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Una vez más, la Argentina registró la segunda inflación más alta en América latina. En abril, el dato de la inflación local -que oficialmente difundirá este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec)- rondó el 4%, según las primeras estimaciones que se manejan en el equipo económico

De este modo, la inflación en la Argentina solo quedó debajo de la de Venezuela, cuyo último registro es el 16,1% de marzo y que vive bajo un régimen de hiperinflación desde hace cuatro años. De hecho, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que este año la suba de los precios en el país que gobierna Nicolás Maduro llegará al 5500 por ciento.

Dejando al margen el excepcional caso venezolano, las cifras del costo de vida de marzo indican que el 4,3% registrado por la Argentina es superior a la suma de los incrementos del resto de los países sudamericanos, entre los cuales Paraguay tuvo deflación con un índice del -0,1 por ciento.

La Argentina, con el 4,3% estimado por el estudio Eco Go. acumuló una suba del 43% en el último año y los consultores privados proyectan que terminará entre el 45 y el 50 por ciento en diciembre próximo.

Uruguay registró un 0,5% en abril, 6,2% en los últimos 12 meses y se prevé que termine en el 7,2% a fin de año. Brasil habría registrado un 0,6% el mes pasado y el 6,2% en 12 meses según las proyecciones del Itaú Unibanco; se estima que terminará 2021 con una suba del 4,5 por ciento.

En tanto, Paraguay tuvo un resultado casi neutro, del 0,0,5% el mes pasado y acumula el 2,5% en 12 meses; se proyecta que termine en el 3,3% este año. Chile sumó 0,4% en abril y el 3,3% en 12 meses; se espera que termine en el 3,2%, según la proyección de los analistas del Latinfocus Forecast Economics, una estimación similar a la de México, que registró 0,3% el mes pasado y 6% en el último año.

Colombia aportó una suba del 0,35% el mes pasado y del 1,9% en 12 meses; se estima que terminará con una inflación del 2,8%, al igual que Bolivia, cuyo IPC terminó en el 0% en abril y en el 0,6% en los últimos 12 meses. Por su parte, Perú registró un alza del 0,05% en abril y del 2,6% en el último año; se proyecta un 2,2% para diciembre, frente al 0,9% para Ecuador, que tuvo una suba del 0,35% el mes pasado y una deflación del 1,4% el último año.

Qué pasó en la Argentina

Según el relevamiento de precios minoristas de Eco Go, “los precios aumentaron en abril un 4,3%; la inflación Core RPM se aceleró en el mes y se ubicó en 4,3%, en línea con el nivel general, impulsada por los servicios (+4,5%) mientras los bienes presentaron una suba de 4,3% explicada principalmente por alimentos y artículos de esparcimiento como libros y juguetes”.

“Los precios regulados mostraron una fuerte desaceleración respecto de la suba de marzo para ubicarse en 3,6% en abril. Esto se vio principalmente influenciado por los servicios educativos (+11%), combustibles (+4,6% promedio) y transporte público, incluyendo taxis, (+5,4%)”.

En el caso de los precios estacionales “se destacaron aumentos en indumentaria (+13,1%) y verduras (+8,2%), ya que las frutas retrocedieron -1,4%”, indicó el estudio de Marina Dal Poggetto.

Y aunque el Gobierno menciona la suba internacional en el precio de los alimentos como uno de los factores que presiona a la inflación local, la economista María Castiglioni explicó a Infobae que “si uno observa la aceleración de la inflación desde fines del año pasado, luego del freno por la pandemia, se dio en casi todos los rubros y sólo se ve frenada por algunos precios congelados o semi-congelados, como las tarifas, el programa de Precios Máximos y otras regulaciones”.

Además, precisó que “al realizar una comparación con otros países, el efecto de la suba de las materias primas prácticamente no afectó a Perú y Colombia en el precio de los alimentos, aunque sí lo hizo en México y Chile, mientras que en los otros dos países donde más sube la inflación luego de la Argentina, que son Brasil y Uruguay, esto se debe a las políticas de expansión fiscal más que a la inflación importada por las commodities”.

