La tranquilidad de la noche raw sense se hizo añicos cerca de las 22 del viernes. Donde usualmente solo se escuchan los ladridos de los perros y alguna cumbia de fondo, esta vez el ruido fue de vidrios rotos, insultos y sirenas.
Un operativo policial de rutina por consumo de alcohol en la vía pública terminó en una emboscada violenta en pleno barrio 2 de Abril, justo frente al sector conocido popularmente como el «Rey del Queso» . El saldo no dejó lugar a eufemismos: un agente herido, un patrullero dañado y ningún detenido.
La secuencia confirmó lo que muchos vecinos denuncian hace tiempo: un cóctel de alcohol, piedras y falta de control que convierte a ciertas esquinas en tierra de nadie apenas cae el sol.
Ocho personas, un control y una reacción que se fue de las manos
Los hechos se desencadenaron con una velocidad que sorprendió incluso a los uniformados. Todo comenzó cuando efectivos de la comisaría local detectaron a un grupo de aproximadamente ocho personas bebiendo alcohol en plena calle Güemes. La instrucción era clara: identificar a los presentes y despejar la vía pública. Pero la respuesta no fue la esperada.
«Algunos se dieron a la fuga y otros reaccionaron de forma agresiva», relató con crudeza el comisario Daniel Jara, jefe de la dependencia local, al reconstruir el momento exacto en que la situación se les escapó de las manos. Lo que empezó con una botella volando directo hacia los efectivos, derivó en un forcejeo fallido: el agresor logró zafarse antes de ser reducido y la trifulca se trasladó al corazón más laberíntico del barrio.
Pasillos, oscuridad y una lluvia de proyectiles desde las sombras
El escenario se volvió hostil en cuestión de segundos. Los involucrados se replegaron hacia los angostos pasillos internos del 2 de Abril, ese dédalo de casas bajas donde la iluminación escasea y cada recoveco es una potencial trinchera. Desde allí, parapetados en la oscuridad, empezaron a llover piedras de todos los tamaños contra los uniformados, en lo que dejó de ser una resistencia para convertirse en un ataque coordinado.
Un agente recibió un impacto directo de un objeto contundente y resultó lesionado, aunque su vida no corre peligro. La postal de la agresión quedó grabada en el móvil policial: la luneta del patrullero estalló en añicos tras recibir un piedrazo certero, evidencia muda de la violencia con la que actuaron los agresores.
Sin detenidos: la bronca que quedó impune
Pese al rápido despliegue de refuerzos, cuando los patrulleros terminaron de rodear la zona los atacantes ya se habían diluido entre los pasillos y las viviendas del barrio. El parte oficial cerró con un dato que escuece en cualquier comisaría: no hubo personas detenidas en relación al hecho. La causa, caratulada como atentado y resistencia a la autoridad, quedó abierta pero sin responsables a la vista, al menos por ahora.
Lo ocurrido en el barrio 2 de Abril reaviva un debate incómodo en Rawson: el de los márgenes donde la presencia policial es apenas un suspiro y donde arrojar una botella contra un uniformado parece no tener consecuencias.
