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Se anunciaron una serie de medidas para intentar calmar el descontento de los sectores vulnerables, pero hay temor de que no alcancen. Crecen las presiones del kirchnerismo y el enojo de la clase media.

TN. – En un clima de creciente conflictividad social, el Gobierno lanzó una serie de medidas para intentar contener el malestar de los sectores más vulnerables, que suele acrecentarse con la llegada de diciembre. En clave electoral, el kirchnerismo presiona para que la respuesta incluya a la clase media trabajadora, afectada por la inflación y la inseguridad.

En forma paralela, la advertencia de las organizaciones sociales es clara: los cortes y acampes van a ser moneda corriente si el Ministerio de Desarrollo no cumple con la promesa de reforzar las partidas alimentarias para los comedores comunitarios y la entrega herramientas para las cooperativas, y amplía el alcance del bono de $45.000, beneficio que ya empezó a pagarse a quienes están en estado de vulnerabilidad y no cuentan con ninguna asistencia estatal.

A esto se suma lo que por estas horas más preocupa el kirchnerismo duro y que tiene como eje a los sectores trabajadores cuyos ingresos no alcanzan a cubrir las necesidades básicas, y los jubilados que se encuentran en una situación similar.

La urgencia de pasar fin de año
Junto con la inseguridad, la inflación sin freno es uno de los temas que mayor malestar generan en la clase media y el Gobierno parece no encontrarle salida. Aun con revisiones paritarias, son pocos los gremios que lograrán ganarle a la suba de precios este año.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en septiembre, los salarios acumularon un alza del 61,2% en los primeros nueve meses del año y perdieron contra la inflación, que sumó 66,1% en el mismo período.

Más lejos aún quedo el salario mínimo, que alcanzará un aumento del 93,6%en diciembre y quedará algunos puntos por debajo de la inflación proyectada por el Gobierno por encima del 95% para este año.

Con estos datos sobre la mesa, el kirchnerismo presiona al Gobierno para que oficialice un bono tanto para estatales como para el sector privado, que permita mejorar el humor social para pasar las fiestas de Fin de Año y patear para enero las cuestiones más de fondo.

En forma paralela, en un intento por contener la inflación, el ministro de Economía, Sergio Massa, avanzó primero con la reformulación del programa Precios Cuidados, y luego con el congelamiento en el programa Precios Justos, al que en las últimas horas le sumó los combustibles, uno de los componentes con fuerte incidencia en todas las cadenas productivas que dependen del transporte.

Preocupados por el malestar en el territorio, los intendentes bonaerenses se comprometieron a controlar el cumplimiento de estos programas (tanto en precios como en abastecimiento), con todas las expectativas puestas en que den el resultado esperado de pisar la inflación.

Plan contención de los reclamos piqueteros
Pero pasar diciembre no solo es clave para la clase media trabajadora, si no también para los sectores más vulnerables. El Gobierno lanzó el pago de un bono de $45.000 en tres meses para quienes no cuentan con ninguna asistencia del Estado y tienen ingresos por debajo de la línea de indigencia, pero para las organizaciones sociales no oficialistas es insuficiente.

Pese a que en los últimos días se decidió un aumento del 40% en los montos de la Tarjeta Alimentar, que reciben titulares de la Asignación Universal por Hijo (AUH); mujeres embarazadas a partir del tercer mes de gestación; personas con discapacidad, y titulares de Pensión No Contributiva para madres de siete o más hijos e hijas, el malestar es creciente.

Unidad Piquetera se encuentra en estado de alerta y define acrecentar el plan de lucha con nuevos cortes de calles y de rutas y la amenaza latente de acampes. Quieren que el bono de $45.000 se universalice, y cuestionan la decisión de frenar el ingreso de beneficiarios a los planes sociales.

En el Gobierno miran de cerca la posibilidad de que la conflictividad social se recaliente en diciembre, pero los compromisos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) condicionan las decisiones de aumentar la asistencia

Días atrás, desde el Gobierno dejaron trascender que esperan para Noviembre una notoria desaceleración de la inflación a valores en torno al 5,5 por ciento. De oficializarse, en dos semanas, una cifra similar, el equipo económico lo festejará y lo adjudicará a las medidas que se han ido tomando desde la asunción de Sergio Massa como ministro.

La gran pregunta es -según publica Infobae– si esta mejor performance de Noviembre puede tomarse como punto de partida de una tendencia inflacionaria a la baja o es un logro temporario por una cuestión estacional.

