo escenario de conservación local se conecta también con un debate geopolítico y de soberanía nacional. El Congreso de los Estados Unidos publicó recientemente un detallado informe titulado “La ofensiva pesquera global de China”, donde detalla los mecanismos de presión diplomática ejercidos por el país asiático mediante el despliegue desmedido de su flota pesquera de hasta 16.000 unidades en aguas internacionales y zonas económicas exclusivas de Sudamérica.
El documento histórico revela que el gobierno de Beijing llegó a emitir directivas estrictas para replegar transitoriamente sus naves durante eventos de visibilidad mundial, como ocurrió en la Cumbre del G20 realizada en Argentina en 2018, intentando lavar su imagen internacional. Este entramado delictivo o de descontrol náutico ya cuenta con severos antecedentes en el Mar Argentino, recordando los episodios de la Prefectura Naval Argentina efectuando disparos de advertencia contra pesqueros asiáticos en 2018 e incluso el histórico hundimiento de un buque infractor en el año 2016.
