La inflación de junio proyecta una desaceleración por debajo del 2%.
El proceso de desinflación parece consolidarse durante junio. Diversas consultoras privadas y analistas económicos coinciden en sus proyecciones: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de este mes perforaría el piso del 2%, continuando con la tendencia a la baja observada tras el 2,1% registrado en mayo.
Factores que impulsan la baja
La moderación del índice se explica por una combinación de factores que han logrado contener la presión sobre los precios generales:
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Servicios regulados: A diferencia de meses anteriores, el impacto de los ajustes en tarifas de servicios públicos, transporte y medicina prepaga ha sido más contenido en la primera mitad de junio.
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Alimentos y bebidas: El sector muestra estabilidad, con un comportamiento moderado en las verduras, pese a que algunos segmentos como las carnes han presentado una mayor presión alcista.
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Estabilidad en combustibles: La decisión de YPF de mantener sin cambios los valores en surtidor ha sido un pilar fundamental para evitar una traslación de costos hacia el resto de la economía.
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Contexto macroeconómico: La absorción del impacto internacional y una mayor tranquilidad en el frente cambiario han ayudado a moderar las expectativas inflacionarias.
Un escenario de «dos mundos»
A pesar de las noticias positivas en las variables financieras, economistas como Fernando Marull advierten sobre una realidad económica dual. Mientras indicadores como el riesgo país, la acumulación de reservas y la estabilidad cambiaria muestran una mejora macroeconómica sólida, esta no se traduce de manera inmediata en la economía real.
Existe una notable parálisis en sectores clave como el consumo masivo, la construcción, la industria y el turismo. Esta disparidad genera una sensación social compleja: la brecha entre el alivio financiero que celebran los mercados y la dificultad cotidiana de los ciudadanos, quienes aún sienten la presión de los ingresos frente al costo de vida. En resumen, si bien la baja inflacionaria es una señal auspiciosa para el plan económico, el desafío del Gobierno se desplaza ahora hacia la reactivación del tejido productivo y la recuperación del poder adquisitivo.
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