Por lo pronto, las consultoras también anticipan un número más bajo que el de Octubre –que fue de 6,3%–, pero proyectan una cifra mayor para Diciembre debido a las Fiestas, que se mantendría durante Enero por las vacaciones. El 2022, según estiman los economistas, cerraría en 100%, tal como lo venían previendo desde los últimos meses.

Para la consultora C&T, el relevamiento de precios minoristas para GBA presentó una suba mensual de 6,2% en Noviembre, algo por debajo del 6,8% de Octubre, pero muy por encima del 2,6% de Noviembre de 2021. “De esta forma, la variación interanual trepó a 94,21%, la mayor desde Octubre de 1991″, precisa el informe. De todos modos, para diciembre esperan un alza del índice del 7 por ciento.

El mes pasado, según la economista de ese estudio María Castiglioni, el rubro de mayor incremento fue vivienda, que recogió los aumentos derivados de la quita parcial de subsidios en electricidad, gas y agua, pero también un nuevo aumento en los sueldos de los encargados de edificios. Le siguió esparcimiento, con fuerte incidencia de los rubros vinculados al turismo, que más que superaron las bajas por las ofertas en productos electrónicos. En bienes y servicios varios se destacó el alza de los cigarrillos, mientras que Indumentaria, transporte y comunicaciones, y educación crecieron en torno al 5%, en el primer caso, por las ofertas que tuvieron lugar en el arranque del mes, mientras que, en el segundo, por las subas de los combustibles y los seguros de los autos.

El rubro que impactó fuerte en la moderación de la inflación el mes pasado fue alimentos y bebidas, que crecieron 3,8% mensual, especialmente gracias a la carne, las verduras y las bebidas. En cuanto al Programa Precios Justos, arrancó hacia la segunda quincena del mes y sólo rige en las grandes cadenas, por lo que su impacto es acotado. Según el informe, esta moderación no se dio en los rubros no alcanzados por los acuerdos de precios, como las comidas listas para llevar o restaurantes. A su vez, en salud también hubo una menor suba debido a que este mes no hubo ajuste en las prepagas, a diferencia de lo que sucederá en Diciembre.

Por su parte, el economista Juan Luis Bour, de FIEL, coincidió en que en Noviembre su índice de CABA mostrará una baja, aunque suave. De 6,4% que dio en Octubre, para Noviembre se ubicaría en 6,1%. A nivel nacional, reconoció que la cifra puede ser incluso inferior al 6%. “El dato del mes pasado se debe a que no hubo tanto aumento de precios regulados, sumado a que estacionalmente es un mes bajo y que los alimentos como la carne y las verduras jugaron a favor, como así también las ofertas del CyberMonday”, aseguró Bour.

Según el relevamiento de FIEL en la Ciudad de Buenos Aires, en Noviembre los alimentos y bebidas subieron 4,5% promedio, con rubros como la carne –con una alta incidencia– que trepó apenas 3%, pollo y pescado, 1,5%, y verduras, que cayeron en torno al 10%. Las frutas subieron fuerte (13%), pero los otros ítems compensaron.

También registró esta misma tendencia la consultora LCG, que lidera Guido Lorenzo. Al cierre de la cuarta semana de Noviembre, la inflación mensual en alimentos mostraba un avance del 4,1% y, de esa manera, registraba la sexta semana consecutiva de desaceleración. En cuanto a los rubros, en esas mismas cuatro semanas las verduras apenas subieron 0,1%, en tanto que las carnes, 1,4 por ciento. Coincidió con sus colegas en que las frutas, con un aumento del 12,5%, lideraron la inflación en alimentos en Noviembre.

“Este mes hay más shock, se dan vuelta algunos rubros. Hay aumentos de peajes, de educación privada, servicios regulados y también impacta la suba de la brecha y la política fiscal, por la plata que están entregando a varios sectores. Si a eso se le suma el hecho de que al Tesoro le está costando renovar los vencimientos y que le cuesta absorber monetariamente. Para Diciembre, tenemos una proyección de 6,7% como el escenario más probable”, remarcó Bour.

Castiglioni le sumó incrementos en servicio doméstico, prepagas, luz y gas, transporte (colectivos), encargados de edificios, combustibles y alquileres, entre otros. “Sigue en alza todo, y además está el impacto de la emisión del dólar soja II, la depreciación del TC oficial a un ritmo alto y las subas de salarios, que si bien no generan de por sí más inflación, son mecanismos de transmisión”, dijo la economista.

En el Gobierno confían en que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de noviembre terminará por debajo del 6%. Las consultoras privadas prevén una desaceleración con respecto al 6,3% de octubre, aunque no todas coinciden en que el dato comenzará con 5.

