Un reciente estudio internacional en el campo de la psicología del desarrollo encendió las alarmas sobre el impacto de la «interferencia digital» en el ámbito familiar
La investigación advierte que el uso frecuente y desmedido del teléfono celular por parte de los adultos durante los momentos de crianza influye de manera directa y negativa en la seguridad emocional de niños y adolescentes, alterando la construcción de un desarrollo afectivo saludable.
El trabajo científico analizó minuciosamente comportamientos cotidianos profundamente naturalizados, como revisar las notificaciones, responder mensajes o navegar por redes sociales mientras se interactúa con los hijos. Según los especialistas, la percepción que tienen los menores sobre el nivel de atención que reciben de sus cuidadores es la piedra angular para estructurar su estabilidad emocional, un proceso que hoy se encuentra fragmentado por las pantallas.
Tecnointerferencia y el fenómeno del «Phubbing»
Para cuantificar este impacto, los investigadores aplicaron una escala de evaluación específica que midió la relación entre el uso de dispositivos por parte de los padres y la sensación de seguridad afectiva en los menores. Los resultados fueron categóricos: a mayor presencia de estas conductas en los adultos, mayor es la probabilidad de que los hijos desarrollen un apego inseguro, caracterizado por la ansiedad, la desconfianza o el aislamiento.
Los psicólogos explicaron que este tipo de dinámicas familiares derivan en dos conceptos analizados con preocupación en la actualidad:
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Tecnointerferencia: Las interrupciones constantes que sufren las interacciones humanas y las conversaciones cotidianas debido a las alertas de los dispositivos tecnológicos.
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Phubbing (o ningufoneo): El acto de ignorar deliberadamente a la persona que se tiene en frente —en este caso, a un hijo— para prestarle atención exclusiva al teléfono celular.
«Mamá, ¿queres más a tu celular o a mí?»
El informe recupera testimonios reales recogidos durante el trabajo de campo que reflejan de forma cruda el desplazamiento afectivo que experimentan las nuevas generaciones. La frase de una adolescente analizada por los investigadores, “Mamá, ¿quieres más a tu celular o a mí?”, sintetiza la profunda frustración y el vacío comunicacional cara a cara que genera el uso intensivo de pantallas en el hogar.
Ante este escenario, los profesionales de la salud mental remarcaron la necesidad urgente de que los adultos revisen y autogestionen sus propios hábitos digitales. Las pantallas no solo consumen tiempo, sino que modifican activamente el entorno emocional en el que crecen los niños, transformando la desconexión de los padres en una persistente señal de ausencia para sus hijos.
