El Gobierno impulsa una reforma de la Ley de Administración Financiera para blindar el «déficit cero».
Con el objetivo de consolidar el equilibrio fiscal y otorgar mayor margen de maniobra al Poder Ejecutivo, el Gobierno nacional prepara una profunda reforma de la Ley de Administración Financiera (Ley 24.156). La iniciativa busca centralizar el control del gasto público y blindar la meta de «déficit cero», limitando las erogaciones estatales estrictamente a los ingresos disponibles.
Más facultades para el Poder Ejecutivo
El eje central del proyecto reside en ampliar las capacidades del Ejecutivo para administrar el presupuesto nacional durante el ejercicio fiscal. La reforma apunta a dotar al Gobierno de herramientas más ágiles para ajustar partidas, postergar pagos o recortar gastos de manera directa ante fluctuaciones en los ingresos o ante la aparición de leyes que impliquen erogaciones no previstas.
Desde el oficialismo, la postura es tajante: la reforma busca asegurar un control férreo sobre los recursos para evitar que la política fiscal sea vulnerada por terceros. «La idea es apropiarnos de los recursos y que no nos puedan entorpecer la política fiscal», sintetizaron fuentes cercanas al Ejecutivo sobre esta estrategia que busca, en última instancia, reducir la dependencia de nuevas aprobaciones legislativas.
El Congreso ante una nueva limitación
Uno de los puntos más conflictivos de la propuesta es la restricción que impondría sobre la labor legislativa. La reforma establece que toda iniciativa parlamentaria que conlleve un costo fiscal deberá detallar obligatoriamente su fuente de financiamiento. Esto afectaría directamente proyectos en áreas sensibles como el financiamiento universitario, políticas de discapacidad y recomposición de partidas sociales, que a menudo son impulsados sin un respaldo presupuestario claro.
Alineación con el FMI
La iniciativa no solo responde a una agenda de gestión interna, sino que se encuentra en plena sintonía con las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). El organismo multilateral ha insistido reiteradamente en la necesidad de mantener reglas fiscales previsibles y una disciplina estricta en el gasto público argentino.
Este movimiento abre un nuevo capítulo de tensiones entre la Casa Rosada y el Congreso. La intención de avanzar hacia un esquema donde el Ejecutivo tenga mayor autonomía para modificar partidas presupuestarias sin pasar por el filtro parlamentario promete ser un eje central de debate político en las próximas semanas, profundizando la puja por el control de la caja del Estado.