Desde el Gobierno confían que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de noviembre estará por debajo del 6%. Para que eso suceda, se implementó el programa Precios Justos en productos de consumo masivo y, más recientemente, se amplió hacia los combustibles.

En este contexto, las consultoras privadas prevén una desaceleración con respecto al 6,3% de octubre, aunque no todas coinciden en que el dato comenzará con 5. En este marco, el Director del Banco Central, define su política monetaria, según publica Ámbito.

El directorio del Banco Central quiere mantener su tasa de interés sin cambios hasta diciembre, debido a que prevén que la inflación se irá reduciendo con el dato del mes de noviembre y diciembre inclusive.

Pero en diciembre, habrán muchos aumentos estacionales por lo cual, se verá cómo se da la dinámica de precios semana a semana. De confirmarse que en noviembre se reduzca la inflación, sería el menor registro desde junio cuando marcó un 5,3%.

Según consignó la agencia Bloomberg, desde el Banco Central esperan que la inflación cierre en torno al 5,5%. El último Relevamiento de Expectativas del Mercado espera una marca similar a la de octubre con un registro del 6,2%. Para los analistas privados que siguen la evolución de la inflación la hipótesis que alienta el Gobierno es factible.

Para diciembre, el escenario descendente podría modificarse, debido a que tal como señalan distintos analistas, a la inercia de los últimos meses y distintos aumentos previstos, se suman los incrementos estacionales en distintos productos y servicios. Sobre todo, los vinculados a las fiestas.

Este contexto, entonces, le pone un piso algo más elevado al IPC del último mes del año. Aunque todavía es demasiado prematuro para aventurar un número, de acuerdo al último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del BCRA, se espera una inflación de 6,4%. Esto significaría una aceleración con respecto al número esperado para noviembre.

Es algo que, aseguran analistas, suele suceder en diciembre. “Salvo en los años en los que hubo una devaluación previa durante el año, siempre en diciembre se acelera la inflación por el contexto de las fiestas”, explicó a Marín Kalos, director de EPyCA Consultores.

Y agregó: “Este año, se viene de rondar un 6% de inflación en los meses previos. Es una dinámica desconocida para Argentina. Hay una inercia mucho más alta y estamos en un régimen inflacionario con un piso mucho más alto, en torno al 6%, que obviamente no es un piso rígido y ojalá se pueda horadar. Pero estamos en un año que en promedio viene alto”.

“En diciembre hay demanda estacional por las Fiestas, que se suma a los movimientos que suele haber en torno a las cotizaciones de los dólares, que configura ofertas y demandas estacionales muy marcadas”, continuó.

Entonces, “es probable que esa zozobra, más la estacionalidad de los precios por las Fiestas, y un fin de año que se perfila muy estancado en términos de actividad económica, genere efectivamente que diciembre sea un mes donde se pueda recalentar un poco la inflación”, explicó.

Por su parte Eugenio Marí, Economista Jefe de Libertad y Progreso, ratificó que en noviembre se registró una desaceleración en el índice de inflación, en parte por una menor suba del precio de los alimentos.

“De cara a diciembre, otro factor que puede ayudar a moderar la suba del IPC es el Programa de Precios Justos, que, si bien no es una herramienta efectiva de combate contra la inflación, sí podrá tener un impacto transitorio en la medición del Índice de Precios”, sostuvo.

“Esto porque incluye más que nada a productos del rubro de Alimentos y Bebidas, que es el de mayor ponderación en el índice con 23% para la región GBA. Sin embargo, dados los niveles de inflación actuales, en principio estimamos que su efecto no será suficiente como para que se perfore el piso de 6% mensual”, señaló el economista.

Las ventas en los supermercados sufren los efectos de los altos costos de los alimentos y los recortes en los gastos que efectúa la mayoría de los consumidores, pero los propietarios ven agrandarse sus facturaciones como consecuencia de los altísimos niveles inflacionarios. Durante septiembre en Chubut lo facturado fue 7% más elevado que en el mismo mes del año pasado y confirmó una tendencia en alza que se extiende durante los últimos siete meses.

El INDEC reveló los datos de facturación que tuvieron los súper de Chubut durante septiembre y se observó una nueva suba respecto del mismo mes del año anterior. Fue del 7% interanual y dio continuidad a la tendencia alcista que se viene dando en los últimos siete meses, confirmando que los supermercadistas están incrementando sus ganancias a pesar de las dificultades de los consumidores para llegar a fin de mes.

