La discusión sobre el modelo productivo de la Patagonia escaló fuerte en los últimos días y unificó la voz de las entidades rurales de toda la región. El detonante fue una nota publicada por el diario La Nación bajo el título «Patagonia Indómita», que pintó a la actividad ovina como un esquema obsoleto y en vías de extinción.
La respuesta no se hizo esperar y llegó con nombre, apellido y números concretos: Andrés Fajardo, presidente de la entidad rural comodorense, salió al cruce con una definición que retumba en la meseta. «La oveja no es el pasado, es presente y futuro» .
«La Patagonia hay que discutirla desde la Patagonia, no desde afuera», disparó Fajardo, visiblemente molesto con las visiones porteñas que, según su mirada, reducen la actividad ovina a un museo de antigüedades sin contemplar la historia, las familias y el entramado social que sostiene cada majada.
El documento conjunto que respaldan la Federación Lanera Argentina y otras entidades patagónicas fue contundente: la ganadería ovina «no es una actividad pintoresca del pasado, es una actividad productiva vigente, con más de un siglo de arraigo», que permitió poblar la meseta, generar empleo y sostener economías regionales que sin ovejas simplemente desaparecerían.
«Donde hay una majada, hay una escuela que resiste»: el impacto social que no se ve desde Buenos Aires
Fajardo fue al corazón del asunto y puso sobre la mesa lo que ninguna estadística fría puede medir. «La producción no es solamente la oveja caminando en el campo. Hay familias, hay escuelas rurales, hay comunidades enteras, hay profesionales y trabajadores», remarcó el dirigente, en una definición que pinta de cuerpo entero lo que significa la actividad para los pueblos del interior profundo.
Las federaciones coincidieron en ese diagnóstico y aportaron una frase que resume la postura del sector: «Allí donde hay una majada, hay una familia, una escuela que resiste y una comunidad que no quiere desaparecer» . Para los productores patagónicos, la oveja no es un capricho nostálgico: es la columna vertebral de un entramado social que se cae a pedazos cada vez que un campo cierra tranquera.
Chubut, el gigante ovino que lidera el ranking nacional
Fajardo también respaldó la defensa del sector con números que no admiten discusión. «Somos la provincia con mayor stock ovino del país y la principal productora de lana de la Argentina» , sostuvo con orgullo. Las federaciones aportaron cifras concretas: Chubut ronda los 3 millones de ovinos y Santa Cruz supera los 2 millones , lo que confirma que «no estamos ante una postal antigua, sino frente a una cadena productiva real y activa».
El sector reconoce dificultades —caída de rentabilidad, despoblamiento rural, abigeato, enfermedades sanitarias y el impacto de depredadores—, pero rechaza de plano la idea de desaparición. «Sabemos que el stock se ha reducido y que hay problemáticas, pero seguimos teniendo producción activa y la vamos a defender», planteó Fajardo. El documento de las federaciones va más lejos: «La desaparición de la oveja no sería un proceso natural, sino una derrota colectiva de las políticas públicas, la infraestructura y el acompañamiento al productor» .
Pumas, zorros y guanacos: la depredación que se come las ganancias
Uno de los puntos más críticos que destapó Fajardo fue el incremento descontrolado de las pérdidas en los campos por falta de manejo de fauna. «Las pérdidas por depredación han pasado del 7 al 20 por ciento. Eso se debe a que no hay control ni manejo» , advirtió el dirigente, que lamentó la ausencia total de políticas sobre fauna. «No hay manejo del puma, del zorro ni del guanaco», disparó.
Sin embargo, tanto Fajardo como las federaciones aclararon que no existe una postura antiambiental detrás de sus reclamos. «No estamos en contra de la naturaleza ni de las especies autóctonas», coincidieron. El sector buscó desarmar la falsa dicotomía entre producción y conservación. «El productor no es enemigo del medio ambiente. Es quien está todos los días cuidando su campo y sus animales» , afirmó Fajardo.
El documento conjunto remarca que «la falsa contradicción entre producción y ambiente le hace daño a la Patagonia» y plantea un camino alternativo: «El verdadero desafío es construir un modelo donde la producción, la conservación y las comunidades puedan convivir» .
«No queremos una Patagonia vacía, sin productores ni trabajo genuino»
Fajardo cerró su intervención con un pedido concreto a la política: «La política tiene que sentarse a trabajar en mesas técnicas para definir cómo seguimos con la producción» . Reclamó ciencia aplicada, infraestructura, control de predadores, financiamiento y mercados. Sin eso, advirtió, el futuro de la meseta está en juego.
«No queremos una Patagonia arrasada, pero tampoco una Patagonia vacía, sin productores ni trabajo genuino», sentenció el dirigente. El cierre del documento del sector fue una declaración de principios: «La oveja no es el pasado de la Patagonia. Es parte de su historia, de su presente y también de su futuro. La Patagonia no está vacía, y su gente merece respeto».