Al respecto, Matías Carugati, de la consultora Seido, indicó que “la suba del precio de los alimentos lógicamente impulsa los IPC hacia arriba. El asunto es que no lo hace de igual forma en todos los países, porque el peso que puede tener el precio internacional sobre el precio al consumidor depende mucho de la estructura económica de cada país”.

Además, “este impacto ocurre en contextos completamente distintos al nuestro. En la mayoría de los países, la inflación es baja o moderada, las expectativas de inflación están ancladas y los bancos centrales efectivamente actúan contra la inflación”.

“En Argentina, la explicación oficial se basa en la ‘inflación importada’, porque los precios de las materias primas subieron a niveles realmente elevados, pero nada dice de la montaña de pesos emitida durante 2020, ni del desanclaje de expectativas. Es, a mi entender, una mirada parcial y equivocada, que elije tomar un factor y esconder los otros”.

Fuente: Infobae

Argentina registraría una inflación de 47,3% en el 2021, por encima de la estimación de 46% prevista en la encuesta anterior del banco central, informó el viernes la autoridad monetaria.

Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que llevó adelante el banco central entre el 28 y el 30 de abril entre 42 participantes, la tasa de inflación de abril alcanzó 3,8%.

Con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) del país sudamericano, los especialistas consultados por el banco central dijeron que esperan una expansión de 6,4% este año, por debajo del pronóstico previo de 6,6%.

La tercera economía más grande de Latinoamérica sufre desde hace varios años una alta inflación y lleva tres años en recesión, que se profundizó en 2020 por la pandemia del covid-19.

A su vez, los participantes del REM prevén que el tipo de cambio nominal promedio en Argentina en diciembre sea de 112,64 pesos por dólar, desde los $115 por dólar estimados en la encuesta anterior. Para diciembre del 2022 prevén un cambio nominal de $159,09 por dólar.

Fuente: La República

Las compañías de alimentos comenzaron a enviar sus propuestas para el listado oficial; la idea es que el nuevo esquema para contener la inflación, y que incluirá entre 100 y 120 productos, inicie antes del 15 de mayo.

Las empresas alimenticias comenzaron a enviar el listado de productos que estarían dispuestas a incluir dentro de la nueva canasta de productos básicos que el Gobierno argentino quiere poner en marcha en las próximas semanas, y que, en principio, reemplazaría a Precios Máximos.

Según confiaron varias firmas del sector a El Cronista, su intención es apurar este proceso para que la salida de ese programa oficial se de lo más rápido posible, un reclamo que los empresarios vienen realizando desde hace ya varios meses.

De acuerdo con lo sugerido durante las dos reuniones que el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, esta canasta de productos -serían entre 100 y 120- llegaría para poner fin a Precios Máximos -que surgió por ley como una medida de emergencia en el inicio de la pandemia-, aunque desde el Gobierno insisten en que esto solo ocurrirá si las empresas «aportan todo lo que tienen que aportar» a este nuevo esquema.

Esto quiere decir, según la visión oficial, no solo que sean generosos al momento de ofrecer sus productos para la canasta -que no necesariamente deberán ser de primeras marcas-, sino que también tendrán que asegurar que se podrán encontrar en todos los canales de venta, y que habrá stock suficiente.

En caso de que estos parámetros no cumplan con las expectativas del Gobierno, se podría incluso dilatar el fin de Precios Máximos, hasta tanto no entienda que sí se respeten las pautas establecidas. De este modo serían tres los programas oficiales para contener la inflación: la nueva canasta de productos básicos, Precios Máximos y Precios Cuidados.

Precios Máximos vence el 15 de mayo próximo y, en principio, el objetivo es lanzar esta formato antes de esa fecha. Entre los mecanismos que el Gobierno pretende imponer para lograr que estos productos sean realmente comercializados en los puntos de venta a los precios acordados, aparece la exigencia de que en el frente del packaging figure su precio al consumidor.

Según las alimenticias, esto hace más compleja la adaptación de la mercadería que quedará comprendida en este programa ya que deberán rediseñarlos, algo que no solo lleva un tiempo sino que también requiere de un desembolso extra.

Una vez presentadas las diferentes propuestas por parte de las compañías, el Gobierno podrá convocarlas para analizar cada situación, y analizar si están o no de acuerdo con el listado presentado.