Con una caída en las facturaciones que se produjo en marzo y que fue del 2% negativa, todo el resto del año fue mostrando el incremento en los volúmenes facturados lo que se traduce en mayores ganancias para los propietarios de los súper localizados en la provincia.

La constante suba de precios generada por la inflación, que hasta septiembre llegó al 80,1% pero que sigue en franco aumento para lo que resta del año, es una de las explicaciones principales y casi exclusivas de este proceso.

Como contrapartida las ventas de alimentos no reflejan la misma tendencia y muestran que los consumidores modifican sus compras mensuales de productos alimenticios en función de sus posibilidades económicas y las necesidades familiares.

La curva de facturación en el rubro de los alimentos, que son el principal sector de ventas en los supermercados, sigue de alguna manera a la del conjunto. Sin embargo, expresa oscilaciones vinculadas a las posibilidades de compra que tienen los consumidores, que en muchas ocasiones ajustan o modifican sus gastos como producto de lo extenso que resulta cada mes en función de los sueldos.

Ganancias empresarias extraordinarias y problemas para cubrir los gastos familiares mensuales son fenómenos complementarios de este proceso inflacionario que carcome los salarios y amenaza con llegar al 100% para finales de año.

En las primeras cuatro semanas del mes, los alimentos acumularon una suba de 3,5%. Es el dato más bajo este año.

La inflación es uno de los temas que más preocupa al Gobierno Nacional y que tiene en vilo a todo el país. Aunque noviembre parece darle un respiro al bolsillo, ua que la suba en el precio de los alimentos se desaceleró con relación a los meses previos.

El índice de alimentos y bebidas que releva la consultora LCG presentó una suba del 3,5% en las primeras cuatro semanas de noviembre, medido de “punta a punta”, publicó Ámbito.

Se trata del incremento más bajo en lo que va del año para este indicador, si se lo compara con las mismas semanas de meses anteriores.

“En la cuarta semana de noviembre el índice cerró con un aumento de precios del 1% semanal, acelerando 0,3 p.p. respecto a la semana previa. La inflación promedio mensual desaceleró por sexta semana consecutiva, ubicándose en 4%, el menor valor en cuarenta y tres semanas (finales del mes de enero)”, señalaron desde la firma.

“Esta semana el porcentaje de productos con incrementos de precios volvió a disminuir, ubicándose en un 17%. El promedio de las cuatro semanas se ubica en un 24%, lo cual significa que todos los productos de la canasta tendrían al menos un incremento de precios en algo más de un mes”, agregaron.

Tal como se desprende del estudio, en lo que va de noviembre, las frutas encabezan las subas, con un alza de 12,5%. Le sigue “azúcar, miel, dulces y cacao” y “comidas listas para llevar”, con 6,9%. Los “productos lácteos y huevos” subieron 6,3%. Las carnes, en tanto, treparon 1,4% y las verduras, 0,1%.

Crece el clima mundialista, en línea con el último dato de inflación. En Argentina, muchas miradas están puestas en el torneo deportivo, pero no se pierde de vista el constante aumento de los precios que no da respiro, aunque muestra signos de alivio. El último dato de inflación correspondiente al mes de octubre arrojó un aumento mensual de 6,3%, por debajo del rango de 6,5 a 7% que estimaban las consultoras privadas, pero apenas por encima del dato de septiembre que había marcado una desaceleración.

De esta manera, acumuló un incremento de 66,1% en los diez meses de este año y registró un aumento de 88% en términos interanuales. En línea con lo proyectado por las expectativas de mercado relevadas mensualmente por el Banco Central (REM), se espera que el 2022 cierre con una inflación del 99,6%. Desde el gobierno también se ilusionan con cerrar en dos cifras si la suba de precios se mantiene en torno al 6% en noviembre y diciembre.

La inflación en el mundo: equipos que ganan y que pierden

Bajo el escenario actual, el salto en la dinámica de precios es un problema que persiste a nivel mundial y no solo preocupa a la Argentina. Sin embargo, hay países más golpeados que otros en los que la marcha inflacionaria parece haberse acomodado a los designios de la política económica y también a cierta desaceleración de los precios internacionales a partir de junio. Las expectativas de los mercados varían en cada región.

Estados Unidos viene mostrando logros –si bien moderados– en su batalla contra la inflación de la mano de una persistente suba de las tasas de interés de referencia. Estas pasaron de 0% a comienzos de año a 3,1% en octubre, y la inflación se desaceleró en los últimos cuatro meses: pasó de 9% interanual en junio a 7,7% en octubre. Y si bien se mantiene alta respecto del objetivo del 2% anual, el gobierno se muestra optimista en que la ubicará en torno a 5% el año próximo y cumplirá la meta en 2024.

