Un operativo que debía echar luz sobre una de las tramas criminales más oscuras de la élite porteña terminó en un absoluto fiasco judicial. La reconstrucción de los hechos en la causa que investiga al financista Elías Piccirillo, acusado de plantar un arsenal de droga y un arma de fuego en el vehículo de Francisco Hauque para incriminarlo, concluyó envuelta en un escándalo mayúsculo.
Tras una extenuante y caótica jornada que se extendió por más de cinco horas en el exclusivo barrio de Puerto Madero, salieron a la luz graves anomalías técnicas, torpezas procedimentales y errores de logística que dinamitaron la validez de la prueba y forzaron un escenario de impugnaciones masivas.
El procedimiento judicial estuvo signado por la polémica desde su inicio la tarde del pasado miércoles. Las autoridades buscaban recrear con precisión milimétrica el recorrido exacto que realizó Hauque la fatídica noche del 17 de enero de 2025.
De acuerdo con la hipótesis de la fiscalía, esa noche la víctima pasó a buscar a Piccirillo por las lujosas instalaciones de la Torre SLS; el acusado se habría ubicado en el asiento trasero del Audi Q8 vistiendo un saco de confección donde ocultaba los estupefacientes y el revólver que luego depositó de forma clandestina en el habitáculo.
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La farsa procedimental desató la indignación inmediata de los peritos de parte. Al concluir las cinco horas de operativo, el abogado defensor del acusado, Gastón Francone, rompió el silencio y confirmó que presentará impugnaciones severas debido a que la fiscalía montó la escena utilizando elementos que no figuran en el expediente. «Se utilizó un pantalón con bolsillos que no estaba incorporado en la causa y que no era idéntico al que muestran las filmaciones que tenía Piccirillo puesto ese día», denunció el letrado, exponiendo la falta de rigor científico en una pericia de carácter definitivo.
Los cuestionamientos de la defensa no se detuvieron allí y desnudaron una alarmante falta de correspondencia con la evidencia real secuestrada. Francone detalló con crudeza que la morfología de los paquetes de droga utilizados para la prueba no guardaba ninguna similitud con los panes de estupefacientes reales incautados en la causa; asimismo, advirtió que el arma de fuego de utilería y la manga de buzo empleadas en la simulación presentaban características completamente diferentes a las originales. Para colmo de males, el propio Elías Piccirillo fue marginado del proceso: «No participó de manera activa porque pusieron actores que son policías, él solo pudo verla desde afuera», disparó el defensor.
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El punto más álgido del bochorno judicial ocurrió cuando la comitiva intentó ingresar al centro del conflicto. La fiscalía no pudo realizar la prueba clave dentro del Hotel SLS debido a una negligencia insólita: los funcionarios olvidaron llevar el permiso de autorización firmado por el juez de la causa, quedando varados en la entrada del complejo residencial. En paralelo, los abogados defensores denunciaron que se les prohibió el acceso visual al momento exacto de la reconstrucción dentro del Audi Q8: «No vimos cómo el actor pudo lograr meter la droga en los compartimentos, nos taparon la visual», fustigó el entorno legal de Piccirillo.
El cierre de la jornada dejó un manto de sospechas sobre la manipulación del material fílmico que servirá como prueba en el futuro juicio oral. Las actas reflejaron una desproporción temporal aberrante que expone las falencias del Ministerio Público: para recrear un recorrido en automóvil que en la vida real demanda apenas seis minutos de reloj, los peritos oficiales tardaron aproximadamente cinco horas. «Las filmaciones del operativo se editaron constantemente durante el procedimiento, deteniendo las cámaras a conveniencia», concluyó Francone, anticipando una batalla judicial feroz para anular por completo una reconstrucción que, lejos de traer certezas, sumió al caso en el fango de las irregularidades.