Fuente: El Economista

El Indec ha dado conocer los nuevos valores, calculados sobre el mes de marzo, de la Canasta Básica Total (CBT), la cual fija la línea de pobreza, y de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que estipula la línea de indigencia. La primera se sitúa en $60.874 y la segunda en $25.685, aumentando un 5% y un 4,5% respectivamente en relación al mes anterior.

Mientras tanto, el Salario Mínimo, Vital y Móvil continúa en $21.600; y la jubilación mínima que cobra la mayoría de los jubilados en $20.571; el salario de una empleada de casa particular promedia $23.000; un programa social como el Potenciar Trabajo se halla en $10.800, y la Asignación Universal por Hijo es de $4.000. Todas cifras fijadas por el Estado que están debajo de la línea de indigencia, y denotan el grado de pauperización social a que es sometida la población trabajadora.

La CBT acumuló un aumento del 13,2% en el primer trimestre de 2021, es decir que incluso sube por encima de la inflación general, lo cual demuestra que son los trabajadores los más golpeados. En marzo, los precios de los alimentos registraron avances del 4,6%, con cifras más altas en productos de consumo popular como la carne (6,8%), en los lácteos (6,8%) y en el aceite (6,4%).

Salta a la vista el fracaso rotundo que ha significado la política de control de precios llevada adelante por el gobierno. La ausencia de medidas reales ha dado lugar a la remarcación de precios por parte de las empresas y al traslado interno del precio internacional en alza de las materias primas. La única vía de combatir ello es con la apertura de los libros de la cadena de valor para evaluar los costos de producción y comercialización, y la nacionalización del comercio exterior para evitar que los precios internos se acoplen a los internacionales.

Por otro lado, el pacto no escrito que mantienen entre el gobierno de Alberto Fernández, las patronales y las burocracias sindicales para imponer techos salariales, se traduce en que los sueldos evolucionaron a un ritmo mucho más lento en relación al avance del costo de vida. Mientras que las canastas de pobreza y de indigencia tuvieron un aumento interanual del 48% y del 45%, respectivamente, el promedio salarial del sector privado (calculado por medio del índice RIPTE) experimentó un incremento de tan solo el 28,21% en un año.

La brecha entre los ingresos y la línea de pobreza se ensancha en el universo de la informalidad laboral, donde los salarios son menores y su actualización más rezagada. Para dimensionar el alcance del trabajo no registrado en el país vale tener en cuenta que según datos oficiales más de 5 millones de personas que recibieron el IFE el año pasado no cuentan con aportes en el sistema previsional, es decir que son trabajadores se encuentran precarizados o en negro. De ellos, 1.428.000.000 son jóvenes entre 18 y 24 años.

En un escenario donde cada vez más trabajadores se hunden en la pobreza, exigimos un Salario Mínimo, Vital y Móvil de $60.874. Con este planteo, el Plenario del Sindicalismo Combativo junto con el Frente de Lucha Piquetero se moviliza el próximo 27 de abril al Consejo del Salario Mínimo, unificando en las calles los reclamos del movimiento obrero ocupado y desocupado.

La Secretaria de Comercio, Paula Español, dijo que sería para controlar la inflación, en particular por los precios de los alimentos. Los contrargumentos de la agroindustria.

Un nuevo aumento de las retenciones a los productos agroindustriales “está en análisis”, dijo la secretaría de Comercio Interior, Paula Español, este viernes, en una entrevista con el programa “Habrá consecuencias” de Radio El Destape. Y argumentó que la posibilidad tiene el objetivo de controlar la inflación.

“Nos preocupa la inflación. Y las presiones en el precio de los alimentos las tiene todo el mundo. Argentina produce alimentos y los exporta. El problema es desacoplar los precios de exportación del precio interno”, afirmó la funcionaria.

Y volvió a expresar una frase que había generado mucha polémica entre los productores agropecuarios. “No me va a temblar el pulso para tomar las medidas que haga falta para cuidar los precios”.

Consideró que “las retenciones son precisamente eso, desacoplar los precios de los niveles internacionales. O un encaje, que hace que se pueda exportar, entren dólares, pero que una parte quede en el país a un precio más razonable”.