Por el contrario, la Eurozona mantiene elevados niveles de inflación y las cifras muestran un incremento cada vez mayor al ritmo de los conflictos vinculados a la guerra en Ucrania. En octubre, la inflación interanual marcó un nuevo récord trepando al 10,7%. Los aumentos de los precios de la energía y los alimentos no ceden en la región y a esto se le suma la llegada del invierno que tensará aún más los problemas de abastecimiento de combustibles presionando al alza los precios.

Polonia tiene la inflación más alta de Europa, con una tasa de 17,9% interanual en octubre, y le siguen los Países Bajos con un 14,3%, Croacia con 12,8% y Bélgica con 12,3%; entre los países que han clasificado al mundial. En tanto, Alemania, Inglaterra y Portugal registraron tasas de inflación cercanas al 10% interanual en el décimo mes del año. Por su parte, Francia, el último campeón de la copa del mundo, mantiene tasas que rondan el 6% interanual en los últimos cinco meses. La gran sorpresa de este ranking es España, donde la inflación bajó desde el pico inflacionario del 10,8% en julio a 7,3% en octubre, mostrando una desaceleración por tercer mes consecutivo.

En cuanto a los países vecinos, en octubre la inflación de Brasil computó un aumento de 6,5% respecto de igual mes del año pasado y así el clásico rival del fútbol argentino mantuvo una desaceleración marcada luego del registro del 11,9% de junio y pese al clima electoral de los últimos meses. Por su parte, Uruguay también anotó una merma en el ritmo de aumento de los precios respecto a los meses anteriores y presentó una variación del 9% interanual en octubre, y apenas un aumento de 0,21% en comparación con el mes anterior.

¿Qué pasa en Argentina?

El ítem que más preocupa en Argentina es el de los precios de alimentos y bebidas dado que tiene una incidencia mayoritaria sobre el índice general y además determina la evolución de la canasta básica total y alimentaria, que se utiliza para estimar la pobreza y la indigencia. Este ítem presentó un alza mensual de 6,2% en octubre, se ubicó debajo del promedio general y exhibió una desaceleración respecto de los dos meses anteriores. Las frutas y verduras frescas treparon en torno a 10% mensual. El ítem acumuló un aumento de 80,0% en los primeros diez meses del año.

Los rubros que tuvieron mayores aumentos de precios en octubre fueron los servicios. La comunicación registró una suba de 12,1% en octubre respecto al mes anterior, un aumento explicado principalmente por el ajuste en los servicios de telefonía e internet. También el rubro de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles presentó un incremento de 7,5% mensual, explicado por la aplicación de la segmentación tarifaria de los servicios de electricidad y gas a partir del mes pasado. En tercer y cuarto lugar se encontraron los precios de los hoteles y restaurantes, con un alza de 7,4%, y los servicios de salud y educación, ambas con un 7,1% respecto de los niveles de agosto.

Las últimas medidas para controlar la inflación

El pasado viernes el ministro de economía, Sergio Massa, presentó públicamente el programa Precios Justos ante un público plagado de empresarios del rubro supermercadista, alimentación y otros. El programa plantea un esquema de congelamiento de precios de unos 1.700 productos de consumo masivo por cuatro meses al tiempo que en el resto de los productos que fabrican las empresas que se adhirieron al programa se autorizará un aumento del 4% mensual. A cambio las empresas obtienen autorización para traer importaciones al tipo de cambio oficial. Desde el gobierno confían en que podrán consolidar el programa avanzando en un acuerdo con los eslabones de fabricación de insumos difundidos necesarios para la producción.

Es un esquema que tiene sentido en un marco de estabilización de un conjunto de variables macroeconómicas (el dólar fundamentalmente), reconocen los funcionarios del ministerio de Economía. Esto también daría la pauta de una mayor efectividad de la política, si bien es difícil augurar que la pax cambiaria se conserve en los últimos meses del año que suelen recalentar la demanda de divisas.

Luego de conocer los datos publicados de la canasta básica alimentaria por el INDEC, el segundo semestre del año preocupa por el incremento de la gente de bajos recursos siendo que está por encima del 40% entre julio y diciembre de este año.

Las cifras oficiales apuntan a que, con la suba en octubre de ambas canastas de 9% y 9,5% respectivamente – muy por arriba del 6,3% de inflación general-, en el año acumularon una suba que, otra vez, supera por lejos el 76,5% acumulado de inflación. La canasta que mide la línea de pobreza aumentó 7 puntos más que el promedio de precios mientras que la que mide la indigencia sacó una alarmante diferencia de 11 puntos, señala Infobae.

