En una economía que ensaya tímidas señales de vida, el ex ministro de Trabajo y Producción, Dante Sica, tiró un baldazo de realidad que pocos se animan a verbalizar con tanta crudeza.
El economista afirmó que la Argentina está inmersa en una transición profunda hacia un nuevo régimen económico y lanzó una frase que retumba en industrias y comercios: «Va a haber ganadores y perdedores» . La advertencia no es menor para un país donde la grieta ahora se mide en balances contables.
Sica fue tajante al explicar que la llamada «reconfiguración de la estructura productiva» no es un proceso indoloro ni parejo. Mientras algunos sectores cabalgan la ola de la estabilidad, otros se enfrentan al riesgo concreto de quedar afuera del nuevo tablero.
Los motores que empujan y los que quedan rezagados en la ruta
Para Sica, el crecimiento económico ya no está en discusión. «Nadie discute que Argentina va a crecer», aseguró en diálogo con Splendid AM 990. Sin embargo, matizó el optimismo con un dato clave: la expansión no será homogénea. Los grandes motores de este despegue se concentran en sectores estratégicos como la energía y los recursos naturales, mientras que los rubros volcados al consumo interno se preparan para remar en aguas mucho más agitadas.
«Los sectores más volcados al consumo interno van a tener un gran desafío de competencia, de innovación y de adaptación a nuevas reglas de juego», sentenció. Para las pymes textiles, los comercios de barrio y las fábricas que vivían de un mercado cuasi cerrado, el mensaje es claro: se terminó la época de la protección automática.
El peor momento ya pasó, pero la inflación no da tregua
El ex funcionario puso la lupa sobre el calendario de la crisis y se animó a marcar un punto de inflexión. «Los peores meses fueron enero y febrero. Marzo parece marcar un punto de inflexión», diagnosticó. Aunque aclaró que no se trata de una recuperación explosiva, sí destacó que comienzan a observarse mejoras en indicadores de producción y consumo.
No obstante, la sombra de la inflación sigue alargándose más de lo previsto. Sica proyectó que el índice de precios de 2026 se ubicará entre el 25% y el 28% , muy por encima de las metas oficiales presupuestadas, aunque con una tendencia descendente que, a su juicio, es lo verdaderamente relevante para consolidar la estabilidad.
Sobre la política monetaria del Banco Central, señaló que el torniquete de liquidez empieza a aflojarse: «Hoy la tasa de interés es negativa y el Banco Central está impulsando líneas de crédito para capital de trabajo. Se empezó a aflojar la liquidez y el sistema de crédito comienza a moverse». Pero advirtió que el impacto de estas medidas no es mágico, porque el shock de ajuste del año pasado todavía tarda en destrabarse en la calle.
Microempresas en la cuerda floja y el nuevo consumidor argentino
Uno de los puntos más sensibles del análisis de Sica fue el reconocimiento explícito del cierre de empresas, aunque puso el foco en el tamaño de las damnificadas. «Muchas son microempresas de menos de cinco empleados. Va a haber un proceso de reconversión importante», admitió. Pequeños talleres, comercios familiares y emprendimientos unipersonales aparecen como los eslabones más frágiles de esta transición.
A su vez, el economista invitó a cambiar la lupa con la que se mide el consumo. «Si medís solo consumo masivo en supermercados, te perdés otros consumos que están ocurriendo. Hay modificaciones en el comportamiento del consumidor», explicó, sugiriendo que parte de la economía real se está moviendo por canales que las estadísticas tradicionales no capturan del todo.
Reformas, apertura y el triángulo de hierro del programa oficial
Frente al escepticismo de quienes niegan la existencia de un rumbo económico, Sica fue categórico. «El programa tiene tres pilares claros: estabilización macroeconómica, desregulación e integración al mundo», afirmó. Y sumó un elogio concreto al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al que definió como «una herramienta clave para atraer inversiones en sectores estratégicos».
En ese marco de apertura, les habló directo a los industriales textiles y a la construcción. Para los primeros, el desafío pasa por adaptarse a un entorno con mucha más competencia. Para los segundos, la esperanza está atada al esquema de concesiones: «La construcción debería empezar a recuperarse con el esquema de concesiones», proyectó.
El cierre de su diagnóstico fue tan contundente como su advertencia inicial: Argentina crecerá, pero a distintas velocidades. En esa autopista de dos carriles, el crédito, la reforma laboral y la reforma tributaria, especialmente en lo que respecta a las provincias, serán las llaves que definan quiénes aceleran y quiénes se quedan en la banquina.