Contra argumentos de la agroindustria
Desde la agroindustria replican que de los dólares que ingresan por exportaciones de granos, un alto porcentaje no queda en manos de los productores: por los derechos de exportación y la brecha cambiaria, en el caso de la soja la captura de valor por parte del Estado es del 60% y en el caso del maíz y del trigo oscila alrededor del 45%.

Para justificar una eventual mayor presión fiscal, Español dijo que “hay 2 elementos que cuando se hizo el presupuesto no tenían esta magnitud: la segunda ola de coronavirus y la suba de los precios internacionales”. Y en relación a ese objetivo, afirmó que “la meta de inflación sigue siendo la del presupuesto”, pese a que la inflación de marzo, del 4,8%, augura complicaciones para sostener el 29% previsto como parámetro inflacionario para este año.

Precisamente, los comentarios mediáticos de Español surgieron en el contexto de lo informado este jueves por el Indec: una familia necesita $60.000 para no ser pobre. Al respecto, la funcionaria no expresó autocríticas por su gestión al respecto y responsabilizó al impacto de los precios internacionales sobre los alimentos. Dijo que “el girasol en un año subió 135% en dólares. Lo mismo pasa con la soja y el maíz. Todas esas presiones son mayores”.

En ese sentido, diversos datos de entidades de la agroindustria refutan ese criterio. Lo primero que advierten es que la soja, que tiene la mayor presión fiscal, con un 33% de retenciones, en el 90% de su volumen de producción por lo cual no tiene prácticamente impacto sobre los precios internos de los alimentos.

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires, ha demostrado que 7 de cada 100 pesos que cuesta un kilo de asado tienen que ver con el maíz para alimentar a las vacas. El trigo sólo impacta en un 12,6% en el valor del pan, especificó la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA).

Lo mismo han argumentado desde otras organizaciones de la agroindustria. La mesa de enlace, por caso, consideró que “la inflación tiene más que ver con los impuestos y las distorsiones en las cadenas de precios que con el valor internacional de los granos”.

Sin embargo, Español insistió en que “para desacoplar los precios de exportación del precio doméstico hay que tomar medidas como los cupos, las retenciones o las declaraciones juradas”.

En la fábrica de pastas que fundaron sus padres en 1970, Arturo Cabarcos se enfrenta una vez más a una crisis económica. Solo en el primer trimestre de 2021 la inflación en Argentina acumuló 13% y el de los alimentos fue uno de los rubros más afectados.

«Hemos transitado muchas crisis, con inflación y con hiperinflación. Pero la dimensión de la crisis actual solo la podremos valorar cuando haya terminado», dice Cabarcos, consciente de que «la inflación licúa los sueldos y los subsidios (ayudas sociales), y aumenta la pobreza», que alcanza a 42% de la población.

Desde hace medio siglo, cuando la fábrica de pastas La Imperial se inauguró en La Lucila, en la periferia de Buenos Aires, la inflación ha sido el demonio más recurrente de la economía argentina.

«Es difícil explicar por qué Argentina no logró vencer la inflación, sobre todo porque tuvo políticas de todo tipo: de corte más ortodoxo y de corte más heterodoxo, planes que se enfocaban más en la tasa de interés y planes que se enfocaban más en los controles de precios. Y ninguno funcionó», dice el economista Matías Rajnerman, de la firma Ecolatina.

Con un acumulado de 42,6% en los últimos doce meses, Argentina figura entre los países de más alta inflación del mundo. En América Latina solo la supera la hiperinflación de Venezuela.

– Cuentas difíciles –

Además de elaborar pastas artesanales, La Imperial ha incorporado el servicio de comidas preparadas para llevar, un sector que se vio favorecido durante el confinamiento por la pandemia del coronavirus.

Sin embargo, las cuentas son complicadas. «Es muy difícil trasladar los costos al público. Hay productos con aumentos de 100% desde noviembre, como las pechugas de pollo. El precio de los envases también aumentó mucho. Tenemos que renunciar a las ganancias y aún así cada 20 o 30 días modificamos la lista de precios», refiere Cabarcos.

Con 18 empleados formales, La Imperial tiene a favor que el local es propio y no paga alquiler. Además, se ubica en una zona de ingresos medianos y altos, donde la clientela escoge productos más baratos antes que dejar de comprar.