El corolario de esa estadística en inevitable: si durante el primer semestre, la medición de pobreza había mejorado y caído a 36,5% de la población, esa mejora resultó insostenible. Pero el dato más fuerte es que en el contexto de la baja de la línea de pobreza en los primeros meses del año fue la indigencia de todos modos aumentó a 8,8% de la población. Con los datos de ayer, sólo cabe esperar que ese incremento sea aún mayor.

Existe una segunda conclusión obvia a la luz de las cifras publicadas por el INDEC: ya no es suficiente que los ingresos aumenten a la par de la inflación sino que, para mejorar los indicadores sociales, deberían correr muy por encima del avance de los precios. La realidad, huelga destacar, no podría estar más lejos de ese objetivo.

El índice de salarios que también publica el organismo que conduce el economista Marco Lavagna arrojó, hasta septiembre, una variación acumulada de 61,2% que contrasta con una inflación en los primeros nueve meses de 66,1%, es decir, 5 puntos por debajo. Pero el dato realmente relevante a la hora de estimar la pobreza e indigencia es el avance de los salarios de los sectores no registrados, claramente el sector de trabajadores más vulnerable. Esa estadística marca que los ingresos informales mejoraron apenas 49,9% cuando los precios de la canasta básica total, que mide pobreza, lo hizo en 68% y 72,1% la alimentaria, que mide la indigencia. Con la actualización de las cifras de octubre, esa diferencia entre la mejora de los ingresos y la suba de los precios de ambas canastas se amplía.

“La indigencia y la pobreza suben aún si los ingresos subieran a la par de la inflación. Complicadísimo”, posteó Leopoldo Tornarolli, el especialista en desigualdad y pobreza del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas). Previsiblemente, la foto es particularmente compleja en el Conurbano bonaerense.

Si bien la información oficial de pobreza se publica con un rezago de tres meses respecto a la evolución del semestre anterior y no existen mediciones trimestrales, distintas instituciones del sector privado proyectan esa estadística en base a los propios datos mensuales del INDEC. En este sentido, una de las estimaciones más difundidas es la que elabora el Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad di Tella, a cargo del economista Martín González Rozada. De acuerdo a sus últimos datos publicados, la pobreza alcanzó al 39.4% en el tercer trimestre y crecería al 43.4% en el cuarto trimestre de 2022.

De confirmarse estas proyecciones, el dato oficial para todo el segundo semestre podría indicar que el nivel de pobreza volvió al récord de 42% registrado en plena pandemia, cuando las severas restricciones durante la cuarentena derrumbaron la actividad económica. La actividad ahora no está restringida pero el impacto de la inflación parece tener un impacto igual de demoledor: en octubre, según el nowcast de la Di Tella, casi 29 millones de personas estaban bajo la línea de pobreza.

“La proyección sugiere que alrededor del 40% de las personas viven en hogares urbanos pobres. La población urbana capturada por la Encuesta Permanente de Hogares en el semestre mayo-octubre de 2022 se estimó en alrededor de 28.9 millones de personas lo que implica que alrededor de 11.5 millones viven en hogares urbanos pobres”.

El registro de la inflación de Octubre, lo que ya proyecta Noviembre y, en especial, la trepada de precios en los rubros más sensibles -alimentos, vestimenta- desnudan al menos por un momento la falta de sintonía entre la agenda política y la realidad. El tema, sin dudas, recorre al oficialismo, tomado por sus batallas y a la espera de cada pronunciamiento de Cristina Fernández de Kirchner. Es un interrogante hasta qué punto avanzará mañana en el escenario del acto por el Día de la Militancia.

Existe una cuestión de fondo. Entre los renglones salientes de cualquier gestión económica, se anota uno básico para ser sostenible: la base política. Y eso demanda, antes que nada, compromiso del espacio gobernante y reglas de juego con la oposición. Sin ese presupuesto, todo lo demás renguea, transforma en hueco cualquier discurso del consenso. Será seguramente -según publica Infobae– un punto a atender en la puesta en escena que organiza el kirchnerismo a medio siglo del primer regreso de Perón al país.

Por lo pronto, son dos los gestos. CFK mantiene los cuidados sobre la gestión de Sergio Massa, un soporte que exhibe de manera más explícita Máximo Kirchner. Eso constituye un piso básico para el ministro. Pero a la vez, el kirchnerismo alimenta la interna, factor de incertidumbre política. Reclama al Presidente el funcionamiento de una mesa política del oficialismo para resolver lo que resta de su mandato y la estrategia electoral. Es un modo de relegar aún más a Alberto Fernández, que busca recuperar algo de oxígeno. Eso explica en parte el empantanamiento de la movida para anular las PASO.

