Una atmósfera de extrema hostilidad, reproches cruzados y un clima de ruptura inminente enmarcaron la última y más secreta reunión de la mesa política del oficialismo.
En un intento desesperado por contener los daños y disimular las profundas fracturas que amenazan la gobernabilidad, las máximas espadas del Poder Ejecutivo se encerraron para un debate que lejos de traer calma, encendió las alarmas. Las diferencias internas, lejos de disiparse, quedaron expuestas de la peor manera en un encuentro marcado por el secretismo absoluto y el estallido de un nuevo frente de tormenta ético.
La cumbre de emergencia se extendió por casi dos horas en los despachos presidenciales. El encuentro del órgano de conducción de La Libertad Avanza (LLA) se caracterizó por un hermetismo total y, a diferencia de citas previas, culminó de forma drástica sin la clásica foto oficial de camaradería.
Aunque el temario formal incluía el análisis minucioso sobre el estado de cada proyecto parlamentario que impulsa el oficialismo para edificar la agenda legislativa y un breve paréntesis para saludar por su cumpleaños a la senadora Patricia Bullrich, la procesión interna fue por carriles mucho más violentos.
«Es una omisión ética»: La traición patrimonial que dinamitó la mesa
La calma aparente se destruyó por completo cuando la jefa del bloque oficialista en el Senado plantó bandera y atacó de forma frontal al ministro coordinador por el escándalo de su patrimonio oculto. Bullrich, quien ya en mayo había exigido que el ex vocero presidencial expusiera públicamente sus bienes, aprovechó el cara a cara para propinarle una humillación política letal tras conocerse los detalles de su última declaración jurada. “Esto es más que un error, esto es una omisión ética. Y nuestro gobierno tiene la moral como política de Estado”, disparó la legisladora sin miramientos ante el estupor de los presentes, rematando con una frase lapidaria: “Ahora, será la Justicia la que tendrá que determinar”.
A pesar de la gravedad de la acusación, en los pasillos de LLA intentaron restarle trascendencia a la embestida para evitar una crisis de gabinete. “Patricia siempre juega al fleje”, minimizaron fuentes libertarias de alto rango, quienes deslizaron con cinismo que confían plenamente en que las sospechas de corrupción contra el jefe de ministros quedarán sepultadas y serán parte del pasado gracias a la inminente distracción social que generará el Mundial de Fútbol. La tensión fue tal que tanto Bullrich como el ministro del Interior, Diego Santilli, abandonaron el recinto de forma abrupta una hora antes de que finalizara el encuentro.
Hermetismo total en el búnker libertario y una orden directa para el Senado
El cónclave contó con la presencia de la mesa chica del poder: la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el asesor estratégico Santiago Caputo; el titular de la Cámara Baja, Martín Menem; el subsecretario de Presidencia, Eduardo Menem; el mencionado Santilli; e Ignacio Devitt, miembro clave de la Jefatura de Gabinete. El gran ausente de la jornada fue el titular de Hacienda, Luis “Toto” Caputo, quien adujo problemas estrictos de agenda para ausentarse del ojo de la tormenta.
Manuel Adorni, blanco de todas las miradas, resistió en su silla junto al núcleo duro de la mesa política hasta el cierre de la jornada. En medio del asedio de sus propios aliados, el ministro coordinador interrumpió el debate solo por un instante para comunicar una contraofensiva institucional: su firme decisión de asistir personalmente a la Cámara alta para presentar su informe de gestión.
La jugada busca blindar al oficialismo en el Congreso frente a la andanada de pedidos de interpelación de la oposición, en un escenario donde el Gobierno ya no solo debe cuidarse de los bloques externos, sino de la feroz rebelión ética que corroe sus propias filas.