– Precios internacionales –

La inflación de alimentos en Argentina fue de 13,8% en el primer trimestre, a la par que aumentaron los precios internacionales de ese sector, el principal exportador del país.

Según un índice elaborado por el FMI, el precio de los alimentos se disparó 20% entre agosto y febrero, impulsado por aumentos de 45% en el costo de los aceites vegetales y de 41% en los cereales. Además, los precios de la soja y el maíz subieron 50% en el mismo período.

«Si suben los precios de los alimentos a Argentina le entran más dólares por exportaciones, lo que debería ayudar a contener la inflación. Pero a la vez sube el precio interno de los alimentos. Es una suerte de paradoja», comenta Rajnerman.

El economista Héctor Rubini destaca que en el aumento de los precios internos de los alimentos influyen también otros costos, como las subas en los combustibles y una fuerte carga de impuestos.

«Aunque nominalmente se aplican a los más ricos, los impuestos se trasladan a los precios», explica.

– El problema de la pobreza –

Para contener la inflación, el gobierno de centro-izquierda de Alberto Fernández ha acordado una serie de precios máximos y también entrega subsidios directos para la compra de alimentos a los sectores más desfavorecidos.

«La sensación es que la inflación va a seguir siendo alta. Los ajustes y controles podrán ser paliativo por unos meses, pero las tensiones inflacionarias van a continuar», señala el analista de mercados Dante Romano.

«Hay un desbalance entre ingresos y gastos del Estado, y nuevamente tenemos que lidiar con la pandemia», que ha implicado mayor emisión monetaria, dice Romano. «Por eso es tan importante un acuerdo de deuda, conseguir financiamiento en los mercados de crédito y presentar un programa económico viable», añade.

En recesión desde hace tres años y luego de renegociar el año pasado 66.000 millones dólares de deuda con bonistas, Argentina aún tiene pendiente acordar un nuevo programa crediticio con el FMI, en reemplazo del suscrito en 2018 por 57.000 millones de dólares, de los cuales recibió 44.000 millones.

«Cómo acabar con la inflación es fácil de explicar desde el punto de vista económico, pero cuando se le suma la dimensión social ya no es tan sencillo. Argentina tiene a seis de cada 10 chicos bajo el umbral de la pobreza. El desafío consiste en mantener una red de contención social y resolver a la vez los temas de la economía», refiere Romano.

Fuente: Infobae

Según un informe que analiza datos oficiales, los precios de alimentos y bebidas subieron 335,2%, frente a un promedio del IPC de 310,6%; fuerte disparidad entre regiones.

Después de las frutas, la carne fue el alimento que más aumentó, con un 389,6%. En tercer lugar se ubicó el grupo de café, té, yerba y cacao, con un 348,6%.

En tanto, si se analiza cuánto aportó cada producto a la inflación total, la carne y sus derivados fueron los que más incidieron: un 37,4%. Es decir, hicieron un aporte mayor que su peso en la canasta, que es de 33,1%. Esto obedece a que el aumento de los precios de la carne fue superior al de otros alimentos.

Un caso opuesto es el de azúcar, dulces y golosinas. Explicaron un 3,6% de la inflación de alimentos y bebidas de los últimos cuatro años, mientras que, si la suba de sus precios hubiera sido igual al resto, tendrían que haber aportado un 4%. Los aceites, grasas y manteca son los alimentos que menos aporte hicieron a la inflación, con un 2,4% (su precio subió igual que el del conjunto de alimentos y bebidas sin alcohol).

En el último año, la carne explicó un 45,7% de la inflación de alimentos, el porcentaje más alto de los últimos 4 años, muy lejos de su ponderación.

En cuanto a la evolución de la inflación de alimentos y bebidas por regiones, hubo cuatro que tuvieron una variación superior al promedio nacional, lo que se puede explicar no solo por una dinámica diferencial, sino también porque las canastas se estructuran de manera diferente. En la región noreste la inflación punta a punta de alimentos y bebidas sin alcohol fue del 369,7%, seguida de Cuyo, con el 354%; la región pampeana, con el 346,5%, y el Noroeste, con el 344,7%. Debajo del promedio nacional quedaron el Gran Buenos Aires, con el 321,8%, y la Patagonia, con el 314%.

