Una sangrienta e insólita tragedia desatada en las entrañas del barrio San Cayetano sumó un capítulo judicial definitivo en los tribunales ordinarios.
Lo que comenzó como una juntada de consumo terminó en una feroz ejecución cuando uno de los presentes se ensañó con la víctima por una ridícula sospecha, desencadenando una agonía que duró semanas en el hospital local y que finalmente terminó con la vida del damnificado. La contundencia de las pruebas recolectadas por las autoridades no dejó margen de duda y el presunto asesino ya duerme tras las rejas de una celda común.
La resolución de este impactante caso penal conmociona a toda la cuenca del golfo. Quedó confirmado que se aprobó la apertura del caso y se ordenó que se efectivice la Formalizan la investigación y dictan la prisión preventiva para Leonardo Leuquen, imputado bajo cargos gravísimos que anticipan una condena de reclusión por largos años.
Sangre en el San Cayetano: Un disparo abdominal por un teléfono perdido
La hipótesis criminal reconstruida por la fiscal general Verona Dagotto y la funcionaria Leila Ritta sitúa el sangriento episodio el pasado 26 de abril de 2026, alrededor de las 17:00 horas, en el interior de una vivienda de la calle Lorenzo Rey al 1900. En ese lugar, la víctima Brian Humberto Silva, el imputado Leonardo Ezequiel Leuquen y un testigo clave compartían bebidas alcohólicas y estupefacientes cuando se desató una discusión ciega porque Leuquen no encontraba su teléfono celular.
En medio del delirio y la violencia, el acusado tomó un revólver calibre .32 que estaba sobre la mesa del comedor y, con la clara intención de darle muerte a Silva, le efectuó un disparo a quemarropa que impactó de lleno en su zona abdominal. Mientras la víctima caía herida al suelo, golpeándose la cabeza contra un mueble, Leuquen escapó cobardemente. El testigo socorrió a Silva, quien ingresó de urgencia al Hospital Regional con lesiones en órganos vitales. Pese a los esfuerzos médicos, el 7 de junio de 2026 el joven falleció debido a un paro cardiorrespiratorio derivado del balazo.
Cuatro meses tras las rejas por peligro de fuga y entorpecimiento
Durante la audiencia de control de detención en los tribunales del barrio Roca, la fiscal Dagotto fundamentó la necesidad de aplicar la prisión preventiva basándose en los altísimos riesgos procesales de fuga y entorpecimiento. Sostuvo que la pena en expectativa para el delito de «homicidio agravado por el uso de arma de fuego» arranca en un mínimo de diez años y ocho meses de prisión efectiva, un factor que induce a la evasión. Además, alertó que en libertad el sujeto podría coaccionar e influir sobre los testigos clave que presenciaron el ataque.
A su turno, la defensora pública Luciana Risso decidió no oponerse a la legalidad de la detención ni a la apertura de la investigación preparatoria, aunque dejó una advertencia técnica de cara al juicio: remarcó que el Ministerio Público Fiscal posee por ahora «indicios de autoría» y que durante la etapa de recolección de pruebas se deberá peritar exhaustivamente la relación de causalidad entre el disparo y la muerte de Silva, sucedida semanas después. Ante los riesgos expuestos, la defensa no objetó la cautelar privativa de la libertad.
Finalmente, el juez penal Ariel Tedesco validó todas las peticiones del Ministerio Público Fiscal, dando por formalmente notificado al acusado de los cargos en su contra. De esta manera, el magistrado resolvió dictar la prisión preventiva obligatoria para Leonardo Ezequiel Leuquen por el lapso de cuatro meses, tiempo en el que permanecerá tras las rejas mientras concluye la investigación penal preparatoria.
