El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, salió este domingo a explicar el corazón de la estrategia económica del Gobierno con una definición que mezcla ambición, crudeza y un diagnóstico de hierro sobre lo que, según su visión, frenó a la Argentina durante décadas.
«No queremos salarios de Haití, sino que queremos la productividad y los salarios de Japón y Polonia», disparó el funcionario, que puso el foco en la necesidad de destruir la «restricción externa», ese techo invisible que históricamente le impidió al país crecer sin chocar contra la falta de dólares.
Sturzenegger utilizó sus redes sociales para desplegar una batería de conceptos que apuntan al núcleo duro del programa libertario: reformas estructurales, acuerdos comerciales y una revisión profunda de los marcos regulatorios que, a su juicio, funcionan como un cepo al desarrollo productivo.
La «restricción externa», el enemigo número uno a destruir
El ministro fue al grano y explicó por qué la Argentina no logra despegar a pesar de sus recursos. «Argentina enfrentaba una pared en su capacidad exportadora que condicionaba todo: le impedía crecer y la llevaba a crisis recurrentes», escribió, definiendo a la restricción externa como una limitación estructural de factura propia, es decir, generada por las propias políticas internas y no por factores externos inevitables.
Sturzenegger remarcó que la estrategia del Gobierno apunta a modificar esa dinámica de fondo, sin atajos ni parches. «Como la restricción externa es de factura propia, apuntamos los cañones a destruirla. Es un trabajo difícil, tedioso, pero imprescindible», expresó, en una definición que suena a confesión sobre lo complejo que resulta desarmar décadas de regulaciones superpuestas.
La comparación del ministro no fue casual. Al mencionar a Haití y a Japón en la misma frase, Sturzenegger buscó graficar el abismo que separa a un país que se conforma con la pobreza estructural de otro que apostó por la productividad y el desarrollo. Polonia , elegida como ejemplo, es hoy uno de los países europeos con mayor crecimiento sostenido, salarios en alza y una economía que se transformó de raíz en las últimas dos décadas.
Las reformas que el Gobierno pone sobre la mesa para salir del pozo
Para alcanzar ese objetivo ambicioso, el ministro detalló una serie de iniciativas que el Gobierno ya está impulsando. Entre ellas mencionó la revisión de la Ley de Glaciares, la Ley de Tierras y la Ley de Cabotaje, tres marcos regulatorios que, a criterio del oficialismo, traban inversiones clave en minería, energía y transporte fluvial.
Además, Sturzenegger puso sobre la mesa el impulso de acuerdos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea como herramientas indispensables para ampliar la capacidad exportadora del país y mejorar la competitividad. El reciente entendimiento entre el Mercosur y la UE, junto con las negociaciones que el presidente Javier Milei mantuvo con el primer ministro canadiense Mark Carney, forman parte de esa hoja de ruta que busca romper el corsé de la falta de divisas.
Las declaraciones del ministro se inscriben en el enfoque oficial de promover reformas estructurales que permitan incrementar las exportaciones, fortalecer el ingreso de divisas y reducir la vulnerabilidad macroeconómica asociada a los cíclicos estallidos cambiarios. Para Sturzenegger, el camino es uno solo: desregular, abrir mercados y apostar a que la productividad argentina pueda competir de igual a igual con los países más desarrollados. La promesa es ambiciosa, pero el ministro ya puso los nombres de Japón y Polonia como faros a seguir.