“Debe quedar claro que no se trata de diferenciales de precios entre una región y otra, sino de diferenciales de subas de precios. Esta disparidad de evolución de precios, en la medida que no sea compensada con una evolución diferencial de salarios de igual magnitud, genera cambios de poder adquisitivo que, en algunos casos, pueden ser significativos. Concretamente la región Noreste es la región más perjudicada por la inflación de alimentos y bebidas sin alcohol”, señala el informe del Iaraf.

Analizando el rubro Carne y derivados, el alimento de mayor ponderación en la canasta de alimentos y bebidas, se aprecia que el rango entre regiones fue de 96,1 puntos porcentuales en los últimos cuatro años. Es decir que en la región Noreste (425,1%) la carne subió 96 puntos porcentuales más que en la Patagonia (329%) en igual período.

Y si se mira la diferencia en puntos porcentuales de la variación punta a punta de los últimos cuatro años, se ve también que la mayor brecha en la inflación de alimentos y bebidas se dio entre la región patagónica, que creció 21,1 puntos porcentuales menos que el promedio nacional, y la región noreste donde creció 34,5 puntos porcentuales más que el promedio nacional. Es decir que la brecha entre ambas regiones fue del orden de 55,7 puntos porcentuales.

“Esa brecha fue mucho mayor que la correspondiente a la inflación general, que fue de 29,1 puntos porcentuales. Tuvo lugar entre el Gran Buenos Aires, donde creció 11,2 puntos porcentuales menos que el promedio nacional, y la región Cuyo, donde creció 17,9 puntos porcentuales más”, agrega el trabajo.

El director del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, sostuvo que la elevada inflación en la Argentina genera preocupación y limita la recuperación del empleo.

“Claramente una economía con inflación elevada genera preocupación, ha sido elevada durante los último 4 años. Para bajarla hay que implementar políticas macroeconómicas conducentes y medidas que ayuden a la coordinación de expectativas a un nivel más bajo”, dijo Werner ante una pregunta de Infobae en una conferencia de prensa virtual que brindó desde Washington.

“Parte de las discusiones con el Banco Central y la secretaría de Hacienda giran en torno de estas medidas para avanzar en que Argentina avance a una inflación mas baja y a un sector financiero más estable, tasas más bajas y que esto permita una recuperación más dinámica del empleo”, indicó, sin mencionar medidas como las que adoptó ayer el Gobierno para que los inspectores de la AFIP controlen la suba de precios, que ya fracasaron en el pasado.

En relación con las medidas de restricción a la circulación anunciadas ayer por el gobierno, dijo que en el pronóstico del país “incorporamos que los niveles de contagio serían elevados. Hemos visto en Argentina y otros países son peores que lo esperado; veremos cómo estas medidas de distanciamiento afectan la economía, pero representan un riesgo a la baja. Hay que ser prudente y esperar, porque a la vez las economías se adaptaron mejor a la pandemia mejor que lo que creíamos”.

Sobre el cierre de la negociación con el Gobierno para lograr un nuevo acuerdo, explicó que “la negociación y el trabajo técnico han avanzado en forma muy importante y se puede cerrar en la medida que se decida ahora el momento es una decisión del gobierno argentino. Ellos decidirán cuándo es el mejor momento”

La negociación y el trabajo técnico han avanzado en forma muy importante y se puede cerrar en la medida que se decida ahora el momento es una decisión del gobierno argentino. Ellos decidirán cuándo es el mejor momento (Alejandro Werner)

En cuanto al uso de los derechos especiales de giro (DEGs) adicionales que emitirá el FMI, que le permitirán al Gobierno contar con unos USD 4300 millones este año, indicó que “van a complementar las reservas de los bancos centrales”, por lo que podrían ser utilizadas para repagar la deuda con el organismo.

El funcionario argentino-mexicano aseguró que América latina sufrió la peor caída del mundo en términos regionales en 2020, con una caída del 7% frente al -3,3% global, mientras que este año se prevé un rebote del 4,6% para la región, aunque la pobreza sumará a 20 millones de personas y el PBI per cápita previo a la pandemia recién se recuperará en 2024.

Por otra parte, dijo que la suba en la tasa de interés registrada hasta ahora en Estados Unidos por ahora no afectó la recuperación de la región, a diferencia de lo que ocurre con la segunda ola de la pandemia en términos sanitarios y socioeconómicos.

