Un sacudón político y geopolítico de máxima escala sacude al gobierno tras el anuncio de las nuevas medidas para el sector naviero.
Lo que se presentó como una búsqueda de competitividad económica escaló de inmediato a una controversia internacional que enciende las alarmas de la defensa nacional, amenazando con desatar un severo choque diplomático con Washington.
Especialistas en transporte marítimo y geopolítica advirtieron que el proyecto de desregulación del cabotaje naviero impulsado por el Gobierno —y presentado por el presidente Javier Milei en la Sociedad Rural— genera graves riesgos estratégicos y facilitaría el avance de potencias extranjeras como China en la infraestructura logística del país.
Golpe a la soberanía y advertencia por la devastación del practicaje
La carpeta de reformas elaborada por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, busca liberar el transporte fluvial y marítimo interno. Sin embargo, los expertos remarcan que abrir el sector a operadores extranjeros sin reglas de reciprocidad ni controles de seguridad pone en jaque la soberanía. Asimismo, Fernando Morales, de la Liga Naval Argentina, lanzó un duro aviso sobre los cambios en el practicaje —asesoría profesional a capitanes extranjeros en nuestros ríos— sentenciando que «la ley que propone Sturzenegger sería devastadora».
El debate trasciende lo económico e impacta de lleno en la pugna global entre potencias por el control de puertos y vías navegables. La gran preocupación se centra en la presencia de la flota pesquera china cerca de la Zona Económica Exclusiva y la estrategia de Beijing para consolidar una presencia permanente en el Atlántico Sur. Como antecedente regional resalta la empresa estatal Cosco Shipping y el megapuerto de Chancay en Perú, un movimiento militar y comercial que la inteligencia norteamericana observa con extrema inquietud.
Contradicción oficial y el enérgico reclamo de las navieras argentinas
La medida expone una llamativa paradoja dentro del Poder Ejecutivo: mientras la gestión de Javier Milei afianza su alineamiento con Estados Unidos para custodiar el Atlántico Sur, la desregulación le abriría las puertas de los ríos argentinos a firmas estatales chinas sin exigir auditorías sobre el origen de los capitales.
Por su parte, desde la Federación de Empresas Navieras Argentinas (FENA) expresaron una profunda consternación ante la eventual llegada de buques extranjeros. Si bien coinciden en la urgencia de modernizar la marina mercante y bajar costos, exigieron una reforma logística integral. Reclamaron que antes de liberar el cabotaje se deben resolver las asimetrías laborales, fiscales, portuarias, registrales y burocráticas, recordando que más del 80% de los países con litoral marítimo reservan el transporte interno para sus propios pabellones por razones de seguridad nacional.