Las preocupaciones sociales están concentradas en la economía, según todas las encuestas y el sentido común. Y el informe del INDEC sobre la inflación de octubre vuelve a proyectar números alarmantes en general y, en particular, su efecto agravante sobre los niveles de empobrecimiento.

Tuvo ya reflejo interno. Pero CFK no volvió a hablar de ese tema después de que, a fines de septiembre, reclamara medidas concretas de contención de la inflación en rubros gravitantes para la conformación de las canastas básica total y alimentaria, que determinan en las mediciones oficiales los niveles de pobreza y de indigencia. ¿Lo volverá a hacer ahora?

El IPC de Octubre estuvo algo por debajo de mediciones privadas, aunque, tal como era previsible, se mantuvo por encima de los 6 puntos porcentuales. Anotó 6,3% a nivel general, una décima más que septiembre, y redondeó 88% en la medición interanual. El desagregado por regiones expone un par de datos más inquietantes. Y eso remite a las inquietudes de CFK con traducción electoral.

En el área GBA, el nivel general es mayor: llega al 6,6%. Y el rubro de alimentos y bebidas marca 6,7. Son números más cercanos a los del relevamiento del IPC de la Ciudad de Buenos Aires, que se ubicó en el 7% y quebró la línea a la baja. Esto último y la persistencia en un piso alto son los datos más preocupantes. Potencian, además, la increíble referencia de la ministra Kelly Olmos a las prioridades entre la escalada de precios y el Mundial que ya llega.

La posición que tome CFK y, antes que nada, si la hace pública será un mensaje saliente. Los anuncios del Gobierno en materia de precios buscan un equilibrio también en la interna. De todos modos, a nadie escapa que el tema no está resuelto. En cambio, la ex presidente dedicó lo que va de la semana a reafirmar su batalla en el terreno judicial. La última señal fue dada anoche, tarde, y tensa la cuerda con la Corte Suprema.

En términos prácticos, es el punto más crítico por sus estribaciones institucionales. El kirchnerismo busca reafirmar en el Senado la maniobra realizada para quedarse con tres de los cuatro representantes de esa Cámara en el Consejo de la Magistratura. La Corte ya había negado la designación del kirchnerista Martín Doñate y avalado al opositor Luis Juez en representación de una de las minorías. Esos mandatos, en rigor, vencen esta semana y el oficialismo decidió reiterar la jugada para el nuevo período.

El tema fue incluido de manera sorpresiva en el temario del Senado para hoy, con la firma de la santiagueña Claudia Ledesma Abdala y con el sello de la ex presidente. El oficialismo intentará que sea votada su decisión, como ratificación del combate con la Corte. Y todo indica que tal designación volverá a ser judicializada. Importa, de entrada, el mensaje al máximo nivel de la Justicia y la actitud unificada del oficialismo.

En estos días previos al acto en La Plata, CFK ya había expuesto su decisión de dar batalla en este frente. En la causa Vialidad, volvió a descalificar al fiscal Diego Luciani, que defendió su alegato. Se espera ahora el pronunciamiento del Tribunal Oral Federal. “El Partido Judicial a full”, tuiteó para englobar este capítulo como parte de una operación en su contra.

También formalizó a través de sus abogados la recusación a la jueza María Eugenia Capuchetti, que tiene a su cargo el caso abierto por el ataque en Recoleta, hace dos meses y medio. “Ni sabe ni quiere investigar”, dijo de la magistrada, luego de sostener que se han cometido “irregularidades y arbitrariedades” en la instrucción de la causa. El kirchnerismo intenta vincular el atentado con Juntos por el Cambio.

CFK apunta a unir los dos temas con un mismo hilo. Dice que la Justicia no quiere investigar el ataque del que fue víctima y busca condenarla en causas como la del manejo de la obra pública. Le están dando forma como consigna. Y es base central de la movida para sostenerla como posible candidata y, antes o junto con eso, afianzarla como poder interno también en la estrategia para el 2023. Eso se verá mañana en el escenario que la tendrá como única oradora.

El director del observatorio de Economía pasó por los micrófonos de Actualidad 2.0 y anticipó que mañana darán a conocer la medición de la canasta básica alimentaria y de la canasta básica total del mes de octubre en Comodoro.