Cabe recordar que la semana pasada Werner expresó que “siempre hay al menos dos patas en cualquier reestructuración. Una es cómo se cambian los términos de los contratos de deuda, la otra es cómo se cambian las políticas para que la nueva deuda sea sostenible. Y creo que en esa segunda etapa es donde tenemos mucha incertidumbre”.

En un seminario de la calificadora Standard & Poor’s, dijo que se trabaja “para estar listos cuando el Gobierno quiera finalizarlo y acelerarlo. Creo que estamos en condiciones de hacerlo, pero es cierto que las negociaciones se han alargado más de lo que quizás pensábamos… para estar listos en la primera mitad de este año”.

Gira por Europa

En este contexto, el ministro Martín Guzmán se reunió hoy en Madrid con el Jefe de Gabinete del gobierno de España, Iván Redondo, y con su par de Asuntos Económicos y Transformación Digital, y Vicepresidenta Segunda del Gobierno español, Nadia Calviño.

Por la mañana, el titular del Palacio de Hacienda mantuvo un encuentro de más de una hora con Redondo, en el cual dialogaron sobre las negociaciones internacionales de la Argentina, las relaciones bilaterales entre ambas naciones, la situación política y social en América Latina y Europa y las cuestiones que afectan a la producción y distribución de vacunas en el mundo. Además acordaron continuar los esfuerzos conjuntos para mejorar la arquitectura financiera mundial.

“Gracias al Jefe de Gabinete de España, Iván Redondo por los apoyos. Desde nuestros lugares en América Latina y Europa, trabajando juntos y con la contribución de la nueva generación política, vamos a poder avanzar hacia un mundo con más oportunidades, equitativo y sustentable”, afirmó Guzmán tras la reunión.

Más tarde, Guzmán se reunió con su par española Nadia Calviño por más de una hora, en la cual se repasaron temas de la agenda común bilateral en relación al G20 y los procesos de negociaciones que Argentina está llevando adelante con FMI y la situación con el Club de París.

Tras el encuentro, el ministro resaltó que “la construcción de consensos entre los accionistas del FMI sobre el valor de los fundamentos del programa que estamos diseñando desde Argentina es necesaria para lograr un acuerdo”. “Con la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Nadia Calviño, avanzamos en esa dirección”, añadió.

Guzmán terminará mañana su gira europea en París, donde se reunirá con su par de Finanzas francés, Bruno Le Maire, y con el Director General del Tesoro y presidente del Club de París, Emmanuel Moulin, “con quienes dialogará sobre la renegociación de la deuda argentina”, indicó el Palacio de Hacienda.

Durante su visita a Francia, Guzmán también participará en una reunión con representantes de seis compañías de ese origen en la embajada argentina, en donde expondrá sobre los pilares para la recuperación de la economía del país, como ocurrió ayer en Roma.

“La visita del titular del Palacio de Hacienda a Francia se da en el marco de su gira por el continente europeo, donde mantuvo y desarrollará encuentros con los ministros de Economía y Finanzas de Alemania, Italia, España y Francia, para dialogar sobre la renegociación del programa argentino con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la deuda con el Club de París, entre otros puntos de interés común”, concluyó. En la capital francesa se le pedirá que haya un acuerdo con el FMI para renegociar el pasivo con el Club, que el próximo mes presenta un vencimiento de USD 2400 millones.

Fuente: Infobae

Debería aumentar un 55% para alcanzar este mes el valor de diciembre de 2015.

El Consejo del Salario Mínimo fue convocado para el próximo 27 de abril para fijar un nuevo valor al Salario Mínimo, Vital y Móvil ( SMVM), cuando enfrenta en los últimos 15 meses una pérdida de 15% del poder adquisitivo y respecto de fines de 2015 retrocedió un 36%. Y si se considera el aumento del valor de la canasta de pobreza -los que cobran el SMVM lindan en la pobreza-, el SMVM perdió más del 40%.

Veamos. Alberto Fernández asumió la presidencia con el SMVM en $ 16.875. A fin de marzo era de $ 21.600, un aumento del 28% frente a una inflación en 15 meses del 51/52%, dato que se conocerá el jueves. Representa una pérdida del 15/16%. Para mantener el valor de diciembre de 2019, en marzo el SMVM debería haber sido de unos $ 25.500.

