Un hallazgo fortuito en el Valle del Covunco, cerca de la localidad neuquina de Mariano Moreno, despertó el entusiasmo de paleontólogos y geólogos.
Lo que en un primer momento parecía ser un huevo de dinosaurio resultó ser parte de la coraza de un gliptodonte, un gigantesco mamífero acorazado que habitó la Patagonia durante el Pleistoceno.
El descubrimiento fue realizado por Jorge Necul, un vecino de la zona que registró el momento en video mientras observaba las estructuras que sobresalían de una barranca.

“¿Qué dinosaurio es? Sacame una foto”, se lo escucha decir en la grabación casera, sin imaginar la trascendencia científica del hallazgo.
Tras la intervención de especialistas, se confirmó que las estructuras visibles correspondían a placas óseas de este gigantesco animal prehistórico, emparentado con los actuales piches y armadillos, pero de dimensiones notoriamente mayores.
Un ejemplar excepcional para la ciencia y la geología local

El geólogo Alberto Garrido, director del Museo Provincial de Ciencias Naturales Profesor Juan Olsacher de Zapala, destacó la relevancia de los restos y aseguró que podría tratarse de uno de los fósiles más completos hallados en territorio neuquino.
Inicialmente, los especialistas estimaron que los restos pertenecían a una formación geológica de unos 12 millones de años. Sin embargo, el análisis preliminar de pequeñas placas encontradas en el lugar modificó esa hipótesis, reubicando la antigüedad del fósil entre los 700 mil y un millón de años, en pleno período pleistocénico.

Además de su estado de conservación, el hallazgo sorprendió porque apareció en un depósito geológico que no figuraba en los registros previos de la zona, lo que obligará a revisar las cartografías geológicas regionales.
Garrido explicó que estos animales podían alcanzar dimensiones comparables a las de un automóvil pequeño, llegando a medir lo mismo que un Fiat 600 y superando ampliamente las dos toneladas de peso.
Operativo de extracción y la hipótesis de una nueva especie
Uno de los aspectos que más genera expectativas en la comunidad científica es la posibilidad de que los restos correspondan a una especie hasta ahora desconocida para la Paleontología.
Actualmente, el equipo del Museo Olsacher planifica el complejo rescate de la pieza, tarea que presenta desafíos logísticos debido a las condiciones climáticas de la región. Los especialistas deben construir una estructura de yeso para proteger el fósil durante su traslado al laboratorio; sin embargo, las bajas temperaturas y la humedad pueden alterar el fraguado del material.
Por este motivo, los investigadores monitorean el pronóstico meteorológico para determinar el momento preciso del operativo, mientras el descubrimiento ya es considerado uno de los más trascendentes de los últimos años en la provincia de Neuquén.