En cuanto a los precios en la región Herrera afirmó “están en un mismo estadio, hay diferencias pequeñas entre Comodoro y Caleta entre Comodoro, Trelew y Puerto Madryn pero no tantas como solía haber antes, entonces eso hace que los guarismos sean 6,6% en la Patagonia y más o menos se maneja en el mismo nivel que el 6,2% algunas veces la Patagonia estuvo por debajo y otras por arriba”.

El economista aseguró que hubo un fuerte aumento de precios en el rubro de las comunicaciones “después de los alimentos y bebidas tanto adentro del hogar como fuera del hogar las comunicaciones son un segundo rubro de mucha importancia, eso aumentó bastante”.

Aproximadamente con el 6,6% de suba de la inflación, en Comodoro una familia de cuatro integrantes para no ser pobre en octubre necesitó $150.000.

Los argentinos están acostumbrados a vivir con una inflación de dos cifras, pero saben que pagan por ello un precio muy alto: sentir que se empobrecen cada vez más y vivir sin planes a largo plazo. En octubre, los precios aumentaron un 6,3%, con respecto al mes anterior; acumulan así un 88% interanual y 76.6% desde enero. La moneda local, en tanto, se ha devaluado más de un 30%. Es un escenario donde es difícil arriesgarse a firmar un contrato de alquiler que quizás en unos meses no se puede pagar o a realizar una inversión para un negocio en medio de tanta incertidumbre. La mayoría de los trabajadores argentinos se ven obligados a vivir al día, a menudo con varios empleos distintos, mientras sus sueños se encogen.

Tres generaciones dialogan con EL PAÍS sobre las dificultades que enfrentan en un año donde la economía del país crece (6,4% interanual en agosto, el último dato oficial) y el desempleo baja (6,9%) pero pocos se benefician de esas mejoras.

Carla López quiere irse de casa de sus padres, pero no puede. No le daban los números a principios de año, con los 55.000 pesos (equivalente a 400 dólares al cambio oficial) que recibía como trabajadora de un centro de vacunación de covid-19, pero aún menos ahora, desempleada desde que el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires le informó en agosto que lo cerraba.

“Busqué, pero no encuentro nada y lo que aparece es por menos plata. Estoy estudiando abogacía y está la posibilidad de laburar como asistente, pero son laburos no remunerados o muy mal pagos”, cuenta esta joven en el parque Lezama de Buenos Aires, donde toma mate con excompañeras del centro de vacunación que están en una situación parecida a la suya. Sólo una de ellas pudo independizarse hace dos años, pero cuando la relación con su pareja terminó tuvo que volver al hogar familiar.

“Yo no pienso en el futuro porque me angustio. Creo que más que vivir, sobrevivimos”, dice López. Asegura que no recuerda haber visto a sus padres tan preocupados por el dinero como en los últimos años. “Cada vez les alcanza para menos”, lamenta y pone como ejemplo las vacaciones. Cuando era niña, se iban un mes a la costa; luego, tuvieron que recortar a 15 días. Este año sus padres están dudando si ir una semana o no ir. “Está carísimo. Por una semana piden el doble o más de lo que era mi sueldo de un mes”, lamenta.

Enrique Máiquez trabajaba en una tienda de música de la que le despidieron por la caída de ventas hace seis años. “A partir de ahí me tuve que acomodar, pero estoy cada vez peor”, afirma. Con la indemnización que recibió y unos ahorros que tenía compró una licencia de taxi y compagina ese trabajo con el de jardinero municipal. “Pensé en invertir en un kiosko pero no la vi clara porque [el expresidente Mauricio] Macri subió todas las tarifas y los costos eran muy altos”.

“Salgo de casa a las cuatro de la madrugada y regreso a las siete, ocho de la tarde. Necesito dos empleos porque con uno no me alcanza, pero para ganar lo mismo cada año necesito trabajar más horas”, explica Máiquez, padre de tres hijos y residente en Ezeiza, a 30 kilómetros de Buenos Aires.

Este trabajador sostiene que los peores momentos de su infancia los vivió durante la hiperinflación de 1989, cuando el sueldo de su padre se esfumaba nada más cobrarlo y a menudo él y sus cuatro hermanos se iban a la cama sin cenar. Como adulto, cree que esta “es la peor crisis”, más que la de 2001. “Esa crisis fue de terror, pero gracias a Dios después la economía se levantó rápido. Ahora es una agonía lenta, que te roba los sueños, te saca la esperanza… Si laburás en la calle lo que ves es cada día más y más pobreza y unos políticos que sólo piensan en llenarse el bolsillo, todos por igual, no importa si son peronistas o radicales”.