Durante la gestión de Mauricio Macri, el salario mínimo pasó de $ 5.588 en diciembre de 2015 a los $ 16.875 en igual mes de 2019: un incremento del 202%. La inflación en esos 4 años fue del 299,2%. Esto implicó una pérdida del 24,4% del poder adquisitivo, superior a la caída del salario real del conjunto de los trabajadores.

En tan solo 5 años y 3 meses, el Salario Mínimo Vital y Móvil perdió un 36% de su poder adquisitivo. Debería haber estado en $ 33.600 en marzo pasado –o sea, en más de $ 12.000 o un 55% por encima de los $ 21.60- para igualar en términos reales el valor de fines de 2015.

Con relación a la canasta de pobreza la pérdida supera el 40%.

Por eso, para una familia tipo (matrimonio y dos hijos), el salario mínimo está a “a kilómetros” de cubrir el valor de la canasta de pobreza, incluso si ambos cónyuges trabajan. Restando los descuentos de jubilación y salud (17%), más las asignaciones por 2 hijos, el ingreso salarial total es de poco más de 26.000 pesos frente a una canasta familiar de pobreza valuada por el INDEC en 60.000. Menos de la mitad.

Si ambos cónyuges perciben el salario mínimo, el ingreso familiar rondaría los $ 44.000, casi $ 16.000 por debajo del valor de la línea de pobreza. Y por la definición legal, el salario mínimo debería superar con creces el valor de la canasta familiar de pobreza.

La ley de Contrato de Trabajo le asigna tres características al salario mínimo, vital y móvil. Es la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia por su jornada laboral. Debe asegurarle alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento, vacaciones y cobertura previsional. Y debe ajustarse periódicamente de acuerdo a las variaciones del costo de vida.

Es más que evidente, y desde hace mucho tiempo, que el salario mínimo no cumple esas funciones a pesar que incide sobre un amplio número de trabajadores no registrados o informales que toman por referencia ese parámetro. Además, impacta en convenios de trabajo con ingresos aún más bajos, como pasa entre empleados provinciales y en trabajadores formales “fuera de convenio”.

También impacta sobre más de 700.000 beneficiarios de planes sociales, que perciben la mitad del salario mínimo. Y por eso, en el Gobierno algunos funcionarios plantean eliminar esa relación entre el salario mínimo y los beneficios de los planes sociales para que no incida sobre el Presupuesto público.

Además ajusta la jubilación mínima de los que se jubilaron sin acudir a las moratorias. En esos casos debe equivaler al 82% del SMVM. Hoy el haber mínimo es de $ 20.571,44.

En tanto en Chile, el IPSA, principal indicador de la Bolsa de Comercio de Santiago, anotaba un retroceso de 0,87% a 4.907,14 puntos.

Las principales bolsas internacionales operaban estables pese a que hoy se diera a conocer que la inflación en Estados Unidos fue más alta de lo esperado en marzo y la inquietud que genera la recomendación de los funcionarios de la salud de ese país de poner pausa al uso de la vacuna de Johnson & Johnson contra el coronavirus, debido a efectos secundarios de coágulos sanguíneos.

En Wall Street el promedio industrial Dow Jones cedía 0,51% y el S&P 500 avanzaba 0,076%

El IPC de Estados Unidos subió 0,6% intermensual en marzo, por encima del 0,5% esperado por los economistas.

Sin embargo, el dato no provocó una mayor reacción en los mercados, ya que los inversionistas conideran que el avance en la inflación no es suficiente para que la Reserva Federal modifique su política de estímulos económicos.

Ello, además, a la espera de la avalancha de resultados de grandes empresas que arranca esta semana y sobre los cuales hay muchas expectativas.

En tanto en Chile, el IPSA, principal indicador de la Bolsa de Comercio de Santiago, anotaba un retroceso de 0,87% a 4.907,14 puntos.

En las caídas destacaban las acciones de Concha y Toro, Cencosud Shopping y SQM-B las que anotaban descensos de 2,23%, 2,02% y 1,94%, respectivamente.

Fuente: La Tercera