Una verdadera bomba de neutrones estalló en el prime time de la televisión argentina, dejando un tendal de heridos políticos y un clima de extrema tensión en las principales coaliciones partidarias del país.
Con su habitual estilo frontal, combativo y sin concesiones, la fundadora de la Coalición Cívica dinamitó la aparente paz de la oposición y expuso las cloacas del poder ante millones de espectadores. Sus declaraciones no tardaron en generar réplicas sísmicas en los despachos de los principales líderes del PRO y del radicalismo, desatando una feroz interna justo en un momento de reconfiguración partidaria nacional.
La violenta arremetida mediática expuso un entramado de complicidades que salpica a las máximas figuras del arco político. Se desató un escándalo absoluto luego de que Carrió cargó contra Ritondo, Macri y el radicalismo de manera despiadada.
El exabrupto y las denuncias de Lilita en la mítica mesaza rompieron un largo silencio, vinculando de forma directa a ex socios, gobernadores y legisladores con oscuros operadores judiciales, el financiamiento espurio y las mafias que controlan el negocio de las apuestas en el territorio nacional.
«No puede explicar 180 propiedades»: La feroz acusación contra Cristian Ritondo
El momento de mayor voltaje de la noche se produjo cuando Elisa Carrió sepultó cualquier intento de acercamiento con el actual presidente del bloque de diputados del PRO, Cristian Ritondo. Rechazando de plano los rumores que vinculaban el distanciamiento a cuestiones meramente estéticas o personales, la exlegisladora fue letal frente a las cámaras: “Ritondo dice que yo no le hablo porque es desmoroncho. No, señores, yo no le hablo porque es corrupto”, disparó sin titubear.
En esa misma línea argumental, Lilita recordó una denuncia penal por presunto enriquecimiento ilícito que pesa sobre el dirigente y sentenció con dureza que el legislador “no puede explicar 180 propiedades”, ligando además su entorno íntimo con empresarios del juego y operadores de los tribunales.
La descarga no se detuvo ahí y alcanzó al propio fundador del PRO y expresidente de la Nación, Mauricio Macri. Carrió realizó un fuerte mea culpa público y reconoció de forma abierta haberse equivocado al respaldarlo políticamente en el pasado durante la conformación de la alianza Cambiemos. “Macri no puede decir que se predica con el ejemplo”, fustigó con ironía. Asimismo, la líder de la Coalición Cívica amplió su lista negra e incluyó en los cuestionamientos al actual gobernador entrerriano Rogelio Frigerio, al exjefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y al caudillo radical y exmandatario de Jujuy, Gerardo Morales, lanzando una lúgubre advertencia procesal sobre el avance de las adicciones estatales: “El juego va a dominar la Argentina”.
La purga del radicalismo y el pedido desesperado de una «mínima decencia»
Durante otro pasaje de su intervención en la mesa de Mirtha Legrand, la histórica dirigente repasó su tormentoso pasado en las filas de la Unión Cívica Radical (UCR), espacio que abandonó a principios de siglo precisamente por sus profundas discrepancias éticas. “Nadie habla de la corrupción que hubo en el radicalismo”, arremetió enfática antes de desenterrar una vieja y dramática conversación que mantuvo en el año 2001 con el expresidente de la Nación, Raúl Alfonsín. “Le dije en 2001 que no iba a ser mascarón de proa de los corruptos de ese partido”, relató para justificar su histórica ruptura y el portazo definitivo que dio hace más de dos décadas.
Para finalizar, Carrió explicó los motivos por los cuales decidió mantenerse formalmente alejada de la actividad política partidaria tradicional, aunque aclaró que bajo ningún punto de vista se correrá de la discusión de la vida pública del país. “Yo ahora estoy fuera de la política porque di la lucha, puse el cuerpo y puse a mi familia”, expresó con visible desgaste pero con la firmeza de siempre. A modo de cierre, dejó una dura y amarga reflexión sobre la decadencia estructural del escenario político actual y el rumbo de la República, concluyendo de manera tajante ante la mirada de la conductora: “Vamos a un contrato de mínima decencia. Ya no estoy pidiendo nada más que eso”.
