Un verdadero terremoto político e internacional sacude a la región tras la controversial incursión del mandatario argentino en territorio brasileño.
En medio de un escenario diplomático cada vez más tenso y con acusaciones cruzadas de alto voltaje, las principales figuras de la oposición salieron al cruce para condenar la actitud del jefe de Estado y advertir sobre las graves consecuencias geopolíticas de este enfrentamiento.
El expresidente Alberto Fernández arremetió con dureza contra Javier Milei por los agravios lanzados contra Luiz Inácio Lula da Silva durante su visita a San Pablo. El exmandatario cuestionó que el libertario «gritó como un energúmeno» al respaldar abiertamente la postulación política del bolsonarismo y lanzar duros ataques a la Justicia del país vecino.
Contraste histórico y condena diplomática: «No tiene perdón»
A través de una contundente publicación en su cuenta de X, Fernández marcó una clara diferencia entre su perfil diplomático y el accionar de la actual gestión. Recordó su histórico viaje a Curitiba para exigir la liberación de Lula cuando permanecía encarcelado —en causas que posteriormente fueron anuladas—, contrapuesto a la reciente travesía de Milei para respaldar a la corriente política de Jair Bolsonaro.
«Milei fue a Brasil a gritar como un energúmeno reclamando ver a un golpista preso. Yo fui a Curitiba reclamando la libertad de un inocente. Hoy Lula es presidente de Brasil y Bolsonaro está preso por promover un golpe de Estado. Insultar al presidente de un país hermano y principal socio comercial no tiene perdón», disparó Fernández.
Retiro de embajador y crisis diplomática en el Mercosur
El cruce mediático escala en paralelo a un severo conflicto institucional. Horas antes del descargo, la cancillería de Brasil tomó la determinación de llamar a consultas a su embajador en Argentina, Julio Bitelli, como respuesta directa a los insultos de Milei contra Lula y a la abierta intromisión electoral en San Pablo para apoyar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro.
La grieta bilateral alcanzó un punto crítico cuando el mandatario argentino acusó a la administración de Lula de impulsar una presunta «campaña antiargentina» tras la culminación del Mundial 2026. Esta serie de episodios diplomáticos encendió todas las alarmas en el ámbito político de ambas naciones, elevando la tensión al máximo nivel dentro del bloque del Mercosur.
